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De China a India

    MUCHO se habla del ‘sorpasso’ de India a China en términos demográficos. Se buscan las razones, que tienen que ver con los procesos económicos internos, y con las políticas familiares llevadas a cabo en ambas potencias. Más allá de su repercusión local en términos de producción y consumo, a Occidente debería preocuparle su impacto en nuestras economías e inversiones en el exterior. Sin duda, la expansión de nuestras empresas en el gigante asiático, así como el gran mercado que constituye Asia para nuestros productos y exportaciones, se verán afectados en las próximas décadas. Se trata de una realidad que lleva detectándose años. Ya en 2013, con motivo de mi participación como conferenciante invitado en un congreso internacional organizado por la Jawaharlal Nehru University (JNU) de Nueva Delhi y el entonces ministerio de Ciencia e Investigación de la República de la India, tuve la oportunidad de conocer de cerca algunos de los enclaves más relevantes del vasto país. La pujanza de universidades como la JNU, considerada el Oxford del subcontinente asiático; el hambre de sus científicos, profesores e investigadores; y el esfuerzo innovador de las distintas administraciones, mostraban el apetito voraz de un territorio que deseaba consolidarse como potencia global. Hoy aquel deseo se ha hecho realidad, e India es ya la quinta economía del mundo, superando desde el pasado año al propio Reino Unido en dicho puesto.

    Son muchos, sin embargo, los retos que tiene Narendra Modi por delante; como consolidar una clase media diversa y desigual en términos económicos, con diferencias salariales de cerca de 400 euros mensuales (que es su media superior); combatir la miseria en la que viven cerca de 200 millones de personas, además de la pobreza extrema en la que se encuentra un 20% de la población; seguir desarrollando su vanguardista sector tecnológico; aumentar la producción industrial extensiva; y atraer más inversión extranjera, ofreciéndose como alternativa a la hegemonía china. Por su parte, China, que abandonó en 2015 la estrategia del hijo único, debe seguir fomentando la natalidad (hoy permite hasta tres hijos en matrimonios). Hace seis años pude comprobar allí cómo los jóvenes profesionales apostaban ya por una vida menos tradicional, y más pragmática y occidental. Por eso deberá aumentar el nivel de vida de su clase media; suplir la falta de ingresos motivada por el parón de la pandemia y los confinamientos “covid cero”; y recuperar un crecimiento que descendió en 2022 al 3%, mientras el de India se aproximó al 7%. Su expansión en África y Latinoamérica, y su plan de consumo interno están bien; pero la reducción de mano de obra barata, y la relocalización de industrias extranjeras en otros contextos emergentes, seguirá erosionando su pujanza global. www.josemanuelestevezsaa.com

    29 ene 2023 / 06:00
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