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Ciber(no)ética

    LA sociedad perfecta pasa por el omnipresente prefijo ciber que nació a mediados del siglo XX, pero se cumplen ya siete décadas des-de que Norbert Wiener propuso una sociedad de flujos informativos que tendría como mediadores a los ordenadores, como retroalimentadores y autorreguladores.

    Era el año 1950, en plena Guerra Fría. China y América se enfrentaban a Corea cuando el título El uso humano de los seres humanos: Cibernética y sociedad aparecía tratando de vislumbrar un horizonte e sucesos que no pretendía ser utópico, como el de sus predecesores. En la información, siempre estuvieron los pilares de cualquier sistema, porque a partir de ella se equilibra cualquier ecosistema, real o virtual, potenciando el desarrollo de la historia.

    También puede llegar a ser un mecanismo de control, porque nosotros mismos somos información, como seres con identidad propia y capacidad cognitiva para desarrollar un lenguaje adaptativo y cambiante, mediante el cual obtenemos un feedback y es en esta sociedad de la transparencia en el que su gran sistema nervioso está siendo descentralizado por los datos y la vigilancia social recíproca.

    Wiener, por aquel entonces, ya se había dedicado a alertar del mal uso que el
    poder hace de las máquinas en perjuicio del planeta. Se horrorizaba de los excesos de la automatización y anticipaba el impacto laboral y la transformación que traería consigo.

    La palabra cibernética cayó en desuso pero todas sus predicciones hoy son un hecho, porque la red ha contribuído a aumentar la entropía social, pues hay un acceso desigual a la información y la transparencia se ha subordinado a la ley de la competencia en el que a las personas se las trata como autómatas y la robótica y la IA tienen más prestigio que cualquier artesanía o artefacto elaborado por humanos.

    Sería interesante recuperar el término como cibernoética, entendiendo por noética, el objetivo inteligible de las redes informáticas desde las profundidades de la mente humana y su comportamiento. La IA sólo reproduce esos procesos desde una perspectiva cuantitativa/objetiva pero no cualitativa/subjetiva.

    Aunque se busca un sistema convencional de interacción humano-máquina que permita compartir información y complementarla para la revolución del pensamiento, degradando parte de su naturaleza expresiva y emocional para que las respuestas sean automáticas desde una perspectiva bidireccional.

    ¿Es que acaso no existe una cibernética natural? Los procesos autorregulatorios del ecosistema (materia y energía), la homeostasia y la fisiología, son un buen ejemplo sobre cómo podríamos comunicarnos mejor con todo lo realmente vivo, en vez de buscar nuestra propia extinción mediante una cibernética organizacional o metasistema que incluya a los sistemas sociales transformando unilateralmente la dinámica ética y cívica, porque nuestro compromiso está en salvaguardar a nuestros semejantes.

    23 ene 2021 / 00:00
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