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TRIBUNA LIBRE

De los señoritos de Santiago y sus carruajes

    EN SANTIAGO, como en todo el mundo, siempre hubo mucho señorito. Señorito es sinónimo de privilegio, y privilegio es algo que tienen unos pocos ciudadanos y de lo que carecen los demás. En el siglo pasado el señoritazgo atribuía muchos privilegios, y entre ellos estaba el de circular con carruajes de caballos por donde le venía en gana al señorito. Podían, los señoritos, dejar que los caballos cagaran donde les surgiera la necesidad y aparcar sus carruajes en la misma puerta de su mansión.

    Hoy este tipo de señoritos escasea, pero sigue habiendo señoritos en Santiago. Piensen, por ejemplo, en los vecinos de Sar, o en los de Pastoriza, o en los del Espíritu Santo, que gozan del privilegio de tener las plazas de aparcamiento de sus barrios reservadas en exclusiva para ellos; o en los vecinos de la rúa de San Pedro, que además de las plazas de aparcamiento reservadas tienen exclusividad para circular por su preciosa calle, y entrar y salir de la ciudad cuando les place. ¡Cosas de señoritos!

    Para atravesar la ciudad la mayoría de los vecinos tenemos que subir a la Xunta o bajar a la plaza de Galicia, pero los señoritos de la rúa de San Pedro no tienen que hacer semejante rodeo. ¿Por qué? Porque son señoritos y tienen una calle particular que no es como las demás.

    Los "no señoritos" tenemos que tragarnos los coches que proceden de los barrios residenciales. Tenemos que soportar que los señoritos de extramuros circulen por nuestras calles a la búsqueda del aparcamiento perdido, y ver cómo, cuando lo encuentran, se atornillan al suelo durante horas y horas por el simple hecho de que no tengamos plazas reservadas para nosotros, o de que no haya ORA el fin de semana, o de que sea demasiado barata para los no residentes.

    En fin, aunque con diferentes niveles, señoritos sigue habiéndolos y lo único que ha cambiado es quién determina los privilegios, quién hace señoritos hoy en día.

    Si antaño eran el rey, el clero o los nobles los que repartían canonjías y privilegios, ahora son los alcaldes los que han tomado el relevo, y por un simple puñado de votos son capaces de darle a unos ciudadanos lo que les quitan a otros.

    Todos los vecinos de Santiago deberían de tener un trato similar, y el alcalde, aunque no sea rey, debería garantizar la igualdad.

    Si yo no puedo aparcar en Sar, no quiero que los vecinos de Sar aparquen en mi calle. Si yo no puedo circular por la rúa de San Pedro, no quiero que los vecinos de allí circulen por mi calle. Es lógico que los residentes en algunas zonas tengan ciertas prerrogativas, pero racionalizar los privilegios haría más iguales a los santiagueses, haría más ciudad.

    Las diferencias que se generaron desde el Ayuntamiento, tanto en tiempos de Bugallo I como en tiempos de Martiño I (El hechizado), no contribuyeron a hacer más ciudad. Esperemos que con Bugallo II (El deseado) vuelvan las cosas a la igualdad.

    (*) El autor es notario

    15 feb 2020 / 23:11
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