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Pobreza

    LOS cristales tintados no dejan ver con nitidez la realidad. La percepción que se desprende desde los salones vip de hoteles de cuatro y cinco estrellas embriagan los sentidos y nublan la fotografía de la realidad social de nuestro tiempo. Un tiempo donde la crisis nos ha empobrecido. Corrijo, empobrecido y llevado a cientos de miles de personas a traspasar y entrar en los umbrales de la pobreza, y con ellos de la exclusión, y donde ha enriquecido exponencialmente a unos pocos, los más ricos, que ya lo eran antes y lo son ahora más. Vemos únicamente lo que queremos y estamos dispuestos a ver, y el resto es disimulo, descaro y ausencia de realismo.

    La polémica viene por las declaraciones, decepcionantes y quizás excesivamente contextualizadas, de alguna política a propósito de limpiar las calles de mendigos y sin techo. Sean magnánimos y biempensantes y adjetivemos con un simple desafortunadas. Como si dormir a la intemperie y al raso, de tus derechos incluso fuere delito, que no lo es, ni menos alteración alguna del orden público. No es desalojar de las calles ni ahora ofrecer pisos de acogida como se dice corrigiendo y enmendando no la metedura de pata sino la frivolidad y no saber qué hacer con el problema y no querer verlo. Hacerse una foto con alguien que pide, que vive, que sufre la calle, pero que es su hogar y su techo, no da réditos, y si se hiciere, lo sería intencionadamente y en busca de algo. Y es que el barrio Salamanca no son las frías aceras y soportales que la noche cobija y sirve de abrigo en la invernía madrileña, cegada por la indiferencia y por el fracaso de no saber qué hacer muchas veces con quienes tampoco quieren que se haga nada por ellos. La red de albergues, centros, instituciones, organizaciones privadas, Cáritas como no, los miles de voluntarios, trabajadores sociales etc., que dan lo mejor de sí y hacen lo que pueden, no son visibles ni tampoco venden réditos que publicitar o visibilizar. No hay más ciego que el que ve y no quiere ver, y la cirugía sin medicina no sirve de nada.

    ¿Cuánta pobreza hay en nuestro país y en cuánto se ha visto incrementada como consecuencia de esta lacerante crisis? No nos cansamos de leer y escuchar cifras y datos. Umbrales de pobreza, incluso de pobreza infantil. Los gobiernos dicen que la combaten. Destinan recursos. Pero ¿se ataca de raíz los verdaderos problemas, causas y presupuestos de la pobreza? Somos conscientes de que la brecha y la exclusión social, las desigualdades en suma, son cada vez más manifiestas, aviesas y que están causando e infligiendo un daño tremendo en los hogares, las familias y la sociedad misma con riesgo de avocarse a una desestructuración mayor. El camino recorrido en las últimas tres décadas se ha visto superado por el embate de esta crisis.

    01 may 2015 / 00:00
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