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Reseña Musical

El “Ensemble Rubens Consort” y la pianista Ilona Timchenko, con cinco conciertos

    Dentro de las actividades de “Peregrinos Musicales”, encuadradas en el “Xacobeo 2021”, tendremos cinco conciertos a cargo del “Ensemble Rubens Consort”, formación holandesa y que contará con la compañía de la pianista y profesora Ilona Timchenko, en un programa que anuncia obras de J.S.Bach, F.J.Haydn, M. Ravel, G.Fauré y J.Françaix, con una primera visita a la Praza de Galicia, en Arzúa- 21´00 h.-, el día 22, para seguir en fechas sucesivas a Lourenza, en la Praza do Conde Santo-21´00 h.-; Mondoñedo-Praza da Catedral-20´30 h.-; Valga, en el Auditorio de “CSMG”-20´00 h.-, antes de completar en Santiago en la Praza de Mazarelos-, el día 27, a las 22´30 h-, procurando mantener el programa en agenda. Esta formación instrumental, parte del “Cuarteto Rubens”, antes de ampliar a planteamientos distintos en cuanto a plantilla. Son el “Ensemble Rubens Consort”, la violinista Sara Kapustin, el viola Roeland Jaggers y el chelista Sietse Jan Weijenberg.

    Participaron en el proyecto didáctico “El arte de la percepción” y en los “Talleres de Escuela Holandesa”. Estudiaron en la “Ac. Holandesa de Cuartetos de Cámara” y en la prestigiosa “Hans Eisler Hochschule” de Berlín, graduándose “Cum Laude”, en 2007. Asistieron a cursos con formaciones de alto nivel, como los cuartetos “Amadeus”, “Juilliard” y “Hagen”. Disponen de dos registros en cd: Uno dedicado a lo que supone un retrato de la obra de Random Roukens y otro a cuartetos con flauta de W.A. Mozart, con la flautista Marieke Schneemann. Manejan instrumentos cedidos por la “Dutch Instrumental Foundation”.

    Maurice Ravel, en este programa eminentemente francés, tendrá la “Sonata para violín y chelo, en Do M.”, una sentida dedicatoria a C.Debussy, y trabajada a lo largo de varios meses, entre 1920/2, con una primera ejecución en los célebres conciertos de la Salle Pleyel parisina, interpretada por Hélène Jourdan-Morhangue- violín- y Maurice Maréchal- chelo-, recibiendo curiosamente una acogida fría. Para el autor y en apreciación posterior, se tratará de una obra de evolución en su carrera, resaltando un despojamiento llevado al límite. Actualmente es composición de referencia, realzada por las sugerencias que nos ofrecen cada uno de los cuatro tiempos: “Allegro”,Très vif”, de suma economía de medios expresivos; un tempo “Lent”, de cierta solemnidad, partiendo de una tema reposado de ocho compases, antes de recuperar un “Vif” arrebatado, que llevará a Roland-Manuel a decir con cierto humor:”¡Ravel tendría que escribir la reducción de su “Sonata” para gran orquesta!”.

    G. Fauré y otra obra cumbre, el “Primer cuarteto para piano y cuerdas, en Do m. Op. 15”, abordado en 1876, en el ámbito familiar de sus amigos Clerc, en Sainte-Adresse (El Havre), aunque tardaría dos años en completarlo y que el “Finale” fue objeto de obsesión permanente, lo que le obligó a su reescritura, un período que, a mayores, descubriría el mundo wagneriano tras un viaje a Colonia, al que se añadirá otro a Munich, acompañado por Messager, para darse de bruces con el monumento de la “Tetralogia”. El cuarteto, definitivamente, estará dedicado al violinista belga Hubert Léonard, en 1879, antes del estreno también en la Salle Pleyel, protagonizado por Ovidie Musin- violín-; Van Waefelfgem-viola-, el chelista Mariotti, con el autor al piano. El “Allegro molto moderato”, nos lleva a un “Scherzo:Allegro vivo”, en Mi b M., camino del “Adagio”, de emotiva gravedad y que prepara ese cuestionado “Finale: Allegro molto”, que muestra un desarrollo un tanto dubitativo.

    Jean Françaix, con una obra perceptiblemente juvenil, el “Trío de cuerdas”, de 1933, en dedicatoria a una formación entonces prestigiosa, el “Trío Pasquier” y muestra por su trazado, un carácter gozoso y espontáneo, propio de la firma de un joven con aspiraciones, que descubriremos en el conjunto de su legado camerístico. Composición en cuatro tiempos, de los cuales, los dos extremos “Allegretto vivo” y “Rondó”, se deciden por ritmos danzantes y animados, en estudiado contraste con los otros dos centrales, un “Scherzo”, de sutiles efectos armónicos, facilitados por los “pizzcatti” virtuosísticos y un “Andante”, de atmósfera tierna y traslúcida, destacando los instrumentos con recursos de “sordino”. El espacio camerístico del Françaix, está dominado por las obras en la que predominan los instrumentos de viento, manejándose con el lenguaje típicamente francés.

    J.S.Bach y las “Variaciones Goldberg”, en tratamiento para trío, del que se recurre con fiabilidad a la realizada por Dmitry Sitkovekeski de 1985, y que musicalmente, ofrece a los intérpretes con una atención al manejo de un fraseo a su medida. En el origen bachiano, está la figura de Johann Gottlieb Goldberg, cuyo nombre queda ligado a las 30 variaciones de la que el biógrafo Forkel dejará memoria. El comienzo del trabajo del kantor de Leipzig, se situará entre 1733/6, periodo de intensa actividad, mientras aspiraba a responsabilidades en la corte de Dresde, en las que el conde Keyserlingk, enviado ruso a esa corte, fue una ayuda fundamental y al que ofrecerá un ejemplar de las citadas variaciones, impresas en Nuremberg por Balthasar Schmid, una respuesta a los favores recibidos. El encuentro con el virtuoso Goldberg, tan dotado para ese tipo de ejercicios, daría al maestro el motivo para completar un ambicioso trabajo que tantos sobresaltos le habían supuesto y varias veces postergado. No queda duda de que ese peculiar personaje, Goldberg, cobraría interés por el resultado de las piezas, interpretándolas en diversas ocasiones. Supuestos análisis, aceptarán en resumen, que la obra se resolvió en dos fases, con una primera en esa etapa de aspiración a los beneficios cortesanos en Dresde.

    F.J.Haydn, contará con uno de sus tríos para cuerdas, grupo de obras diversas ante el amplísimo catálogo de cuartetos. Algunos de los contados tríos, nacieron antes de los “Cuartetos de Fürnberg op. 1 y 2”, mientras simultaneaba con esos estilos cameristicos, de lo que fue el maestro por antonomasia. Algunos de sus tríos, se han perdido y en general, ocupan un escalafón inferior al que los cuartetos. De la serie de posibles treinta tríos, recordamos la serie de los perdidos, a los que se añaden los de autoría dudosa. Escucharemos el “Trío en Re M. Hob. XV.16”, el más brillante y que recuerda a la “Sonata para dos pianos K.448”, de W.A. Mozart, que se ofrece en el “Allegro” inicial. Que seguirá con el “Andantino piú tosto allegretto” y un “Vivace assai”.

    22 jul 2021 / 01:00
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