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Berlanga no ha muerto
ni tiene intención

    EL CONGRESO aprobó por unanimidad declarar 2021 El año Berlanga, que es un título muy berlanguiano, y oye, tal cual. Sucede que los genios nunca mueren, aunque a menudo los sepultemos en el olvido. Berlanga empleó la ironía y el humor, que es la forma más profunda y brillante de hablar de la realidad. No hay seriedad comparable a la que ofrece el humor. El humor es uno de los grandes síntomas de la inteligencia. Y por eso, por falta de humor, supongo, Franco creía que Berlanga “era un mal español”.

    Además del centenario del nacimiento gran Berlanga, en breve celebraremos también el de Fernando Fernán-Gómez, otro que tal: todavía son cien años. Todavía nos acordamos de la gente. Las televisiones pasan estos días sus películas, por ejemplo Bienvenido, Míster Marshall, y ahí es donde compruebas que las obras de arte siempre dicen algo del presente, siempre son contemporáneas a su manera, trascienden la anécdota y el momento.

    Digo esto porque en RNE explicaban en la noche del lunes que lo de Pedro Sánchez con Biden había quedado un poco berlanguiano, lo cual viene muy a cuento, ya digo, pero lo mismo ha sucedido en otras ocasiones, pues los líderes son muy de buscar la foto, así en general. No la foto de familia, que siempre tiene algo de plantilla del año de un equipo de fútbol, algo demasiado frío y formal, la foto fácil, sino esa otra del aquí te pillo y aquí te mato, como cuando se espera a un famoso a la puerta del cóctel, con esa paciencia que siempre exuda, como en Berlanga, un torrente de ternura.

    La idea de Bienvenido, Míster Marshall termina haciéndose presente, es inevitable. Porque queremos recibir al rico y al importante, salvo, quizás, en el caso de Trump, que lo mismo te preguntaba “e ti, de quen vés sendo?”, no por faltar, sino a lo mejor por descuido, o quién sabe si por ignorancia. Pero Biden mola. Ha venido a Europa a arreglar algunos entuertos dejados en la cacharrería por su antecesor, pero a Pedro Sánchez nadie le va a negar que se ha visto con él, aunque fuera poco, o poquísimo.

    Las fotos y el vídeo de esos escasos metros por los pasillos de la OTAN se han multiplicado en forma de memes y de humor berlanguiano, va por usted, maestro, aunque también han hecho varias portadas, en plan captura cinematográfica. Pero no se preocupen que no será la última vez que suceda: Berlanga sabía muy bien de lo que hablaba. Nos conocía, y eso, ay, a veces duele.

    En ese mismo berlanguiano tono, tenemos justo lo opuesto. Cómo se evitó la foto común en Colón. Lo mismo unos buscan el retrato que otros lo rehuyen, según he leído abundantemente en los papeles. En el fondo todo esto habla de nosotros, y más de las estrategias audiovisuales de la política contemporánea. De toda la política, no sólo de la española.

    Demasiada atención a las imágenes que luego alimentarán a Twitter, que todo lo devora. Demasiado afán por salir en la foto. O también por no salir. Quizás porque lo único que existe ya no es tanto lo que se lee o se escribe, sino esos vídeos cortos que son la dieta de la modernidad. Así es este siglo de las luces (quiero decir, de los focos).

    16 jun 2021 / 01:00
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