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El necesario cambio

    SIEMPRE nos han enseñado que el cambio es algo necesario, hasta bueno podríamos decir. No estoy convencida de que eso sea así. Es necesario cambiar las cosas que están mal pero por el hecho de ser antiguas no tienen por qué ser erróneas, incorrectas, obsoletas o necesitadas de cambio. Debemos cambiar aquello que no funciona pero no necesariamente sobre las bases de la destrucción sino, creo, de la reforma en su justa medida. Esto es, hay que mudar lo que es necesario renovar pero podríamos hacerlo con mesura, discreción, meditando el cambio, sopesando opciones y eligiendo las mejores.

    Comienzo así mi artículo hoy porque estoy convencida de que necesitamos un cambio. La sociedad lo precisa en su conjunto. No me refiero ahora a un cambio político, no quiero meterme en ese berenjenal, ni económico, ni siquiera social, aunque podrían escribirse muchas cosas sobre todos ellos. Ahora me refiero a un cambio de perspectiva. Debemos cambiar de rumbo. En ese cambio tenemos que recuperar el optimismo. Tenemos que reconstruir nuestro futuro porque solo seremos merecedores de aquello por lo que seamos capaces de luchar. Nuestros olímpicos nos lo están demostrando cada mañana.

    La sociedad española necesita renovarse. Precisa creer en sí misma. Requiere ilusionarse con su futuro y confiar en él. Para lograrlo debemos recuperar parte de los valores que lastimosamente se han perdido porque una sociedad sin valores es como un árbol sin raíces.

    Los valores son una parte esencial de la sociedad. Ya se que se podría objetar que son subjetivos y que lo que para una persona es un valor para otros podría ser algo indiferente o incluso un disvalor. Así es. Lo concedo. Pero creo que no sería difícil encontrar un plexo de valores objetivos e identificadores de nuestra sociedad, que lo fueron durante mucho tiempo y que dieron buenos frutos. Y de aquí la razón de las primeras palabras de este artículo. Debemos recuperar y dar nuevo sentido a las actuaciones que hacen de una sociedad una empresa solidaria, responsable, creativa y sobre todo justa.

    Vivimos sin duda en un mundo globalizado y plural. El pluralismo es quizá el valor por excelencia de nuestros tiempos. Derechos como la justicia, la libertad, la igualdad, incluidos dentro del art. 1 de nuestra Constitución están sin duda vigentes, pero el pluralismo, que es el cuarto derecho, o valor del elenco sintetizado en ese artículo se superpone a todos ellos en una sociedad que defiende el derecho a la diferencia.

    Y es que respetando el derecho a la igualdad ante la ley yo reivindico el derecho a la diferencia, a ser yo misma, a defender aquello en lo que creo, y a vivir de acuerdo con ello.

    Una sociedad que plantease así su vida sería más respetuosa del otro, más integradora, más solidaria y en resumen más justa.

    Esa es la sociedad que yo quiero. Una sociedad tolerante, culta, responsable, educada, solidaria, trabajadora hasta el esfuerzo, honrada, honesta; una sociedad en suma que sitúe a las personas por encima de las cosas. Una sociedad en la que puedan convivir las diferentes sensibilidades sin insultos permanentes, sin mentiras, sin descalificaciones.

    ¿Creen ustedes que les estoy hablando de una sociedad utópica? Es posible. No obstante creo que nos aproximaríamos a ella mucho más de lo que estamos practicando a diario tres simples palabras. Por favor, gracias y lo siento.

    07 ago 2021 / 01:00
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