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Europa no vota en USA

    LAS elecciones en Estados Unidos no dejan a nadie indiferente. Lo que acontece allí, de algún modo, aunque menor, nos afecta aquí. Digo menor porque el equilibrio de poderes en EE. UU., a diferencia de en España, sí funciona; y el hecho de que haya un demócrata o un republicano en La Casa Blanca apenas varía su política exterior. Con respecto a China, poco o nada cambiaría si fuese Joe Biden, y no Donald Trump, el próximo presidente. Si acaso variaría la actitud frente a Cuba o Venezuela, y quizá algo con Argentina, México, Nicaragua o Bolivia. Eso sí, Biden recuperaría el diálogo nuclear con Irán, retomaría el Acuerdo de París, rebajaría la presión económica a los miembros de la OTAN y apostaría por un mayor multilateralismo, pese a llevar también en su programa medidas proteccionistas.

    Tampoco la UE se vería muy afectada si cambiase el inquilino del Despacho Oval. Y menos con un brexit que ya ha propiciado un acuerdo entre Reino Unido y EE. UU. Incluso el tratado comercial entre EE. UU. y la UE tendría que seguir trabajándose. Es cierto que con Trump poco ha avanzado, y que ha subido ciertos aranceles (al aceite, vino, aceitunas, etc.). Pero no olvidemos que en la era Obama ambas partes marcaron líneas rojas infranqueables. Conviene recordar cómo ya Hollande, o la propia Merkel pusieron “trabas insalvables en cada ronda de negociación sobre un Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión, TTIP, que bloquearon una y otra vez para proteger sus propios intereses” (Trump frente a la UE, ECG 07/02/2017).

    Por eso no entiendo tanta visceralidad a favor o en contra de Trump. Quizá sea debido a unos posicionamientos políticos que en EE. UU. no funcionan como aquí, o a obviar que David Cameron, Theresa May, y ahora Boris Johnson, e incluso China con sus tentáculos políticos y comerciales, han sido los grandes enemigos del proyecto europeo (a su lado Putin es un alma cándida). Como ejemplo, no hay más que ver el modo en que la prensa europea analiza la gestión de la pandemia por parte de Trump, cuando también aquí la covid-19 está descontrolada. Hasta España se ensaña con el neoyorquino por su desafío frente al uso de las mascarillas, o su asunción de que el SARS-CoV-2 está controlado, pese a que nuestro país registra más muertes que EE. UU. por 100.000 habitantes.

    ¿Acaso no recordamos a Fernando Simón y al ministro Illa a finales de febrero y en marzo desaconsejando el uso de mascarillas porque “no tenía ningún sentido” llevarlas? ¿Hemos olvidado ya a Pedro Sánchez dando por controlada “la gran ola de la pandemia” en mayo y asegurando en julio que habíamos “superado el virus”?

    Trump no hace caso a sus científicos; pero aquí ni siquiera existió un comité de expertos. La inversión española frente al coronavirus es ridícula en comparación con nuestros vecinos. Al final (La vacuna de Donald Trump, ECG 03/10/2020), “terminaremos poniéndonos una vacuna estadounidense en la que Trump ha puesto todo su empeño y los recursos infinitos del país, tanto científicos como económicos”; y lo mismo hubiese hecho Biden.

    01 nov 2020 / 00:00
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