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(G)Local

    AHORA que podemos salir de nuestras casas y que vamos tomando posiciones, tratando de encajar la nueva realidad, me pregunto si seremos capaces de acometer una transición justa que no solo compense a los sectores que tradicionalmente generan “ruido social”. Los pequeños y medianos productores pueden ser la salvación a la hora de crear una agenda ECO más centrada en el rural, en el conocimiento de lo tradicional y de lo que fuimos perdiendo. Nada ha sido tan útil como saber coser o tener un pequeño huerto, como ahora. Lo más sostenible es hacer patria y no aparentarlo sólo con palabras.

    Lo que puede resultar más preocupante de esta situación es la desmaterialización de la economía tratando de evitar el encuentro personal desde oficinas, universidades, etc como pretexto para reducir los recursos y maximizar el beneficio bajo la máscara de seguridad, cuando casi nadie lleva la mascarilla (algo insólito, sabiendo lo que nos jugamos). Si no se tienen muy presentes esas mínimas reglas de juego, seguiremos ahuyentando la posibilidad de transformación social hacia el cambio, porque desde la apatía y el descuido no habrá una mejora sustancial.

    Trasladar todo al mundo virtual resulta tan drástico como innecesario y además nuestras telecomunicaciones todavía distan mucho de estar plenamente desarrolladas, lo que aumenta la desigualdad tanto a los proveedores de un servicio o producto como a sus potenciales clientes o destinatarios del mismo. Lo hemos comprobado con la teleformación y el teletrabajo y cómo esto afecta a nuestra percepción y capacidad, tanto a niños como a adultos.

    Dejar de lado la excesiva deslocalización provocada por la globalización supondría una mejora sustancial así como la expansión de una falsa idea de economía circular en la que se usan los recursos de los propios trabajadores para abaratar costes y sin ningún incentivo, lo cual es un verdadero abuso y tiene poco de colaborativo. Faltan herramientas y conocimientos previos, porque una crisis como esta va más allá de lo económico. Es una llamada de atención a priorizar lo que verdaderamente importa y a ser coherentes de una vez por todas.

    Este reseteo nos lleva a un punto de inicio aunque no se sabe hacia dónde ¿Sabremos sacar partido de nuestras redes humanas? Sí, aquellas que conectan personas bajo una misma plataforma para crear iniciativas comunes. Algunos bares lo han hecho, para poder sobrevivir, consiguiendo ser creativos a su modo, mediante sistemas de micromecenazgo que evitarán su cierre. Otros se valieron de mapas, para facilitar una guía de recursos y servicios necesarios durante y tras este período de pandemia. No resulta difícil si nos ponemos de acuerdo y emprendemos una búsqueda activa de aquello que nos une con el fin de crear sinergias. Puede que los otros tengan aquello que nos hace falta. Y es que lo global también puede convertirse en (G)Local, sin ir más lejos.

    01 jun 2020 / 22:30
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