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Calasanz, la escuela y el covid

    FUE el santo español José de Calasanz, nacido en la localidad aragonesa de Peralta de la Sal, el 11 de septiembre de 1557, y fallecido en Roma, el 25 de agosto de 1648, quien abrió la primera escuela gratuita de Europa y sentó –a nivel mundial– los cimientos de la escolarización básica, obligatoria y de gratuidad, sin distinción de clases sociales, etnia o religión.

    Para perpetuar su obra fundó la Orden de las Escuelas Pías, la cual, presente en los cinco continentes, ha tenido en Galicia a uno de los religiosos más ilustres de la Orden: el padre Faustino Míguez (Celanova, 1831- Getafe, 1925) canonizado por el papa Francisco el 15 de octubre de 2017. Además de un gran educador, el escolapio celanovés se distinguió por sus estudios y trabajos botánicos, siendo además el fundador de la Congregación religiosa de las Hermanas Calasancias.

    Ahora parece evidente que la pionera acción educativa iniciada por Calasanz estuvo motivada, principalmente, en la crisis humanitaria por la que estaba atravesando la Europa de su tiempo, a causa de las guerras, los desastres naturales y las enfermedades. De hecho, en 1596 –un año antes de que el aragonés abriese su escuela en la iglesia de Santa Dorotea– la ciudad de Roma fue afectada por una terrible epidemia de peste.

    Las crónicas de entonces nos han transmitido que dos de las personas que más se distinguieron ayudando a los enfermos fueron el aragonés José de Calasanz y Camilo de Lelis, santo este último fundador de la orden religiosa de los Camilos, y adelantado precursor de la Cruz Roja.

    En el caso de Calasanz, su labor docente fue un hito cuya enorme trascendencia apreciaremos mejor si tenemos en cuenta las circunstancias de su época, en que reyes y gobernantes, por completo dedicados a las guerras de religión o de conquista, demostraban una indiferencia, cuando no un desprecio manifiesto, hacia la mayoritaria clase social, integrada por familias pobres o prácticamente sin recursos. Y en este ambiente tan deshumanizado y alejado de la dignidad humana eran precisamente los niños quienes más trágicamente sufrían las consecuencias.

    Y aún habría de tener otro gran valor añadido la labor pedagógica de Calasanz, pues con sus escuelas gratuitas (que pronto trascendieron fronteras hacia Austria, Alemania, Polonia y España) influyó grandemente en el progresivo cambio de la mentalidad humanista de Europa hacia un liberalismo ilustrado que, a finales del siglo XVIII, comprendió que la escolarización de la infancia era una meta irrenunciable para el progreso y felicidad de la sociedad.

    Mas, si las escuelas de Calasanz pudieron haber tenido como gran detonante la situación de emergencia sanitaria provocada por la epidemia de peste de 1597 en Roma, cabe también preguntarse de qué forma pudieron afectar a sus escuelas las sucesivas epidemias que se declararon posteriormente en Italia.

    Recientemente la Escuela Pía ha publicado en 10 interesantes volúmenes las cerca de 5.000 cartas que San José de Calasanz redactó a lo largo de su vida, recogidas bajo el genérico título de Ópera Omnia. En varias de ellas (correspondientes a 1630 y 1631) el educador muestra su preocupación por la situación que atraviesan sus colegios por causa de la epidemia de peste que asolaba Italia en aquellos años.

    Las autoridades, por supuesto adoptaron medidas. Se limitaron los desplazamientos y aún se prohibió temporalmente el correo entre las repúblicas. El escritor italiano Alessandro Manzoni, en su libro Los novios, publicado en 1827, describe magníficamente cómo vivió la sociedad italiana aquellos difíciles días de pandemia. Ahí pone de manifiesto que casi peor que la peste fue la epidemia de bulos (las fake news de nuestros días) que intoxicaron la información dirigida a la población y distorsionaron la realidad.

    Los propaladores hicieron creer en la existencia de untadores, personas que conscientemente transmitían la enfermedad a través del contacto. Algo que era absolutamente falso pero que añadió miedo y desconfianza al sufrimiento por la epidemia.

    En cuanto al covid-19, el Centro Europeo para la prevención y propagación de enfermedades de la Unión Europea publicaba recientemente un informe según el cual hasta ahora habrían sido pocos los casos detectados de contagio por covid entre los alumnos de colegios que ya han abierto sus puertas en Europa.

    Por ello, si la distancia física se mantiene en la escuela y las medidas higiénicas establecidas son correctamente aplicadas, sería muy poco probable que los centros docentes arrojasen cifras de contagio superiores a las que se puedan producir en los lugares de trabajo, locales de ocio, o centros comerciales. Así mismo este informe indica que el cierre de las escuelas no reduciría por sí solo las posibilidades de contagio por covid entre la población infantil.

    La escolarización universal de la infancia ha sido un logro que la Humanidad ha alcanzado tras siglos de esfuerzo y el trabajo en común de millones de personas, superando guerras, catástrofes naturales y grandes pandemias. Por ello, negarles ahora a los niños “la vuelta al cole” equivaldría a manifestar la incapacidad de nuestra sociedad para garantizarles su derecho a la educación. O lo que es lo mismo, renunciar a asegurarles su futuro.

    01 sep 2020 / 01:00
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