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Esto no es un plagio

    PERDONEN ustedes si ya han leído un comentario parecido a éste, quizá firmado por idéntico autor. Les aseguro que no se trata de un plagio deliberado, sino en todo caso de un plagio de la realidad que se copia a sí misma. Hay ocasiones en que la realidad se empeña en no ser original y eso es lo que sucede con los incendios; se repiten y al repetirse obligan a escribir cosas que suenan repetidas porque lo son. Después de tantas teorías que acabaron siendo olvidadas, el fuego empieza a convertirse en un fenómeno más de la naturaleza como la lluvia y el viento, a pesar de que la causa es humana por incomprensible que sea que un ser humano se convierta en pirómano.

    No existen hipótesis contrastadas y son contadas las detenciones o las condenas. Estamos ante un enemigo invisible del que se puede afirmar lo mismo que sobre las meigas. No creemos en los incendiarios pero habelos hainos. Acuden puntualmente a su cita con una modalidad de terrorismo que no encaja en ninguna de las tipologías conocidas. Ni existe un objetivo, ni una organización consistente, ni unas armas sofisticadas, ni un modus operandi que permita establecer un patrón.

    Tampoco cabe buscar a los autores en medios donde pulula todo tipo de delincuencia. No blanquean ganancias ilícitas que puedan ser rastreadas en los circuitos financieros de paraísos fiscales, ni forman parte de redes internacionales que puedan ser detectadas. Las pocas sugerencias de los expertos hablan de solitarios que actúan y se desvanecen, igual que una Santa Compaña poco santa que vuelve una y otra vez a cobrar su tributo.

    Si bien lo que hacen está tipificado en los códigos, en la practica gozan de una amplia impunidad que se prolonga hasta el debate político. Sorprende que en algunas declaraciones que se están haciendo a propósito de los últimos desastres, las referencias a los incendiarios hayan desaparecido. Es como si ya se hubiera claudicado ante ellos, o los hubiésemos convertidos en algo fantasmagórico a lo que no vale la pena acusar. Siguiendo con la repetitiva realidad de la que hablábamos hay quien sigue con la cantinela que todo se debe a la falta de medios, a la escasa prevención o a la poca “vertebración territorial”, sea lo que sea eso.

    ¿Con cuántos medios y con cuánta prevención se evitaría que un incendiario, sin horario ni territorio fijos, cometiera su delito? Galicia gasta una fortuna en estos menesteres. Desde el inicio de la autonomía, y con administraciones diversas, los gallegos costean un ejército permanente que combate contra incendios que no son, por cierto, una peculiaridad nuestra.

    Ya ven que se trata de un comentario repetitivo que, como los anteriores, rezuma impotencia. Y estupefacción ya que todo indica que los pirómanos no son gente que viene de lejos como invasores con el ánimo de perjudicar a Galicia y atemorizar a sus habitantes, sino que pertenecen a nuestra misma tribu y por ello debieran compartir ese típico panteísmo que nos hace adorar el paisaje, el bosque y el árbol.

    No es así. Al menos que no nos desunan. Ese nuevo talante de colaboración política que nació en el Parlamento, tiene aquí una excelente oportunidad de mostrarse. He ahí algo original que se apartaría de la realidad que se repite.

    15 sep 2020 / 23:19
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