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La enseñanza del coronavirus

    LA aparición de la epidemia del coronavirus con su generalización a toda la Humanidad provoca, quiérase o no admitir, un ejercicio de reflexión personal que suscita inevitables incógnitas pero que reafirma una realidad incuestionable, cual es la de la manifiesta incapacidad del género humano para hacer frente a determinados riesgos que pueden presentársele en su devenir histórico, ante los que sucumbe sin poder recibir explicación ni tener capacidad de prevenirlos o de remediarlos en términos absolutos.

    La limitación del ser racional, pese a los enormes avances logrados en todos los ámbitos del conocimiento y del dominio de la naturaleza, se pone de evidencia ante sucesos como el que hoy día se extiende al mundo entero y debiera suscitar un sereno pensamiento sobre la vida en sí misma y sobre las contingencias que, de forma inevitable, la acompañan.

    Si se parte de la consideración de que el ser humano habita en un planeta, la Tierra, al que se le calcula por los científicos una antigüedad de varios miles de millones de años pero que está llamado a desaparecer dentro de otros miles de millones de años también y, por otra parte, se tiene en consideración el incontable número de plantas, animales y microorganismos –la conocida como Biodiversidad– que, junto a la enormidad del agua de los océanos, de los mares y de los ríos y a lo que se conoce como atmósfera conforman a dicho Planeta, se llega con facilidad al convencimiento del misterio que encierra la vida y de lo mermado que se halla el conocimiento humano para desentrañarlo.

    Ya le gustaría al ser racional, al hombre, poder descubrir el misterio que la vida trae consigo y en ello está desde su creación sin que, hasta ahora, hubiera logrado otra cosa que meras aproximaciones cognitivas, sustentadas, las más de las veces, en presunciones más o menos fundadas, carentes, por tanto, de la certeza intelectual que toda inteligencia humana ansía para poder satisfacer su cuestionamiento vital.

    En cualquier caso, esta pandemia que se está sufriendo a nivel universal debiera provocar un cambio sustancial en el comportamiento humano, determinando un antes y un después en la vida de las personas, pero no es seguro que llegue a producirse esto, si se tiene en cuenta la capacidad de adaptación de la persona a las más variadas y difíciles contingencias y la necesidad que siente, por otra parte, de olvidar aquellos aconteceres dolorosos que surgen en su recorrido vital. De todas formas, no cabe desconocer que la vida viene a resultar un cúmulo de experiencias variadas y que, de todas ellas, ha de extraerse la oportuna enseñanza.

    29 jun 2020 / 23:09
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