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La letra del tango

    SIEMPRE he sido muy de tangos, no tanto por mis cualidades danzarinas, sino por la rotundidad y vehemencia de sus letras. Vienen a mi memoria estos días los acordes y, sobre todo, las estrofas del famoso Cambalache. Me pregunto qué escribiría el maestro Sosa ante el clima un tanto apocalíptico de esta década de los nuevos años 20.

    La mente humana tiene una gran capacidad a la hora de distanciarse, visceral y emocionalmente, de los acontecimientos que nos rodean, fruto, denlo por seguro, de nuestra secular capacidad de adaptación, pero, también, de nuestra malacostumbrada existencia a tiempos de bonanza y bienestar que nos alejan de la cruda realidad, cronológicamente, pareja a nuestra cotidianidad.

    Malos tiempos para la lírica, cantarían Golpes Bajos, también para la narrativa, añadiría yo. Convulsas jornadas de crisis en la política internacional, pero también en la política estatal. Anestesiados por una pandemia que se ha convertido, de deseo, en un recuerdo del pasado mientras persiste, de facto, en el presente. Surfeamos la realidad de un desgobierno que trata de saltar del relato a la trama, mientras reverbera en anuncios, ahora confirmados, ahora desmentidos, cual suerte de guión de telenovela, con un protagonista maquillado lo necesario y suficiente para corregir las arrugas de un desgaste generado por la sobre-exposición ante una audiencia adormecida que empieza a despertar a golpe de facturas.

    El neocortex empieza a desperezarse y a demandar soluciones que truequen esta ficción en la que nos movemos, semejante al show de Truman, colmada de escenarios preconcebidos, golpes de efecto, personajes moldeados al arbitrio del protagonista, en una realidad que prometa un buen futuro para nuestros descendientes y vuelva a asentar un crecimiento a todos los niveles.

    Frágiles líderes para tiempos difíciles, esta es la reflexión. Y la sociedad suplica un liderazgo fuerte, experimentado, proactivo, enérgico y, sobre todo, honesto. Sólo un buen líder puede devolvernos la esperanza y puede erigirse en un revulsivo para que cada uno de nosotros, cada una de nosotras, recupere la confianza en los gobernantes.

    Una confianza de la que presumimos las y los gallegos, y que sabemos que es susceptible de contagio, pero no por una suerte de ilusionismo, sino basada en 13 años de pruebas fehacientes, derivadas de la gestión eficaz, eficiente y veraz de un gran presidente que lo es, pero también de un gran líder.

    Ante el liderazgo débil de algunos, el liderazgo destructivo de unos cuantos, el liderazgo ficticio de otros muchos y el liderazgo pretencioso de los demás, la sociedad del siglo XXI pide a gritos hombres y mujeres que inspiren a soñar más, que inspiren a aprender más, a hacer más y a ser más. Los seres humanos debemos resistir, pero nunca debemos aplacarnos, debemos resurgir, pero nunca debemos subestimarnos, debemos reconstruir, pero nunca debemos ningunearnos.

    Y los gobernantes que nos aplacan, nos subestiman y nos ningunean no son dignos de mantenerse en el poder. La rebelión democrática se practica en las urnas, pero también en los movimientos de opinión y en la demanda de nuevos horizontes en la política, horizontes abiertos, prometedores y luminosos.

    Cuál sería, pues, el título del tango dedicado al siglo XXI, quizás es demasiado pronto para extraer conclusiones, sólo van allá un par de décadas, esperemos que la visión dantesca extendida en los últimos años se queden en una pesadilla fortuita, porque, ya dice el refranero popular, “lo que mal empieza bien acaba” y los villanos siempre se ven derrotados por el esfuerzo de sus antagonistas, los héroes.

    19 mar 2022 / 01:00
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