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AndAZULía

    SIEMPRE me han gustado las noches electorales. Lo confieso. En casi todas hay muchas lecturas con las que quedarse. Pero la del pasado domingo en Andalucía ha sido especialmente didáctica. Y es que fueron tantos los guiños, tantos los tips, tantas las anécdotas, tantas las imposturas, tantas las formas y tantas las palabras, que darían para un manual de los buenos...

    El primero en salir, a dar rueda de prensa, me refiero, fue el candidato de Ciudadanos. Y con cero escaños no se le ocurre otra cosa que decir lo que le divertía que Vox se quedara fuera del Gobierno. Es una manera de verlo. Aunque los que realmente se quedaron fuera, no sólo del Gobierno sino del Parlamento, fueron ellos, cuya única esperanza desde hace mucho tiempo sabían que residía en poder rascar un mísero escaño que le hiciera falta al PP para llegar a San Telmo sin necesitar el apoyo de Vox. No hubo suerte. Y a pesar de lo divertido que le parecían ciertas cosas al sr. Marín, su cara transmitía todo menos diversión.

    Por alusiones (es broma) salió Vox a la palestra. Y esa Macarena revestida de verde esperanza y adornada, a modo de velas rizadas, de tirabuzones, pedía auxilio en cada una de sus palabras ante las miradas acusadoras de su particular Sanedrín. Seguramente las siglas SOS harían mucha más justicia a lo que esa pobre muchacha gritaba a los cuatro vientos en ese momento. Pero nadie la auxilió.

    Aunque, dicho sea de paso, superarse en dos escaños, más allá de las expectativas, tampoco es la debacle que muchos quieren hacernos ver. Porque qué empecinamiento en algunos canales con culpar de todos los males a la extrema derecha. ¿Se imaginan que quitan esa palabra de sus guiones? ¿Qué sería de muchas y muchos contertulios si no pudieran decir ultraderecha?

    A renglón seguido salió la ultraizquierda. Ay perdón. Que ese vocablo no existe. Y, a decir verdad, tampoco me queda muy claro quien lo representaría... La primera de sus representantes empezó a divagar, culpando de los resultados a la injusta fecha electoral. Y la segunda, nos explicó cómo pinchar un globo. O algo así. Desviar la atención ante el fracaso. Un mantra que muchos se empeñan en repetir pero que siempre, en menor o mayor plazo, acaba pasando factura.

    A Juan Espadas le pintaron bastos. Tantos, que Pedro Sánchez ni siquiera compareció. Lo de Adriana Lastra, un lastre más para el PSOE.

    Luego salió Moreno Bonilla. El gran triunfador. Porque Andalucía
    se tiñó de azul.

    23 jun 2022 / 01:00
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