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Reseña Musical

En el salón de la Viardot

    Actividades intensas en el mes de Amigos de la Ópera de Santiago, del que venimos de disfrutar su colaboración con la RFG, el CDG y el Xacobeo 21/22, en la entretenida ópera bufa de excelente acogida A Sombra de Cristal, de Fernando Buide y Quico Cadaval, curioso remedo imaginativo que partía en cierto modo de La Serva Padrona de G.B.Pergolesi, en perfecto complemento de cartel, en un curioso desafío de interferencias auspiciadas por el salto de tres siglos y en el que libretista y compositor han sabido encontrar pertinentes afinidades, salvando época y condicionantes estéticos, por lo que el resultado final, dejaría una entusiasta respuesta por parte de aficionados y curiosos. En estas dos últimas jornadas, el IV Concurso de Canto Compostela Lírica, con un jurado presidido por Arturo Reverter, y Victoria Staples, críticos musicales; Patrick Canac, Presidente y Fundador de Les Musicales du Luberon; Joan Company, director de los Coros de la OSG; Maciej Pikulski, pianista que participó en los Ciclos de Lied; la mezzo Graciela Valceva Fierro y el director de la Ópera de Oviedo, Celestino Varela, oficiando como secretario sn voz ni voto J.María Miranda.

    Tras una primera prueba de selección de un envidiable nivel de aspirantes que a la postre puede dejar ciertas impresiones de excluir a posibles merecedores, de los 19 a los que pudimos escuchar y de los que fueron ocho los elegidos, que la tarde del domingo, compitieron por los galardones, en una gala presentada por la actriz Mabel Rivera. En los resultados, un Primer Premio de 4000 euros y tres recitales a repartir entre la RFG, otro en el Festival Les Musicales du Luberon y un tercero con la O.S. de Oviedo. Para el segundo Premio, dotado con 1500 euros, tendría a mayores una actuación en Santiago, ambos financiados por la Fundación José Otero-Carmela Martínez el apoyo de la Xunta de Galicia, la Deputación de A Coruña, Concello de Santiago y Consello da Cultura Galega, ampliando el apartado para cantantes de origen gallego, que aspirarían a las propuestas anuales del Consello da Cultura Galega

    En esa relación de finalistas; Burtsev Mykita (Ucrania), quien había interpretado la tarde del sábado Tutto e disposto...Aprite un po´quegli occhi, de Les Nozzes di Figaro; Dong Yongheng (China), que ofreció Ella giammai m´amò, del Don Carlo de Verdi; Rossana Cooper (Reino Unido), a la que seguimos en la Habanera, de Carmen de Bizet; Yeraldin León (Colombia), decida por Parto, ma tu ben mio, de Clemenza di Tito, de W.A. Mozart; Mar Morán, de Badajoz con Depuis le jour, de Luise, de G.Charpentier, Mattheus Pompeu (Brasil), con recursos expresivos para Ah! sì, ben dite...Tutto parea sorridere...Sì, de´corsari il fulmine, de Il Corsari, de G.Verdi; Natalia Labourdette, de Madrid, en su visión de Una voce poco fa, de Il Barbiere di Siviglia de G.Rossini la ilerdense Montserrat Seró, con entrega y pasión para el Bellini de La Sonnanbula, Ah!, non mirarti...Ah! non giunge.

    El programa del día dedicado a Pauline Viardot del día 3, un dechado de los momentos sublimes de la homenajeada, en sus relaciones con Chopin o Brahms, en una selecta elección de piezas entre las que se incluyen, algunas que la convirtieron en la celebridad que universalizó su persona. El entorno familiar de los García, por sus padres y hermanos- María Malibrán y Manuel Patricio-, ayudaron a que desde joven pudiese estudiar con músicos como Meysenberg y F.Liszt o Antoni Reicha, aunque la muerte de su hermana, en 1836, acabará por decantar sus preferencias por el canto. En esa apuesta, también podrá considerarse imprescindible su relación establecida en Leipzig con Clara y Robert Schumann, manteniendo con ella una amistad de por vida. Ella y su relación von George Sand, mediadora con respecto a Chopin y los encuentros en Nohant, donde pasarán largas jornadas mientras Pauline se impregna del sentido del rubato del pianista que trasladará a sus piezas, arreglándolas a capricho para voz con acompañamiento en las que tendrán cabida algunas de procedencia española.

    Viajera por naturaleza, llegará a San Petersburgo, en donde conocerá a Turgueniev, y en donde interpretó el papel de Norma, cantando en rusos piezas de Glinka, Tchaikovski o Dargomizhsky y pudo participar en estrenos como El Profeta, de Meyerbeer, en el rol de Fidès y en la recuperación del Orfeo ed Euridice, de Gluck, en esa etapa revisora promovida por Berlioz. Especialistas como J. Radomsky, sabrán calificar su voz como un instrumento que abarcaba tres octavas, entre soprano y contralto- asunto similar al de su padre, que se manejaba como tenor y barítono-, y entre esas virtudes, el beneficio de recursos misteriosos, además de una gran agilidad. Como compositora, se sentía una creadora de segundo plano, pero dejó más de 150 obras para voz solista, sobre poemas de Goethe, Mörike, Musset, Turgeniev, Pushkin o Gautier. Ese estilo de canciones de corte-salón, de medianas exigencias y que recibieron el trato preciso al talante de cada estilo e idea, resuelto por la soprano Ana Nebot y la mezzo Marina Rodríguez-Cusí, atentas a la declamación de los textos asistidos por una suave modulación cercana al recitar- cantando. Para el repertorista, Arkaitz Mendoza, una concesión a mostrar buenas maneras estilistas en las piezas confiadas: el Nocturno nº 20, en Do sost, m. (Op. Posthum), además de la Mazurka n º 2, del Op. 6, de Chopin y el Intermezzo en La M.Op. 118, nº 2, de J.Brahms.

    Chopin amigo y confidente, no faltaría en el mutuo ejercicio de complicidad con La Viardot, en una serie de características piezas de aire tradicional: las Mazurcas Op. 50, Op. 68, Op. 24 (La séparation) y nº 67 (La Beauté) resueltas en forma de canción a dúo y del apacible Johannes Brahms, también con otras dos curiosidades a medias con la cantante: Les cavaliers y Les Bohèmiens. Brahms, se guardaba el capítulo final en una serie de cuatro de sus lieder, siguiendo la lectura a dúo en un excelente punto de encuentro. Die Meere, especie de adorable barcarola nostálgica, de los Drei Duette Op. 20, para soprano o contralto y de la época de sus amoríos con Agathe von Siebold, en el retiro de Detmold, una trilogía de tintes mendelsshonianos. De los Vier Duette Op. 61: Klosterfräulein (Lo novicia), un dolido lamento de alguien que siente que no volverá a ver la primavera, y Die Schwestern, sobre texto de Mörike, destacando los recursos en stacatto, piezas editadas en 1874, y que tienen detalles cercanos al Op. 20. Am Strande(A la orilla del mar), pertenece a los Fünf Duette Op. 66 , para anuncia detalles inéditos y que en este lied, queda marcado por la nostalgia del recuerdo de tiempos pasados. La modas de las españoladas, tan resultonas, una que venía muy al caso, El desdichado, otro dúo de C.Saint- Saëns y para bis, Lela, según arreglo de Juan Durán.

    Estuvo la Viardot en su justa medida, gracias a un selecto ramillete de mélodies, en esta cita que conmemora el bicentenario: Bonjour mon coeuer, Solitude, Évocation, Hai Luli !, Fleur desséchée, Madrid, L´abscese, Chanson de Loïc, La Villanelle, Un jour de printems, Les filles de Cadix. y La canción de la Infanta, que se repartieron a gusto y medida. Bastantes de las mélodies, tendrán una publicación conjunta en un álbum editado en 1850, y muchas de ellas tendrán a mayores el añadido celosamente elegido de un grabado firmado por Bouchot. En cuanto a la escritura vocal, prescinde de las dependencias acostumbras de las habituales romanzas de salón, tan de moda en los ambientes sociales.

    13 dic 2021 / 01:00
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