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{Esta boca es mía}

“El tono cómico de ‘El florido pensil’ ayuda a contar la posguerra quitándole un poco de hierro”

Antonio Durán ‘Morris’, actor

La comedia les es así, perdonen que les diga: ayuda a contar las cosas quitándoles un poco de hierro, que es la manera que tiene, la comedia, de ponérselo, de ponerles hierro a las cosas, paradójicamente. Supongo que es cuestión de entender el chiste. Dios mismo, de existir, sería un gagman. No sé quién lo decía. Sé lo que dice Péter Esterházy, escritor húngaro muy traducido. Lo que no recuerdo es dónde, lo dice. Dice: "Es fácil reírse de una dictadura, pero otra cosa es reír en una dictadura. En la dictadura no reía nadie". Se refiere a la húngara, pero entiendo que vale para todas, así que con la posguerra es posible que igual: era tan difícil reír en la posguerra que a lo mejor riéndola ahora compensamos y le ponemos, de paso, un poco más de hierro, y se lo ponemos quitándoselo, que es como apetece.

Ponerse serio no funciona nunca. Son las dictaduras, las que se ponen serias. Es lo que contaba Rafael Azcona que murmuraba su madre cuando en la casa se prolongaban demasiado las carcajadas. Murmuraba: "Mucho nos estamos riendo. Ya lo pagaremos". Perdona mal la risa, la autoridad. Hasta la Pantoja, entendía esto, ella seguramente sin querer (dientes, dientes), confundiendo la autoridad con el Tomate. Pero ya me estoy dispersando.

El Florido Pensil es un espectáculo teatral basado en el libro de Andrés Sopeña del mismo título y que en su versión gallega está dirigido por Fernanda Bermués y Mireia Gabilondo y protagonizado por Josito Porto, Manuel Olveira Pico, Alfonso Agra, Federico Pérez y Antonio Durán Morris, que fue quien dijo el otro día, antes del estreno en Santiago y de seguir girando por Galicia, en Radio Obradoiro, lo dijo, lo que les decía, aunque también resumió un poco la obra. Dijo, más o menos, Morris: "El Florido Pensil es el testimonio de cinco amigos que se juntan y recuerdan cómo fue su experiencia en la escuela de la posguerra, todo en un tono cómico que ayuda a quitar hierro a ciertas cosas que pasaron en aquel tiempo y a contar lo que vivieron los protagonistas en una época tan desgraciada".

es un espectáculo teatral basado en el libro de Andrés Sopeña del mismo título y que en su versión gallega está dirigido por Fernanda Bermués y Mireia Gabilondo y protagonizado por Josito Porto, Manuel Olveira , Alfonso Agra, Federico Pérez y Antonio Durán , que fue quien dijo el otro día, antes del estreno en Santiago y de seguir girando por Galicia, en Radio Obradoiro, lo dijo, lo que les decía, aunque también resumió un poco la obra. Dijo, más o menos, Morris: " es el testimonio de cinco amigos que se juntan y recuerdan cómo fue su experiencia en la escuela de la posguerra, todo en un tono cómico que ayuda a quitar hierro a ciertas cosas que pasaron en aquel tiempo y a contar lo que vivieron los protagonistas en una época tan desgraciada".

Un poco lo que decía Woody Allen por boca de Alan Alda en ‘Delitos y faltas’ ("Comedia es igual a tragedia más tiempo"), pero nada que ver con lo que no decía Woody Allen por boca de Alan Alda en Delitos y faltas ni en ninguna otra película, pero sí Marcel Pagnol, director francés, en alguna parte ("En el cine, como en el teatro, no hay más que un argumento: un hombre encuentra a una mujer. Si... en fin, es una comedia. Si no, ¡es una tragedia!"). ¿Que por qué, entonces, cito a Pagnol, si no tiene nada que ver? Por tener sexo gratuito en un artículo, naturalmente, no me están ustedes, a veces, nada atentos.

Por lo demás, lo que escribió Adolfo Bioy Casares en Descanso de caminantes, esa suerte de colección de notas luminosas y dispersas, en una entrada de 1986: "Ganas de ir a buscar a la amiga que veo en las fotografías de 1963. Conozco el número de teléfono y la dirección donde encontrarla, en 1986; pero yo quiero encontrarla en 1963", que es una explicación razonable de esa clase extraña de nostalgia que veo que despiertan los cuéntames, los pensiles, los libros de familia, y que se parece un poco a la que me despierta a mí Orzowei: uno no añora el mundo, espero, sino los doce años con que se lo comía.

05 abr 2012 / 19:07
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