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Reseña Musical

David Grimal, director y solista para conciertos de Mozart con la “OSG”

    Tres conciertos para violín de Mozart que dirigirá David Grimal en el Palacio de la Ópera de a Coruña-20´00 h.-, en una actividad como director y solista que conocemos de la temporada 2018/9, en la que dirigió el concierto de Brahms junto a la Sinfonía nº 7, en La M. Op. 92”, de Beethoven. Un maestro que recibió invitaciones para compartir actividades como primeras batutas como Christoph Eschenbach, Mikhail Pletnev, Jukka-Pekka Saraste, Peter Eöstvos, Michael Plasson, James Judd o Matthias Bamert, entre otros. Se presentó en salas como el Concergebouw, la Berlin Konzerthaus, la Tonnehaus, el Conservatorio Tchaikovski, la Ac. Ferenz Liszt, el Téâtre des Champs- Elysées y es director artístico y fundador de “Les Dissonances”, formación que regularmente toca sin director. En el espacio de la música de cámara, se presentó en los principales festivales internacionales con el trío en el que figuran Philippe Cassard y Anne Gastinel, y en cuarteto con miembros de “Les Dissonances”, Hans- Peter Hofmann, David Gaillard y Xavier Philipps.

    El “Concierto para violín nº 1, en Si b M.K.207”, de W.A.Mozart, pertenece a un período intenso en el que el autor dará vida a otros cinco, el año 1775, en el que, curiosamente, no quedará memoria de otro para el teclado, admitiendo vagamente que el propio instrumento solista se avenía mejor al espíritu galante. Quedan en segundo plaza, sin mayor relevancia, la serie de trabajos en forma de serenata, aunque versados analistas, acepten que la línea divisoria entre esos estilos, resultará casi irrelevante. Un concierto en el que desaparecerá circunstancialmente la predominante influencia francesa, con una indagación perceptible en las formas precedentes. Agudezas de otro cariz, observarán la sobra en segundo plano de un concierto para el instrumento en esa tonalidad de Wanhall, una divagación sin mayores evidencias, ya que del mismo, no queda el menor rastro porque la obra se perdió sin dejar memoria, aunque sí el detalle de que el salzburgués lo ejecutaba de memoria. Todavía aletea ese espíritu galante por sus aspectos reconocibles: el abandono de toda elaboración temática, a la que se añade una expresividad contenida; la sucesión de temas que no llegan de manera ordenada, sin un nexo observable; un “Adagio, en Mi b”, que se desliza por la exploración de las posibilidades, gracias a una poética cuidada en el planteamiento melódica y el “Presto” que respeta ese equilibrio que resume el talante del concierto.

    El “Concierto para violín en Re.211”, obra del mismo período, será para el autor una visible muestra de una revisión de los planteamientos afrancesados, dentro de una vaga imitación. Una obra estival tras un regreso de una estancia en Munich, en donde había asistido a una representación de “La finta giardiniera K. 196” (la jardinera fingida), ofrecida en el Teatro de la Corte a comienzos del año, con un libreto de Giuseppe Petrosellini, mientras estaba al servicio del Konzertmeister de la corte de Salzburgo. Un clima ligeramente italianizante, en la línea del “K.207”, carente además de novedades observables, no se distancia de las dependencias afrancesadas. Para Cadieu, sencillamente una mesura límpida por su trasparencia y gracia, con un sentimiento vivo y preciso, marcado con esa sencillez algo superficial. La dificultad de estos conciertos no es excesiva, con pocas exigencias en cuanto al virtuosismo y para Alfred Einstein, resultan incluso menos ambiciosos que sus “Divertimentos”. Este concierto en un par de trazos, está desprovisto de cualquier pretensión de superioridad.

    Siguiendo el criterio del programa del día, en esta muestra de los primeros conciertos para violín, completamos con el “Concierto n º3, en Sol M. K. 216”, terminado en el otoño de ese año y a escasa distancia del anterior, con la permanencia de ese espíritu galante que, en este caso, asistiremos a una transformación emergente y repentina, que se había fraguado en el verano. Su estado de ánimo quizás fuese determinante. Una línea de continuidad que tiene elementos de los “Cuartetos milaneses”, la “Sinfonía Lanasa”, otras tres sinfonías de hacía un par de años y el pujante impulso del “Sturm und Drang”. Todo ello dejará impronta en esta etapa, aunque no suponga clara ruptura con el espíritu galante. La obra recibirá el título de “Strassburger-Konzert” y resulta una especie de compendio de los resultados hallados hasta ese momento.

    En efecto, el “Rondeau” final, es más que nunca, una mezcolanza “a la francesa” con sus intermedios sobre tiempos diferentes al del estribillo y la orquesta se emancipa ostensiblemente. El “Adagio en Re” central, es un tiempo significativo que avanza la dirección que poco después mostrará en el “Concierto para fagot”, partiendo de una larga frase melódica, muy ligera pero coherente que llena la pieza de un carácter trágico, destacado por las modulaciones menores, subrayadas en cuanto al ritmo por el acompañamiento orquestal. Una obra en la que encuentra el medio de expresarse en el mismo marco que esa galantería le exige.

    28 may 2021 / 01:00
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