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El enfermo como globalidad: Juan Rof Carballo (1905-1994)

Juan Rof Carballo nació en Lugo el 11 de junio de 1905 y murió en Madrid el 10 de octubre de 1994. Era hijo del destacado veterinario Juan Rof Codina y de Concepción Carballo Lameiro. Rof Carballo fue una inteligencia despierta ya desde la juventud. Pronto tuvo acusadas inquietudes intelectuales, estaba suscrito a la Revue Nouvelle Francaise, y era lector asiduo de Ortega y Gasset y Xavier Zubiri.

Medicina. Con ánimo de acercarse a los mejores maestros, hizo su carrera entre Santiago, con Nóvoa Santos; Barcelona con Augusto Pi Suñer y Ferrer Solervicens, y Madrid con Pittaluga, con quien pasaría, después, siete años en el laboratorio de hematología, estudiando histopatología y convirtiéndose en un experto patólogo. Y, en años posteriores, con Jiménez Díaz y Marañón, que le dejarían una gran impronta médica y humana.

De 1930 a 1932 estuvo pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (J.A.E) para Austria, para estudiar con Sternberg, y Alemania, con Hans Hirschfeld, en Berlín. Fue con Eppinger en Colonia, con quién realizó su tesis doctoral: Función de los ácidos grasos en el organismo, que defendería en Madrid en 1933, con premio extraordinario. En 1934 se le vuelve a conceder para Austria, Checoslovaquia e Inglaterra, pero pide suspensión para presentarse a cátedras, y, lo mismo, en 1935. Por fin la comienza en 1936, cuando le sorprenderá el inicio de la guerra civil, caducándole todas las pensiones en ese 1936. No regresó a España hasta después de la contienda, tiempo que pasó entre Viena, Copenhague y París. Sus maestros fueron Sternberg, Eisler, Wintenberg y Zak en Viena; también estuvo en París con Guillain estudiando clínica neurológica; en Copenhague con Möllgard, metabolismo del calcio y fósforo, y con Busch, tumores cerebrales.

Rof Médico. Entre otras cosas fue: Jefe de Laboratorio de Investigaciones Clínicas en la Facultad de Medicina de Madrid (1926-36). Jefe del Departamento de Psicosomática y Jefe de Medicina Interna de Puerta de Hierro. Miembro del Colegio Internacional Psicosomático. Fundador y Presidente del Instituto de Medicina Psicosomática y del Instituto de Ciencias del Hombre de Madrid. Publicó numerosas monografías médicas y psicoanalíticas y sus ensayos de antropología cultural han sido traducidos a varios idiomas, destacándose entre sus trabajos: “Patología psicosomática” “cerebro interno y mundo emocional”, “Urdimbre afectiva y enfermedad” y “Violencia y ternura”. Fue también numerario de la Real Academia Nacional de Medicina y de la Real Academia Española. Y elegido Numerario de la Real Academia de Doctores (1991).

Rof Pensador. El pensamiento de Rof es inseparable de su obra médica de madurez pues es nuclear su actividad en el mundo de la medicina psicosomática, el hombre soma y psique, de la que fue uno de los grandes avanzados, tras von Krehl y Viktor von Weizsäcker. También es notable el influjo de Roberto Nóvoa Santos. Tras Ortega, tanto Nóvoa como Rof, figuran entre los primeros introductores de la obra de Freud en España.

En cuanto a la relación de Rof con Nóvoa, dice García Sabell:

En esta jerarquización y encadenamiento de las doctrinas, en este cultivo de la totalidad y del orden de valor me recuerda la obra de Rof otro gran libro, en más de un aspecto parejo y similar: La Patología General de nuestro inolvidable Nóvoa Santos. Son dos libros muy dispares, pero de igual trascendencia y a los que informa un mismo espíritu y una idéntica ambición sintetizadora. Previamente, García Sabell hace una consideración sociocultural del asunto, menospreciando el escaso rigor de los autores norteamericanos, en contraposición a la exquisita precisión intelectual de Rof y su obra.

La patología psicosomática, escribe Rof en La Medicina actual, nace como una tendencia curativa, como una physis en el sentido que dió Hipócrates a la natural propensión de todo organismo a restablecer su salud perturbada. Al aceptar, prosigue Rof, la medicina exclusivamente mecanicista, sus cegueras para un gran número de problemas clínicos, se va convirtiendo en una medicina limitada a un cincuenta o a un treinta por ciento de la totalidad de los enfermos que se ven en la práctica, pero esta misma realidad que se deja descuidada, al reclamar que se la atienda, hace que el equilibrio tienda a restablecerse, que el médico vuelva a darse cuenta de que es menester ser médico de todas las enfermedades y, a la vez de todo el hombre.

De algún modo, asoma Ortega, el yo, el ser humano, es el mismo, pero varía su circunstancia, la del tránsito, no pequeño, de la situación de salud a la de enfermedad. Esta es modificativa de la totalidad de la persona. Al cambiar la circunstancia, el yo debe hacerlo, necesariamente.

Esto engarza con lo que, a finales del XIX, reivindicaba Letamendi como la figura del médico global, neohipocrático, frente al naciente especialismo, que él llamaba, con un neologismo suyo, el Pantiatra, el médico global, de la persona, no del órgano, el aparato o el sistema.

Después de Rof, dice Cid, la actividad visceral, las emociones y la imagen del propio cuerpo, adquieren una “unidad dinámicamente integrada”, al hombre como estructura: A mi modo de ver, las conjeturas rofianas se detienen en lo que Laín históricamente llama “fisiología del ser humano” considerado a la vez como organismo psicosomático y como persona.

Omitimos, por su extensión, comentar el excelente análisis de Laín Entralgo sobre la obra de Rof en su libro Introducción histórica al estudio de la patología psicosomática.

Decía Granjel, de lo que discrepaba Cid, pero a lo que nos queremos sumar, en aras de la claridad que siempre aporta el hecho artificial de clasificar, que la obra de Rof es susceptible de dividirse en:

• Ensayo: El hombre a prueba; Cerebro interno y mundo emocional; Entre el silencio y la palabra y Mito e realidade da terra nai.

• Teoría psicoanalítica: Urdimbre afectiva y enfermedad, y

• Aportación psicosomática: Patología psicosomática, obra de rango “catedralicio” según Ortega y Gasset.

La emoción y sus mecanismos. Rof hizo aportaciones de importancia en cuanto a la estructura y funcionalismo de la emoción. A ello contribuyó sin duda su gran formación tanto en endocrinología como en neurología, asentándose el eje neuroendocrino en su obra como base de la emoción, cimiento fisiológico del alma, a lo que se unirían muchos otros autores en años sucesivos.

Analizó la estructura emocional de la infancia, en su libro Urdimbre afectiva y enfermedad, refiriéndose a ésta como la estrecha vinculación psicológica que se establece entre el recién nacido y la madre. Introdujo el término “troquelado” para referirse a la gran importancia de esa vinculación en el desarrollo posterior de la persona.

Crisis de la Medicina Psicosomática. Es cierto que el descubrimiento de causas claras, en algunas afecciones a las que se atribuía etiología psicosomática, como el del H. pylori como causa de la úlcera gastroduodenal, hizo daño, pero no ha matado, a la medicina psicosomática.

No obstante, en general somos firmes defensores de la unicidad de soma y psique. El médico no puede sustraerse a la constatación diaria de cómo, las diferentes personalidades reaccionan de modo diverso a cuadros clínicos similares o idénticos. Ello basado en numerosas variables de sexo, edad, carácter, nivel cultural o, sin duda, ideas y creencias.

Mucho menos podemos admitir en estos tiempos de especialismo desorbitado, que el paciente, el ser humano, sea una suma de partes inconexas, susceptibles de ser estudiadas independientemente.

20 feb 2022 / 01:00
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