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viernes, 07 octubre 2022
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Carl P. E. Bach y Johannes Brahms por Paul Daniel con la “RFG”/ “Solistas en Compostela” del “CMUS”

    Concierto de la “RFG” en el Auditorio de Galicia dirigido por su titular Paul Daniel- 20´30 h.-, quien también será protagonista del previo “Conservando con...19´45 h.”, antes de repetir mañana en el Auditorio de Ferrol, a las 20´30 h., ofreciendo en programa la “Sinfonía W. 182/3, en Do M.”, de Carlo Philipp Emmanuel Bach y la “Sinfonía nº 2, en Re M. Op. 73”, de Johannes Brahms. La obra de C.P.E. Bach, pertenece a su etapa de Hamburgo y engloba el grupo de otras seis para cuerdas, del año 1773, como consecuencia de un encargo del mecenas Gotfried van Swieten, embajador de Austria en Berlín. El analista Reichardt, establecido en Hamburgo poco después, recordará sobre estas obras en su trabajo “Fragments autobiographiques”, editados en el “Allgemeine Musikalisches Zeitung” en 1814: “Las obras fueron entregadas sin tener en cuenta su dificultad de ejecución y él mismo las abordó con el violín ante la presencia del inquieto autor, teniendo en cuenta, entre otros aspectos, las audacias armónicas que proponían”. Atendiendo precisamente a esa queja, las sinfonías estuvieron postergadas y casi perdidas, hasta que a finales del XIX, Hugo Riemann encontró los manuscritos de dos de ellas en la biblioteca de la Thomasschule, de Leipzig, la primera en “Sol M.” y la cuarta en “La M.”. Más tarde, será el turno para Ernst Fritz Schmidt, quien en el Conservatorio de Bruselas, halle los autógrafos de las sinfonías en “Si b M.”, en “Do M.”, en “La M.” y en “Si m.”, y que se divulgaron entre los años 1931 y 1937. Habrá otras fuentes que se encontrarán en los Conservatorios de París, de la herencia de van Swieten.

    La mayor parte de las audacias, se manifiestan en el orden tonal, comenzando en el primer tiempo de esta “Sinfonía en Do M. W. 182/3”, con cinco compases de triadas rotas diatónicas en Do, para relajarse en un La b al unísono. Los temas de todos los movimientos en el conjunto de las sinfonías y en especial en los primeros movimientos, resultan de gran amplitud y sonoridad, derivando cada tema del precedente en una clara modificación de ciertas estéticas barrocas todavía en uso generalizado. Rara vez se llega con todo a producir una verdadera impresión de genuino contraste temático, siendo la textura homofónica salvo en ciertos aspectos en el conjunto de sus devaneos. El manejo de los instrumentos orquestales en este compositor, resulta con criterio y rigor, singular y sensible, y en especial en los movimientos “lentos”, en los que destaca un sentido acendrado de lo poético como seña de identidad. La madera resulta tratada con manifiesta maestría y en los pasajes a solo, aparecen reflejos de una grata sofisticación, que no superarán otros creadores de su generación. Ideas formales y expresivas, dejarán huella a modo de firma personal: súbitas interrupciones de movimiento progresivo y regresivo, cambios de tempo o dinámicas; el enlace sin pausa entre los tiempos, a menudo mediante una transición cuya intención modulatoria resulta obvia. Queda el relativo conservadurismo en los “Finales”, que pueden desequilibrar un planteamiento de las obras, en aspectos anticlimáticos.

    La Sinfonía nº 2, en Re M. Op. 73”, resulta para K.Geiringer un contraste similar al que observamos en Beethoven con respecto a la quinta y la sexta, quien tras haber trabajado sobre la “Sinfonía en Do m.” sintió el deseo de trabajar sobre algo más ligero, despreocupado aunque de la misma categoría y así, en el plazo de pocos meses, dio vida a la “Pastoral”. En Brahms, esta sinfonía, se inspira en el mismo sentimiento de la naturaleza y resuelta con mayor rapidez que la anterior. Todo el espíritu se refleja en su instrumentación, más delicada y transparente, desde las bucólicas flautas a los pastorales oboes, clarinetes, con un especial protagonismo. No obstante no renunció a la artillería pesada de los trombones y tubas que proporcionan a los movimientos extremos efectos opacos y espectrales. En el primer compás del “Allegro non troppo”, una idea a modo queda marcada como un romanticismo casi meridional.

    El “Adagio non troppo”, grave y equilibrado, sirve como elemento de demora, antes de llegar al “Allegretto grazioso, quasi andantino”, uno de los movimientos más asequibles y fáciles de todas las sinfonías, revistiendo forma de rondó, en tres ritornelli y dos episodios, el primero una variación de un “ritornello”, mientras que el segundo, ofrece reminiscencias de una canción popular húngara. El “Allegro con spiritu”, con una confiada felicidad, evita cualquier contraste violento y en el que la breve sección central, carece casi de verdadero desarrollo, consistiendo en un verdadero episodio lírico. La breve recapitulación lleva a la poderosa coda en una exultante explosión dionisíaca. Una sinfonía que retocará en Lichtental, en el otoño de 1877, en el suburbio de Baden-Baden, lugar que frecuentaba aunque solo fuese para encontrarse con los Schumann y en especial con Clara, amiga y consejera. En resumen y a pesar de ciertas ambigüedades, estamos ante una obra fluida, sencilla y cautivadora que en la serie de los cuatro tiempos, supone una renovada elección poética. Un idilio pleno de alegría, vitalidad y fascinación y una mirada a la naturaleza en un día de primavera, entre mullidos musgos, bosques que se despiertan, cantos de aves y flores que despuntan, en una opinión generosa de la época. Despidiéndose de Baden-Baden, el compositor regresará a Viena y allí realizará una lectura íntima en casa de Ehrbar, ante algunos amigos, con una interpretación a cuatro manos con Ignaz Brull.

    Concierto en el Paraninfo da Univesidade-20´30 h-, de la serie “Solistas en Compostela”, propuesta por el “CMUS” y la “USC”, que llega a una nueva cita, destacando intérpretes de piano y guitarra. En el apartado pianístico, Sabela Taboada Codesido elige el “Prelude Op. 23, no 4, en Re M.”, de S.Rachmaninov, una pura elegía de amplios y lentos arpegios en la mano izquierda que responde la derecha con una vibrante cantinela, una pieza que es un “Andante cantábile”. Artai Isasi Vázquez, se adentra en los impresionismos de Debussy a través de “Doctor Gradus ad Parnasum”, del grupo “Children´s Corner”, especie de refinada burla que remite a los estudios de M.Clementi, en un guiño humorístico cargado de cierto escepticismo y que se manifiesta en un estilo “Moderadamente animado”. Micaela Cancela Rosende, toma dos piezas, una también de Debussy, la conocida “Clair de Lune”, integrada en la “Suite bergamasque”, pura inspiración en la poética de Paul Verlaine y un perfecto paisaje idóneo para servir a “Fiestas galantes”; la segunda pieza, un detalle de “Petits esquisses d´oiseaux”, de Olivier Messiaen, apreciadas miniaturas destinadas a un instrumento especial, el gran modelo de piano “Imperial”, de la casa Bösendorfer. Antia Toimil Estévez, se queda con el Mendelssohn del “Rondó caprichoso Po. 14”, que manifiesta el virtuosismo elegante y perfilado del autor, que tentará a imitadores del compositor. Las piezas para guitarra estarán confiadas a Pablo Piñeiro, Xabier Pan y Jennifer Paz.

    La tarde de ayer, en el apartado destinado a instrumentos de viento-madera, primacía para los flautistas, en una sesión que tuvo como acompañantes a los pianistas Miguel Vizoso y Miguel Vals. Candela Pereira Seijo (flauta), partió del “Concertino” de Cécile de Chaminade, un talento precoz muy apreciada por las curiosidades de entretenimiento para salón y “mélodies”, de éxito en su momento, llegando a conseguir cierta celebridad por su ópera cómica “La Sevillana”, o los estudios de concierto. Nicolás Blanco López (flauta), con una pieza característica, la “Fantasía Pastoral Húngara”, de Franz Doppler, el autor de una obra que marcará su trayectoria en quien había sido también un destacado flautista y orquestador, con trabajos como las transcripciones de las ”Danzas húngaras”, de F.Liszt, y autor de las apreciadas “Ungarische Weisen”, para piano a cuatro manos. Javier Lareu Rendo (flauta), con el “Nocturno et Allegro scherzando”, de Philippe Gaubert, flautista y director de orquesta, y que fue director de la orquesta de la Ópera de París, dejando algunas óperas de éxito en los años treinta. Pablo Sexto Rosende, intérprete de saxo soprano, optó por una “Fantasía”, para ese instrumento procedente de Heitor Villa-Lobos, el autor de las testimoniales “Bachianas brasileiras” o los “Chôros”, en las combinaciones más imaginativas y estimulantes, en una magistral inspiración de las tradiciones populares.

    24 mar 2022 / 01:00
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