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Sobre las típicas mujeres progresistas

    LA REALIDAD NO ADMITE DUDAS. Yolanda Díaz dijo en una entrevista radiofónica, y está grabado, que “yo el 15 de febrero (de 2020) como la pandemia azotaba fuertemente a Italia convoqué a mi equipo porque tenía la convicción de que España es Italia y necesitábamos desplegar un montón de medidas porque veíamos lo que iba a pasar. Tanto fue así que el 4 de marzo presenté una guía enormemente polémica en el Gobierno, y también fuera se me acusó de alarmista. Esto fue en la antesala del 8M”. A partir de ahí caben todas las interpretaciones que se quieran, incluso que la propia vicepresidenta segunda sostenga ahora que “el PP está alentando una gran polémica artificial” o que desde la parte socialista del ejecutivo se opte, en boca de la ministra portavoz Isabel Rodríguez por la táctica de la tinta del calamar: “el único que falló con la pandemia fue Pablo Casado, que no tiene rastro de ser una persona de Estado y a quien le iría mucho mejor si no contradijera a la OMS en lugar de hablar mal de nuestro país”. Lo que dijo la vicepresidenta es muy grave habida cuenta, sobre todo, de las casi noventa mil personas fallecidas, según las cuentas del Ministerio de Sanidad (más de 125.000 con datos de otros organismos neutrales), y el daño que provocó en la economía de un país que se tambalea. Sus palabras necesitan una explicación aunque las demandas de los partidos opositores no tienen recorrido ante la cerrazón de una mayoría, hoy más que nunca, Frankenstein a quien le interesa explotar la debilidad del equipo de Pedro Sánchez con todo tipo de contrapartidas que suponen un coste excesivo para los ciudadanos. Cabe la posibilidad de que las opiniones de la política ferrolana, por un lado, formen parte de ese afán de notoriedad que le caracteriza en los últimos tiempos o, por otro, se engloben en su estrategia de desgaste al PSOE en su operación para consolidar un espacio ciudadano nuevo con Ada Coulau, Mónica Oltra o Mónica García, alejado de los partidos incluido Unidas Podemos que la aupó a la actual situación de privilegio. Trascendió ya que en el sector socialista del ejecutivo, y en el propio partido, se consideran “desafortunadas” o “un error” las palabras y algunas fuentes hablan directamente de que “Yolanda está saliendo demasiado pronto y se puede quemar por el camino. Basar tu éxito y tu diferencia en esto [la gestión de la pandemia] es una torpeza enorme”. Pensaba Sánchez que con la marcha de Pablo Iglesias se había librado de un incordio pero se topó con una política dispuesta a todo una vez comprobado que las encuestas la sitúan entre las ministras más y mejor valoradas. Por eso, hasta se permite posar para la portada de una revista femenina afirmando que “no soy la típica mujer progresista”, y tiene razón: la sesión de fotos demuestra que está dispuesta a pescar en el caladero de votos socialista. Cueste lo que cueste, incluso traicionando sus convicciones.

    04 dic 2021 / 01:00
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