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¿Hay vacuna para la economía real?

    asusta en lo sanitario y desata el pánico en lo económico el retrato de la tormenta perfecta de la pandemia. Alguien puede sorprenderse de que, en el peor momento de la tercera ola, el Ministerio de Sanidad sostenga que hemos pasado el pico y que la evolución de los contagios “es más lenta y estaríamos empezando a descender desde hace unos días”. Los datos alimentan el pesimismo, por supuesto: los pacientes con COVID ocupan cuatro de cada diez camas en las ucis, la incidencia acumulada se aproxima a los novecientos casos por cada cien mil habitantes, y en la última semana se notificaron más de mil trescientos fallecimientos. Y, sin embargo, la crisis sanitaria mejorará más pronto que tarde con la receta combinada de restricciones máximas y vacunación masiva. Los viales son el antídoto definitivo contra la pesadilla del virus, y es en conseguir la inmunidad de rebaño –lo repetiremos una y mil veces– donde nuestros gobernantes tienen que centrar sus esfuerzos. En este escenario, por cierto, nos parecen inadmisibles los retrasos y los recortes de dosis, que las farmacéuticas no explican convincentemente. Asunto distinto, y quizás más dramático a la larga, es el impacto del coronavirus en el tejido productivo y sus consecuencias, desastrosas, para la viabilidad de miles de empresas y de millones de empleos. Unos con mayor fortuna y eficacia que otros, tanto el Gobierno de la nación cuanto los de las autonomías parchean la desfeita con (escasísimas) ayudas directas, (inasumibles) créditos y (balsámicos) ERTE. Pero los esfuerzos son palmariamente insuficientes para regatear una recesión –otra más y van...– cuyas amenazadoras orejas vemos asomar. Las noticias que nos llegan del Fondo Monetario Internacional siguen siendo para echarse a temblar. En octubre pasado, la radiografía de sus expertos dejó a España como la peor de las grandes economías. En el informe que hizo público ayer, el FMI da alguna de cal y bastantes de arena; en lo sustancial, enfría las previsiones del Gobierno de Pedro Sánchez y anticipa un repunte menor de lo esperado, un punto holgado por debajo de los cálculos de Nadia Calviño. Avisa de que los zarpazos de la tercera ola están desangrando la economía planetaria más de lo esperado, y vincula la mejoría a medio plazo a que funcionen las vacunas. Lo malo es que los viales que inmunizarán la macroeconomía puede que no lleguen a tiempo para evitar el desplome de la economía real, la de las familias, la de los hosteleros, la de las pequeñas empresas, la del comercio. Esa es, sí, la otra pandemia, la que seguirá golpeándonos cuando desaparezca el COVID si no nos vacunamos con ayudas directas e inmediatas. Bruselas, el Gobierno central y las autonomías conocen la hoja de ruta: más gestión y menos burocracia.

    27 ene 2021 / 00:00
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