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El prejuicio antirromano

    NUESTRA tradición identificó desde el siglo XVIII el pensamiento, el arte y la tradición griega como matriz filosófica, estética y política de Occidente. El mundo romano se veía como su continuidad cultural empobrecida llegándose a negarle una verdadera originalidad, aunque con la admiración hacia ese sentido práctico y de utilidad venido de las necesidades administrativas del gran Imperio que había desarrollado el Derecho y con monumentales obras públicas y el latín dejó su presencia civilizadora en cualquier lugar de la vieja Europa. Pero ya Ortega había criticado el idealismo griego como una herencia que había impregnado Occidente desviándolo con su abstraccionismo.

    Este viejo prejuicio antirromano es combatido a lo largo de casi quinientas páginas por Michel Onfray al invertir los términos y exaltar la grandeza de la Roma republicana en su libro Sabiduría (Paidós,2021), esfuerzo por enlazar con el espíritu pragmático y las virtudes romanas de coraje, austeridad, amistad, dignidad, justicia, constancia, fidelidad, piedad, valor, rectitud, firmeza ante la acción y el dolor, que contrapone a una Grecia de usos pederastas, idealista y origen –dice– de ficciones cristianas, un Onfray para quién la idea bella es la idea útil. Tercer volumen de su Breve enciclopedia del mundo que sigue a Decadencia, sobre la crisis de Europa y en particular sobre el cristianismo, caballo de batalla del filósofo francés.

    En un tiempo técnico e igualitarista (que como él mismo dice confunde desigualdad con diferencia), en que la enseñanza clásica pasó de seis o siete años en Francia, Alemania o Suiza a casi nada en toda Europa, y en que el pasado interesa menos que nunca desde que en el XVI apareciera una conciencia histórica, el libro de Onfray es un gratificante renacimiento de la memoria del mundo clásico y bastaría eso para que fuera recomendable.

    Pero además es un libro ilustrativo de los vicios y virtudes, dichos y anécdotas de personajes como Marco Aurelio, Séneca, Cicerón, Lucrecio, Luciano o Plinio el Viejo (hermoso capítulo el dedicado a la erupción del Vesubio) y que viene de algún modo a replantear a su través el problema –que interesa a Onfray desde su ya lejana obra L’esculpture de soi– de la vida sabia. Libro de interés se esté o no de acuerdo con el lugar desde el que ve el mundo. Yo tengo mis diferencias pero, como un estoico más, siento la unión con el orden del cosmos que nos une a los seres y las cosas.

    27 jul 2021 / 01:00
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