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|| cousas do demo ||

La hostelería tiene que combatir al virus... y a la competencia desleal

Hay profesiones en las que es importante la vocación, sobre todo en el mundo sanitario, en la enseñanza, en las fuerzas del orden, en la abogacía, en el periodismo... y en la hostelería. Salta a la vista cuando a alguien el oficio le importa un bledo.

Pero hay labores que son complicadas. Y la de hostelero es una de ellas. En este sector los profesionales se ven como psicólogos sin consulta ni diván, se convierten en banqueros con la lista de fiados y de préstamos, son limpiadores cada vez que rompe un vaso o cae algo al suelo, simulan ser modelos con cada paseo por la sala a paso rápido sin perder la compostura, parecen salidos de un circo con los malabarismos que hacen cada vez que llevan cargada la bandeja, parecen químicos a la hora de elaborar mezclas para servir un cóctel o un combinado, ejercen de guías turísticos con muchas preguntas de los clientes foráneos, se convierten en mediadores para poner paz en las disputas entre clientes, parecen antiguos serenos porque se acuestan bien entrada la noche después de jornadas sin fin ni horario definido... Además, se especializan en decoración para pequeñas reformas, son electricistas o fontaneros con cada mínimo arreglo o técnicos en cafeteras, aire acondicionado y hasta en neveras para advertir cualquier tipo de avería. Y además tienen que saber de vinos y licores, de cafés e infusiones, de cocina y de todos sus productos, como verduras o carnes, pescados y mariscos...

Y, por si todo ello fuera poco, ahora resulta que tienen que ser unos policías serios e implacables para que ningún cliente se salte las normas sanitarias. Y aquí sí que se encuentran con un serio problema.

Cuando un hostelero se dirige a un cliente para que, por ejemplo, se ponga la mascarilla, puede encontrarse con una persona obediente que incluso se disculpa o con un espabilado que además argumente que en otro local le dejan estar sin ella. Y eso cuando no hay que insistir y decírselo tres o cuatro veces.

Es en este momento cuando la hostelería tiene que estar más unida que nunca. Se está jugando su futuro porque otro cierre para el sector supondría la bancarrota para muchos.

Los clientes despistados y educados tienen cabida en todos los locales, ya que ante una advertencia reaccionan inmediatamente. Pero aquellos que todavía se enfrentan a quien se está jugando su dinero y el futuro inmediato de su familia merecen que les expulsen, que no les sirvan así pidan los vinos y platos más caros de la carta.

Porque, como me decía el propietario del pub Momo hace bien poco, esto no es un juego. Galicia necesita contagio 0 y los bares no pueden tener entre sus clientes a cómplices de su propio cierre que juegan a la ruleta rusa con el riesgo de contagiar a camareros que en algunos casos tienen miedo a la hora de ir a trabajar por culpa de los inconscientes que amenazan su salud y su sueldo.

Pero por otro lado hay miedo a perder el cliente que ahora tanto necesitan ante la competencia desleal de quienes permiten todo en sus locales, quizá por la escasez de ingresos o por la inconsciencia, ya que esa negligencia puede suponer el cierre dentro de unos días.

Todos los hosteleros tienen que estar unidos y ser inflexibles con las normas. Y, si hay que denunciar a un compañero del gremio que los está poniendo a todos en peligro haciendo gala de una competencia desleal censurable, pues se hace.

No pueden permanecer impasibles ante quienes les ponen en peligro. Como con las fiestas en los pisos. Es incomprensible que todavía la pasada semana se detectaran en Santiago más de una treintena y en el vecino Ames siete en un fin de semana. ¿Es que nadie es capaz de parar tal barbaridad?

Parece que las multas no son suficiente elemento disuasorio para estas reuniones a deshora, pero nuestros políticos, tan dados a legislar para poner trabas a los bares, ni siquiera contemplan medidas más efectivas para acabar con esta plaga.

Es más, después de trece meses de pandemia los agentes todavía tienen dificultades para entrar en los pisos a identificar a los infractores.

Hay que adaptarse a los nuevos horarios mientras no haya otros. Y de momento todos podemos reunirnos en los establecimientos de hostelería hasta las nueve de la noche. Y a partir de esa hora toca ir para casa a ver la televisión, jugar a videojuegos, leer o dormir. Hay que cambiar el chip. Si se hace así pronto llegarán tiempos mejores.

Y si los hosteleros reman todos a una y en la misma dirección esos clientes tan espabilados pronto se darán cuenta de que no tienen cabida en ningún bar. Y a los que se dedican a esta profesión tan exigente habrá que agradecerles su lucha contra la expansión del virus.

Lo importante ahora mismo es evitar más muertos. Como dice Javier, el del Momo, esto no es un juego. Será imposible saber cuanta gente esquivó su cita con el cementerio gracias a las medidas adoptadas, pero lo que sí está claro es que los hosteleros, con el enorme esfuerzo que afrontan desde marzo de 2020, son unos héroes que sacrifican su bienestar hasta llegar a la ruina para salvar vidas.

Otra puñalada: mascarilla en la playa y el Camino

El Boletín Oficial del Estado del martes 30 de marzo publica una disposición en la que informa del uso obligatorio de la mascarilla en lugares al aire libre. El texto es el siguiente: “Artículo 6. Uso obligatorio de mascarillas. 1. Las personas de seis años en adelante quedan obligadas al uso de mascarillas en los siguientes supuestos: a) En la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público. b) En los medios de transporte aéreo, marítimo, en autobús, o por ferrocarril, así como en los transportes públicos y privados complementarios de viajeros en vehículos de hasta nueve plazas, incluido el conductor, si los ocupantes de los vehículos de turismo no conviven en el mismo domicilio. En el caso de los pasajeros de buques y embarcaciones, no será necesario el uso de mascarillas cuando se encuentren dentro de su camarote”.

Parece que ante las críticas recibidas van a estudiar una posible rectificación de esta nueva ocurrencia. Porque, de mantenerse, en las piscinas de los pueblos o en las playas habrá que utilizar las mascarillas hasta para tomar el sol o pasear por la orilla. Y eso aunque los termómetros revienten.

Y lo que es peor, para hacer el Camino de Santiago también habrá que poner mascarilla. Es quizá hoy en día una de las alternativas más seguras para hacer turismo. Al aire libre, en contacto con la naturaleza, permite guardar las distancias con otros peregrinos y existen alojamientos de todo tipo en las metas de etapa para alojarse sin necesidad de mezclarse con nadie. Pero el uso obligatorio de la mascarilla para realizar caminatas de hasta cuarenta kilómetros diarios, ¿restará peregrinos?

Los más interesados en que las normas en el Camino sean exigentes son los compostelanos, porque es el destino de todos los peregrinos. Pero hay que entender que siendo inflexibles con las distancias interpersonales se evitarán los contagios de coronavirus.

No deja de ser una incongruencia más del Gobierno de Pedro Sánchez que no tiene tanta diligencia a la hora de activar las ayudas directas para unos hosteleros al borde del precipicio –o ya en el fondo de él– pero que sí cuenta con tiempo para hacer daño una vez más a la hostelería y el turismo. Porque serán muchos los que renuncien al Camino de Santiago o a un día de playa, que va unido al consumo en hostelería, e incluso quien rechace el fin de semana en la costa ahorrando el gasto de un hotel.

Son muchos los que antes de acudir a la playa con mascarilla se lo pensarán. Porque cuando uno se acerca a un arenal es para disfrutar de una jornada placentera y no para estar incómodo. Y hay ya casos de personas que están pensando en anular sus reservas en hoteles de zonas de playa para no tener que acatar esta nueva ocurrencia llegada desde Madrid.

Una cosa sí que es cierta: en la disposición del BOE se habla de uso de las mascarillas, pero no explica como hay que utilizarlas. En ningún sitio se menciona que debe colocarse tapando la nariz y la boca. ¿Servirá ponerlas en los pies alegando desconocimiento? ¿Y en el caso de los nudistas, podrán ponerlas donde le salga de los c...?

04 abr 2021 / 01:00
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