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Disfruten lo votado

Bajas incluidas, una cita electoral guarda ciertos parecidos con una pequeña contienda bélica. Con menos metáforas y más realidad, una pandemia de coronavirus, también. Galicia pasó recientemente por ambos procesos a la vez y la experiencia se llevó por delante a los dos componentes clave en estos momentos del Gobierno autonómico de Feijóo, que aparentemente salió de las urnas de julio con la fuerza de un huracán, pero que apenas mes y medio después no pudo disimular más que sus heridas de guerra eran más graves y profundas de lo que el pueblo gallego acertó a ver.

Las carteras de Sanidad y Educación volaron de las manos de sus dueños, cuya gestión había sido tan alabada durante la campaña por los dirigentes del partido que los arropaba, en un inesperado ejercicio de prestidigitación del príncipe de Os Peares con el que esta vez, más que vestir a un santo, dejó al descubierto las partes impúdicas de su Gabinete que la oposición se había lanzado a morder con sus crecientes denuncias en los días previos al 12-J.

Pero de las dos cabezas sacrificadas que Feijóo sirvió en bandeja de plata, cabe resaltar los diferentes modos que tuvieron de cruzar la laguna Estigia. Mientras la educativa de Carmen Pomar atravesó muda y estupefacta el camino hacia el otro mundo –el de los gobernados–, la sanitaria de Jesús Vázquez, en su último hálito de vida, se empeñó en limpiar su sangre de la espada de su jefe, al confesar in articulo mortis que él mismo le había solicitado su relevo. De ser así, bien lo pudo haber dicho en los pasados comicios, antes de nacer la legislatura. Como médico debería tener claro que más vale prevenir que curar y si, como conselleiro, él hubiera sido más sincero con sus pacientes a la hora de pedirles que se decantaran por su cupo político, estos hubieran tenido más elementos de juicio para elegir a su facultativo de familia.

Jesús Vázquez dejó que los gallegos tomasen su medicina sin darles la oportunidad de leer antes su prospecto. Él sí lo leyó y ante las aclaraciones farmacéuticas que encontró en el folleto se dijo a sí mismo: “Todo muy bueno, bonito y barato, pero yo no me lo trago y me voy para casa”. En una huida con retardo y en diferido, que diría la inefable Dolores de Cospedal, la candidata perdedora pero más votada por los populares gallegos en la guerra para suceder a Rajoy. ¿O es que el conselleiro en julio pensaba seguir y en septiembre tuvo una revelación similar a la de Pablo de Tarso, que en su caso le aconsejó irse? No parece ser una persona que se deje llevar por la curandería o la superstición, de esas que cambian de opinión de un día para otro, pero aunque así fuese, ya había sufrido demasiadas caídas del caballo y, decapitado o evadido, no parece que a Feijóo le desagrade que no vuelva a montar.

La otra protagonista de esta batalla, Carmen Pomar, es una profesora experta en altas capacidades que llegó a la cúpula de Educación y se va renunciando a su derecho a expresar su última voluntad, por lo que nos quedaremos sin conocer secretos muy jugosos, como si le dio tiempo o no a detectar entre sus compañeros del Consello da Xunta personalidades propias de su especialidad académica, en el caso de que realmente las hubiese. Lo que sí parece probado es que Feijóo, sin necesidad de ser un especialista con título universitario en la materia, no la consideraba a ella miembro de ese selecto grupo de superdotados. Y le aplicó un neorrefrán derivado de otro más célebre: “Lo no bueno y breve, mejor cuanto más breve”.

Feijóo disputó la partida del 12-J con dos descartes en sus manos que supo reutilizar como comodines. Más que sumar, restaban. Por eso los ocultó hasta septiembre, como si se tratasen de personajes poco dotados para la fotogenia.

18 sep 2020 / 01:00
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