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Redes sociales e industrias culturales

Muchos creadores no han aún percibido la importancia de la tecnología web 2.0, que usa a diario el 70 por ciento de la población

Si volvemos la vista atrás, al no tan lejano año 2000, podremos ver lo que éramos y compararnos con lo que somos, en lo que nos hemos convertido de la mano de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y su aplicación en los procesos de interacción social. Mientras los agoreros pronosticaban el fin del mundo para ese 31 de diciembre de 1999 y los ciudadanos de a pie nos preocupábamos por el temido "efecto 2000" que dejaría fritos nuestros ordenadores el mundo se preparaba para la década de la revolución social sin saberlo.

Ninguno de los dos augurios se cumplieron. La Tierra no explotó en mil pedazos y los ordenadores se encendieron con normalidad el primer día de la nueva década. Sin embargo, el mundo había entrado en el decenio de la redes sociales, en los años del cambio de modelo de comunicación donde las conversaciones pasaron de ser asimétricas -con emisores dominantes y receptores dominados- a ser, en muchos casos, simétricas -donde las personas se comunican de igual a igual- en buena medida gracias a la irrupción de las redes sociales.

 

Cuando Duncan Watts recogió, en su libro publicado en 2003 Six Degrees: The Science of a Connected Age, la vieja hipótesis formulada a principios del siglo XX por el escritor húngaro Frigyes Karinthy de que cualquiera puede estar conectado con cualquiera persona del planeta usando una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios -usando solamente seis relaciones- nada hacía presagiar que todos nosotros pudiéramos comprobarlo con un solo clic de ratón a través de las redes sociales. En ese año 2003 no existía Facebook (creada en 2006), ni Twitter (también nacida en 2006), ni siquiera Youtube (su nacimiento data del año 2005), las grandes redes dominadoras del panorama mundial de las relaciones interpersonales en estos momentos.

A día de hoy, podemos comprobar cómo, a través de un amigo, de un amigo de mi amigo, de otro amigo del amigo de mi amigo... y así hasta cinco veces, somos capaces de estirar la relación hasta encontrarnos de bruces con el mismísimo Barack Obama, con Lady Gaga o con el vecino del octavo izquierda, ese piso que creíamos desocupado y en el que, en realidad, vive un buen amigo de nuestro mejor amigo. Los seis grados de separación hacen que, como siempre nos dijeron nuestros abuelos y la vida se empeña en demostrarnos día a día, hoy más que nunca el mundo sea un pañuelo.

Las cifras hablan por sí solas. En España, según el informe IAB sobre el uso de redes sociales en España, durante el 2010 se confirma que un 70% de la población las consulta varias veces a lo largo de la jornada, una media de dos horas al día, siendo la más popular Facebook (98%), Youtube (85%), Tuenti (86%) y Twitter (78%). El sector empresarial cada vez recurre más a ellas para fidelizar a sus clientes, tener mayor presencia y acercarse a los gustos y preferencias de sus potenciales consumidores.

La voracidad con la que internet, el sector de la comunicación y las industrias culturales producen nuevos modelos de negocio hace que los diez trabajos más demandados en el año 2010 ni tan siquiera existieran en el año 2000. Las generaciones de hoy en día deben prepararse para ser capaces de trabajar con tecnologías aún no inventadas y realizar labores todavía no definidas. Este es el caso de los community managers, figura profesional reciente que se podría erigir en gestores de un modelo innovador de comunicación e incluso abrir un nuevo campo de profesionalización en el ámbito de las relaciones públicas.

 

Hay algunos sectores, como el de la comunicación cultural, que merecen una profunda reflexión. El impacto de las tecnologías web 2.0 -blogs, podcasts, wikis, etc- ha transformado nuestros hábitos así como la jerarquización e interpretación de los contenidos que visualizamos. Sin embargo, la proliferación de blogs y páginas web sobre los temas más variopintos hacen necesaria una capacidad crítica para establecer un criterio cualitativo que potencie la visibilidad y el correcto posicionamiento en los principales buscadores de las instituciones más relevantes, así como de aquellos otros usuarios que actualizan y mantienen viva su idea de cultura mediante la difusión de eventos, el asociacionismo o la recomendación.

Existe una clara proliferación de fuentes informativas: 8000 millones de páginas web, 170 millones de usuarios en Youtube, 6 millones de artículos en Wikipedia son una muestra de la dificultad que puede tener un lector para gestionar la información recibida, coherentemente. Esta ingente cantidad de contenidos provoca que determinadas entidades culturales tengan baja visibilidad en Internet, de ahí la necesidad de crear webs de un marcado carácter semántico y ofrecer sindicación de contenidos mediante RSS o servicios similares, algo que sólo utiliza el 8% del sector. La experiencia digital de muchos gestores culturales es limitada y unidireccional, mediante los medios de comunicación tradicionales y el correo electrónico. Este modelo está dejando de ser eficaz para editoriales, librerías, fundaciones...que no advierten en sus planes de promoción cultural, la implicación y necesidad de las nuevas tecnologías para comunicarse de forma colaborativa.

 

Internet es un instrumento clave para los potenciales visitantes, a la hora de planificar una visita a un museo o fundación -por ejemplo-. Que se decanten por una opción u otra depende de lo que podamos ofrecerles. La mayoría de entidades culturales dedican grandes esfuerzos económicos y humanos a las ruedas de prensa, envíos de catálogos o entrevistas sin tener en cuenta que una sala de prensa virtual con imágenes, notas de prensa o la descarga de catálogos, agilizaría la labor informativa, además de ser herramientas útiles para la investigación y generación de artículos. Sin embargo, y a modo de ejemplo, sólo un 11% publican reseñas obtenidas de los medios de comunicación y un 9% permite descargar archivos sonoros mediante podcasts.

Las industrias culturales deben subirse al carro de las redes sociales, aprovechar el momento, ofrecer contenidos, aumentar la circulación en las redes sociales de sus productos e interactuar con los usuarios de manera que su imagen, su reputación y la importancia relativa de la industria para los miembros del sector, así como para el público interesado, aumente de forma exponencial de la mano de las herramientas con las que las TIC, internet y las redes sociales proveen al sector.

26 mar 2011 / 00:26
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