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A SON DE MAR

Sogama, vertidos técnicos cero

    NO resultó fácil a Sogama en sus veinte años de vida derribar todas las falacias que sobre la planta de tratamiento de residuos sólidos de Galicia se han venido vertiendo en todo este tiempo, bien que antes más que ahora. Fruto unas veces de la desinformación, cuando no del engaño, de un mal entendido ecologismo de salón y hasta en alguna concreta ocasión proveniente de indisimulados intereses con aires de chantaje -que de todo hubo, incluido el intento de peaje informativo-.

    Frente a tirios y troyanos, lidiando a veces con la incomprensión política, otras más con la desafección de los propios, desde la desconfianza del socio capitalista algunas veces, con la soga del ahogamiento en deudas por el incumplimiento contractual de los beneficiarios y hasta haciendo frente a algún que otro desajuste interno, Sogama supo seguir adelante porque afianzó su paso en tres coordenadas capitales: La necesidad de su implantación, el convencimiento en el método elegido para el tratamiento de la basura y el afán de superación técnico y científico para optimizar aquel tratamiento. Con la apuesta firme de Fraga -que tuvo que mandar callar a algunos de sus más fieles hombres frente a la contundencia de los argumentos técnicos- y por el general buen hacer que en todo este tiempo han tenido, y mantiene hoy en día, el cuadro directivo que rigió y rige los destinos de la Sociedade Galega do Medio Ambiente y de una planta que es hoy puntera en toda Europa.

    Frente a trayectoria tan diáfana, transparente, fiscalizada y auditada, y con los resultados de eficiencia tan absolutamente extraordinarios como presenta la compañía (en este año y con diez de antelación logrará la exigencia europea del vertido técnico cero -aquellos que no son susceptibles de reciclaje ni de optimización económica y que se estiman en un 10 %-) resulta una provocación traer aquí, por el lado de las comparaciones, las otras dos experiencias que en el mismo campo de los residuos sólidos urbanos funcionan (?) en Galicia con resultados que no hacen sino alimentar la desconfianza de sus propios usuarios. Habitan, una y otras, en mundos sideralmente distintos en eficacia y calidad ambiental.

    Los lectores de este periódico tienen cumplida información de lo exitoso de unos datos con los que la compañía ha cerrado los ejercicios 2018 y de 2019, allí hasta donde estos son ya definitivos. También, de las no menos brillantes proyecciones de futuro centradas en la capacidad de recogida, respeto por el medio ambiente, optimización de resultados y nivel de concienciación pública. Poco más puede pedirse.

    Si acaso, para los más escépticos, traer a colación cuantas veces sea preciso los ridículos niveles de emisión de gases y partículas nocivos que en auditoria externa se controlan a cada segundo y que en el menos favorable de sus índices está a un ochenta por ciento de distancia de alcanzar el umbral mínimo de peligro que fija la UE. Para los más ignorantes, y que en más de una ocasión han llevado su torpeza a las aulas de más de un centro de educación, decir que las chimeneas que actúan como especiales balizas de señalización de la realidad funcional de Sogama únicamente echan vapor de agua. Aunque ésta sea, claro está, solo la anécdota.

    jsalgado@telefonica.net

    17 feb 2020 / 00:00
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