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Isabel SS

Mujeres fuertes. Poderosas. Todos sabemos que la Historia ha sido escrita por hombres, y que estos han procurado minimizarlas hasta extremos ridículos. En muchos casos, ni siquiera figuran en las crónicas. Es bueno que, ahora mismo, pensemos en unos cuantos casos relevantes. Uno tiene en cuenta a Safo de Mitilene (se calcula que vivió entre el 630 y el 570 aC), hija de Scamandronyme y Cleis, que fue siempre una de las fuerzas más poderosas que nos iluminaron al comienzo de nuestra andadura terrena. Guardo una hermosa traducción al francés, pero editada en Londres en 1810. “Oh, tu, hija de la onda, amable maga,/Que me inspiras los más bellos aires,/Tú que por templo tienes el Universo,/Encantadora y engañosa diosa...”, nos dice en el famoso Himno a Venus. A esta mujer, tan poco conocida aún hoy, le atribuimos simplemente el haber sido poeta. Eso, sí, todos de acuerdo en que magnífica. Pero hay un detalle que en su día me produjo verdadero vértigo: que fue, por lo que pude saber entonces, la primera jefa conocida de un gabinete político (o llámenle jefa de prensa, si lo prefieren). Y podríamos citar a María de Magdala, que en la Biblia es tratada prácticamente como prostituta, pero quien según muchos fue la esposa de Jesús. O Hipatia de Alejandría, la hija de Teón, filósofa neoplatónica, astrónoma y matemática, linchada por todo ello...

LAS DESCONOCIDAS. Hasta ahora, todas heroínas de la Historia, ampliamente apreciadas y reverenciadas por todos. Pero ¿y las que permanecen en el anonimato? Nuestra amiga Isabel San Sebastián publica ahora mismo, en Plaza y Janés/Penguin Random House, la nueva entrega de la saga que inició en 2006 con La visigoda, para contarnos, entre otras muchas cosas, el desarrollo, evolución y avatares de la Reconquista. Se llama La dueña. Su protagonista es Auriola, un personaje ficticio inspirado, directamente, como nos contaba el otro día, en la propia madre de la autora. En una época tan convulsa como la que nos ocupa, concretamente el año 1069, ese personaje es un arquetipo perfecto para simbolizar exactamente a la mujer valerosa, llena de arrojo, que se queda en sus dominios para defender lo que su marido ya no puede. ¿Por qué? Porque o bien ha sido apresado o directamente eliminado por sus numerosos enemigos. Ella se está encargando de relatar a su nieto Diego hasta qué extremo su abuelo, Ramiro, líder de las tropas de los caballeros de frontera, defensores de su rey, se ha transformado en un mito, cayendo en combate en una guerra cada vez más arbitraria e injusta. Una nueva lección magnífica que nos brinda Isabel, esta vez para defender a las ignoradas...

24 oct 2022 / 01:00
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