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Crónica de una falacia anunciada

    ESTAMOS en unas semanas intensas, en cuanto a encuentros, reivindicaciones y jornadas de trabajo se refiere. Tras el parón derivado de la pandemia y las consecuentes restricciones sanitarias, se retoman reuniones científicas, eventos sociales y reconocimientos públicos.

    Sin intención de alargarme paso a mencionar, solamente, alguno de los lemas escuchados en los últimos días: “Nada es más imparable, estimulante, invencible, apasionante, provocativo, explosivo que el talento” en el Talentia Summit 21; “ejemplos de entrega y tenacidad” en la entrega de los Premios Gallegos del Año; “empoderar el liderazgo femenino” en el Congreso de Mujeres en el Sector Público o “la educación es fundamental para prevenir la violencia de género” en el Manifiesto de la IX Andaina contra a Violencia de Xénero.

    Se preguntarán los lectores a dónde quiero llegar con esta enumeración literal de lemas y declaraciones de intenciones, pues bien nada más lejos de un relato descriptivo o de un sumario periodístico de mensajes recogidos en los últimos días, resultado de las reflexiones expertas sobre diferentes temas. Mi apunte es voluntario y consciente para contraponer lo que las instituciones, organizaciones y asociaciones intentan transmitir, divulgar y cultivar en y desde diversos sectores laborales, sociales y/o científicos, con la nueva filosofía pedagógica que subyace a la recién aprobada reforma educativa.

    Me pregunto si dentro de una década o, incluso, menos, cuando las nuevas generaciones accedan a sus puestos laborales, sea cual sea el ámbito que elijan, si es que pueden elegir, llegarán a acumular los méritos suficientes y los conocimientos pertinentes para despuntar en aquello a lo que han dedicado sus años de preparación académica.

    Me pregunto, también, si todos y todas las que, con reincidencia y alevosía, mencionan la fuga de talentos como amenaza constante para nuestro sistema de investigación y ciencia, son conscientes de que estas medidas que favorecen la mediocridad y el autoengaño, van a provocar una alta incidencia en esa mal llamada “fuga” y no sólo eso, sino que van a contribuir a que se rompa la equidad que en comunidades autónomas como Galicia, hemos conseguido tras trece años de una gestión educativa eficaz, eficiente y compensatoria de las posibles desigualdades derivadas de situaciones desfavorecidas.

    Quienes conocemos, desde hace unos cuantos años, la realidad de otros sistemas educativos que fueron a la cabeza de reformas educativas tildadas de progresistas y modernas, sabemos que en estas realidades la mayor parte de las familias con poder adquisitivo escogen escuelas privadas de muy alto coste, facilitando así una brecha socioeconómica que nada tiene que ver con la realidad de la escuela pública en España, en general, y menos, aún, en Galicia, en particular.

    Hace unos días participaba, con motivo del Día Universal de la Infancia, en un debate sobre los derechos de los y las menores; en el marco de esta mesa redonda se nos preguntaba sobre tasas y causas del abandono escolar, cifras en las que, una vez más, Galicia va, en positivo, por delante de la mayor parte de las comunidades autónomas y mi respuesta se centraba en dos aspectos.

    El primero relacionado con el exceso de cifras que puede disfrazar aspectos cualitativos fundamentales, la educación no puede limitarse a una guerra de cifras, debe ahondar en la calidad de la formación, esto es, hay que destacar por el mejor, antes de por el más. El segundo referido al enorme riesgo que puede suponer disminuir las estadísticas de abandono o de fracaso escolar, a costa de promocionar o titular sin exigencias, con carencias y lagunas.

    Porque, he de confesarles, que además de subestimar las capacidades y las actitudes del alumnado, esta laxitud pone, en primer lugar, en duda las competencias docentes y pedagógicas de todos los profesionales que, día a día, trabajan en la red educativa formal y dejan su huella en los ciudadanos y ciudadanas de la sociedad del futuro.

    Tengan cuidado porque, como en la soberbia película de Tornatore La Gran Oferta, todo puede acabar siendo la crónica de una falacia anunciada.

    24 nov 2021 / 01:00
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