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Reseña Musical

Juan Pérez Florestán: “Concierto para la mano izquierda”, de M. Ravel, con la “OSG”

    La “OSG” dirigida por Erik Nielsen, anuncia en programa el “Concierto para la mano izquierda en Re M.” de M.Ravel, en interpretación de Juan Pérez Florestán, bajo la dirección de Erik Nielsen, junto a la “Sinfonía nº 5”, en Do m.Op. 67” de Ludwig v.Beethoven, en el Coliseum de A Coruña-20´00h.-, un director que ejerce como titular de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, desde 2015 y que al mismo tiempo, entre las temporadas 2016/7, ocupó plaza del Teatro de Basilea. Estudió en el Curtis Institut of Music of Philhadelphia, habiéndose graduado como arpista y oboísta en la Juilliard School neoyorquina. Fue miembro de la Akademie Philharmoniker Berlin, como arpista. Recibió el Premio de Dirección con una beca de la Fundación G.Solti, y en el espacio de la dirección, destaca por sus actividades en el espacio operístico, que reparte en teatro de primer rango, desde el “Met”, neoyorquino, al “Semper Oper Dresden”, les Champs Elysées, Frankfurt, la “ABAO”, Malmoe, el Nacional de Hungría, Sâo Carlos o el Festival de Bregenz, compaginando con orquestas como la Runkfunk Radio Frankfurt, New World S.O., el Ensemble Modern o la Northern Sinfonia del Reino Unido.

    Juan Pérez Florestán, ganó el prestigioso Paloma O´Shea, de Santander, en 2015, para repetir en el Concurso Steinway de Berlín, en el mismo año, recibiendo la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla. Cuenta con una carrera consolidada que le llevó en pocos años a presentarse en teatros y certámenes de élite. El Royal Albert Hall, con la “BBC Philhaminic .”; los “Proms”, la Filarmónica de San Petersburgo, la “Fenice” de Venecia, la Tonnhalle Zurich, el Palau de Barcelona, el Wigmore Hall. Ña Laeiszhalle Hamburg o el Bela Bártok Hall, de Budapest. En sus años de formación, fueron fundamentales lo magisterios de Ana Guijarro, Galina Eguiazarova, Daniel Barenboim, E.Nebolsin, Javier Perianes y Elisabeth Leonskaia. Destaca su paso por la Hochschule für Musk Hanns Eisler y la Escuela Reina Sofía.

    El “Concierto para la mano izquierda en Re M.”, de Maurice Ravel, manifiesta un talante diferente al otro de su repertorio y se desenvuelva en un movimiento único, con efectos que en cierto modo provienen del jazz, en plena expansión en aquel tiempo, aunque su escritura no resulte sencilla. Lo esencia de una obra de este género, es precisamente no dar la impresión de una ligereza acorde, sino la de una obra escrita para las dos manos. Tras una primera parte impregnada de tal espíritu, aparece un episodio de estimula la impresión improvisadora, para contribuir al planteamiento de la composición, una invitación para que el oyente se ubique en esa tendencia jazzística. Un Ravel que no duda en seguir unas influencias nada desdeñables. La composición de sus dos conciertos pianísticos, iniciados hacia 1930, concluyó en el otoño del año siguiente. El “Concierto para la mano izquierda en Re M.” fue ejecutado en Viena el 27 de noviembre de 1931, precediendo la sesión que dio a conocer el “Concierto en Sol M”, que amablemente recibió Mme Marguerite Long, en 11 de noviembre de ese año, dirigida por el propio compositor en la mítica “Salle Pleyel”, repitiendo poco después a comienzos de 1932.

    El “Concierto para la mano izquierda en Re M.”, resultará un compromiso obligado con Paul Wittgenstein, hermano del filósofo autor del “Tractatus lógico-philosopicus” (1921), Ludwig Wittgenstein, obra que supondrá una conmoción en el pensamiento y que dejará una larga estela, que todavía impregna las corrientes críticas actuales. Paul Wittgenstein, apreciado pianista, había sido víctima de la Primera Guerra, en la que perdió un brazo, aunque con todo, lograría mantener una voluntariosa capacidad de reposición, desarrollando una técnica que le permitió reinventarse dentro de esas amargas limitaciones, en un trabajo de día a día ante el teclado. En esa insistencia, sabrá estimular encargos a compositores con los que mantenía una relación frecuente y así fueron llegando “Parergon zur Symphonia domestica Op. 73”, de Richard Strauss y el “Panathenäenzug Op. 74”, del propio Strauss; Sergei Prokofiev, le tuvo en sus atenciones componiéndole el “Cuarto concierto para piano en Si b.” y Benjamin Britten las “Diversions for piano and orchestra”. Se habla de los dos conciertos para piano de Ravel, como la posibilidad de una posible vuelta a la forma clásica de la sonata clásica, aunque fundamentalmente no se trata de eso. Queda muy lejos Beethoven.

    Beethoven con la “Quinta sinfonía en Do m. Op. 67”, que suscitó en Jan Swafford un muy sugerente análisis: Impulsiva, ominosa, fatídica. Concebida y esbozada al principio en el mismo arrebato creativo que dio origen a la “Heroica”, la “Quinta” transcurre en un mundo muy diferente al de la “Tercera”, pero posee el mismo tipo de narración dramática. Solo que esta vez, no dio nombre a la historia. En algún momento al comenzar a esbozarla, decidió algo así: Estará más unificada en su narración y en su material que cualquier sinfonía compuesta anteriormente, más allá de aquello que yo, o cualquier otro haya realizado antes. La esencia de esa unidad será transmitida por la cosa más simple posible: un tamborileo de cuatro notas, un ritmo primario. Ese ritmo saturará el primer movimiento y regresará con diferentes apariencias hasta el final. La esencia de la narración residirá en cómo se transforma ese motivo. De este modo la idea final no será un tema, sino un motivo. Y trataré ese minúsculo motivo de la misma manera que trato cualquier tema inicial: todo fluirá a partir de él.

    Más tarde, Anton Schindler, su amanuense, contaría al mundo lo que este dijo del trueno inicial de la sinfonía:”Así llama el destino a la puerta”. Beethoven estaba terriblemente familiarizado con esa llamada, Pero Schindler, era mentiroso compulsivo y no hay otra forma de saber si Beethoven dijo realmente esas palabras (concediendo que, de vez en cuando, Schindler decía alguna verdad). Al mismo tiempo, Schindler era un músico serio, y lo que expresó sobre la música de Beethoven era a menudo perspicaz, estuviera o no basado en hechos reales. Lo que equivale a decir que Schindler tenía razón: el primer movimiento implica una historia acerca de algo parecido a la acción del destino sobre la vida de un individuo, una acometida que no puede ser rechazada sino tan solo soportada, resistida y trascendida desde dentro. Así pues presumiblemente Beethoven, debía tener en mente algún guión dramático de la “Quinta sinfonía”, pero decidió, como hizo con la mayoría de sus obras, que ésta no necesitaba seguir punto por punto una narración específica.

    11 dic 2020 / 00:00
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