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La gestión del agua exige ‘mojarse’

Para sobrevivir a épocas complejas como la actual, marcadas por la inflación o los conflictos bélicos, el poeta americano Henry Wadsworth Longfellow defendía en una de sus frases célebres que “lo mejor que uno puede hacer cuando está lloviendo es dejar que llueva”. Una llamada a la calma y la reflexión para manejar temporales en la economía, la política o la convivencia social que bien podría servirnos de inspiración hoy en día, si no fuera por un pequeño detalle que cada hora que pasa es más preocupante: la falta de precipitaciones y la escasa probabilidad que las haya a corto plazo de forma abundante y continuada, como advirtieron este martes desde Vilanova de Arousa el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y la conselleira de Infraestruturas, Ethel Vázquez. La “pertinaz sequía” –el pretexto al que se agarraba Franco para justificar las penurias de la posguerra– y los pantanos vuelven al noticiario, al igual que el antiguo Portomarín, anegado por el embalse de Belesar, emerge ahora de sus ruinas ante la falta de agua. Estampas propias del pasado, de las que nunca se acuerda casi nadie, como tampoco de los consejos que promueven el ahorro del líquido elemento y a los que no se hace el menor caso hasta que empieza a ser tarde . Cerrar el grifo al lavarse los dientes, regar las plantas con moderación o ducharse en lugar de bañarse –sin pasarse tampoco toda la mañana bajo la alcachofa son comportamientos que deberíamos llevar escritos en el ADN. Responsabilidad individual, como la que cabe exigir a las administraciones, que además de aplicar restricciones o prohibiciones cuando tenemos ya la lengua fuera, es imperativo que den ejemplo dedicando inversiones y mejoras en la red de abastecimiento durante los doce meses para frenar la escasez. Algo que no están haciendo, como alertan los expertos, quizás –pensarán los más desconfiados– porque dedicar recursos a tuberías o alcantarillado da menos votos que cambiar aceras o construir rotondas. Trabajar con medidas a medio y largo plazo, más allá de los períodos electorales, como concienciar a la población sobre la optimización del consumo, promover la reutilización o apostar la desalación con sistemas alimentados por energías renovables son absolutamente necesarias para poner soluciones duraderas y de fondo. A una semana de la tradicional Festa da Auga de Vilagarcía de Arousa, lo que toca es mojarse. Pero no por diversión, sino por una cuestión de superviviencia.

10 ago 2022 / 00:21
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