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Acorralado

    DESESPERADO, humillado o con ese sentimiento desde el conocimiento de la derrota y el retroceso en todas las líneas, publicitados los crímenes contra la humanidad y ejecuciones que salen a la luz y perdido ya el miedo a una superioridad que salvo en lo nuclear se ha visto que era todo mentira, Putin está acorralado ante sus propias posiciones y decisiones. Ha medido mal. Demasiado mal en su afrenta que ya había empezado en Crimea en 2014, y antes en Nagorno Karabaj.

    Hoy los rusos también salen a las calles a protestar. No, no han salido los miles de rusos a las calles a protestar contra la guerra de agresión a Ucrania, sino a protestar frente a ese llamamiento masivo de 300.000 rusos que pretende el dirigente ruso movilizar para la trituradora de la guerra. ¿Cuántos miles de soldados rusos ya han muerto? ¿Cuántos miles de ucranianos militares pero también civiles han corrido la misma suerte? Solo le queda el órdago que todos sabían que tarde o temprano emplearía si la cosa iba mal. Y a buena fe que va mal. Subestimar a Ucrania fue el primer error, pequeño pero abismal a la vez porque esta guerra ha sido el pegamento sentimental que ha unido a un pueblo entero víctima de una agresión cruel. Pero subestimar a Estados Unidos y la Unión Europea y países escandinavos ha sido el mayor error. Peor que el estratega general invierno por mucho que se pase frío o suban los precios y la inflación. Es una guerra totalmente abierta donde además de devastar y emplear una política de tierra quemada y destrucción sin igual, nada puede volver al status anterior. Sentirse derrotado como en Afganistán fue el principio de una descomposición del polvorín arcaico y artificial en todos los sentidos que fue la URSS. Luego entre perestroikas, glasnots y las ambiciones nacionales de algunos dirigentes, sobre todo Bielorrusia, Ucrania y Rusia dieron el golpe definitivo toda vez que las tres bálticas ya se independizaban sí o sí. Putin empieza a tener contestación en la calle. E irá, pese a detenciones y represión, mordazas informativas y piedras en el siempre empedrado camino de la libertad de expresión y prensa en países sin democracia, creciendo. La aventura sangrienta de Ucrania puede costar y suponer un precio muy alto para las estructuras de poder político y económico, también militar en Rusia. Se avecinan malos tiempos para todos y donde el juego de la amenaza nuclear deja de ser sainete trágico para convertirse en una espada de Damocles perversa donde en cualquier momento se puede decidir no medir consecuencias ni realidades. Nada más terrible que no percibir la realidad y negarse desde la soberbia y la vanidad en querer distorsionar la verdad. Terribles momentos los que se viven y los que viviremos en Europa. Pero sin duda para los ucranianos. Sufrimiento, devastación, dolor, terror, sangre y tragedia. Fosas. Silencios. Y el mundo mira y contiene el aliento. También China que sabe que como Rusia, su poder es finito.

    23 sep 2022 / 01:00
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