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Jácome, entre galgos y podencos

    hablan muy mal de la política como herramienta al servicio de la sociedad las dificultades de PPdeG y PSdeG para ponerse de acuerdo, para ahorrarles cuanto antes a los vecinos de Ourense el bochorno de la esperpéntica crisis en la Corporación municipal. Cada minuto que pasa con Pérez Jácome atornillado a la poltrona de alcalde, aumenta el daño a una ciudad paralizada y alimenta el descrédito de una clase política que se pierde en discusiones bizantinas sobre galgos y podencos. Las negociaciones para desalojar del poder en la tercera ciudad de Galicia a un antisistema que gobierna con el apoyo de solo dos de los veintisiete concejales, un dislate que causa vergüenza ajena, avanza a trancas y barrancas, sin ningún entusiasmo. La luz verde a la moción de censura depende de lo que decidan en los cuarteles generales de populares y socialistas, en Santiago. Hace un mes que Feijóo advirtió de que su partido no podía seguir manteniendo la confianza en Jácome –“Ourense ten alcalde, pero non ten goberno”, zanjó con gráfica exactitud– y hace diez días que dio carta blanca para que Manuel Baltar y los suyos pactasen la moción de censura que tumbe al regidor de modales populistas y verbo incendiario. Gonzalo Caballero, por su parte, navega en el mar de la tibieza. Se queja, sí, de que Jácome practica “unha política de república bananera”, le ve sin proyecto de ciudad y no descarta un pacto para desalojarle, pero tampoco oculta que prefiere que el PP ourensano le preste un edil para asumir la alcaldía en minoría. Lo dicho, donde unos ven galgos otros intuyen podencos, mientras Jácome sigue a lo suyo. El secretario general de los socialistas gallegos se atrinchera en que el PSdeG ganó las elecciones municipales en la ciudad de As Burgas, en que el regidor tiene que ser Rodríguez Villarino –en cuya relación con Baltar la química brilla por su ausencia–, y en que los populares “xeraron o problema e deben facilitar a solución”. Por su parte, Miguel Tellado, rocoso número dos del PPdeG, defiende un acuerdo que garantice estabilidad y avisa de que el alcalde que llegue deberá tener catorce votos, ni uno menos, para evitar bloqueos en la toma de decisiones y garantizar la viabilidad de proyectos que dinamicen la ciudad, y que ahora duermen el sueño de los justos, olvidados en los cajones. Unos y otros deberían entender que esta es la hora de la generosidad y de poner los intereses de los ourensanos por encima de los de cada partido. Porque mientras ellos dilucidan si son galgos o son podencos, Jácome se ríe, Ourense languidece en la parálisis y sus vecinos se cuecen a fuego lento en la olla de la indignación.

    18 oct 2020 / 00:00
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