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La misión del papa

    EL PAPA FRANCISCO ha podido comprobar en la República Democrática del Congo (RDC) y Sudán del Sur el músculo de la Iglesia católica en África. De hecho, esta doctrina cristiana es la que más crece en el Continente, tanto en términos de vocaciones, como de fieles (en el área del Congo y Sudán más del 50% de la población es católica). Quizá por ello es tan importante para el Sumo Pontífice reforzar allí el compromiso del catolicismo con los que más sufren las consecuencias de un pasado colonial que hoy resurge a nivel económico y comercial para controlar el subsuelo africano.

    En la superficie, las guerras continúan; con cientos de milicias armadas y grupos paramilitares que aspiran a tener el control político y logístico de los Estados. Pero es en los yacimientos y en las minas subterráneas donde se libra la batalla empresarial (en el caso de la RDC, incluso con países fronterizos como Uganda y Ruanda), para asegurarse la explotación de esos minerales que pueden cubrir las necesidades de producción de un primer mundo cada vez más tecnologizado. De ahí ese “colonialismo económico” que denuncia Bergoglio cuando trata de devolverle la dignidad a África diciendo: “Dejen de asfixiarla, porque no es una mina que explotar ni una tierra que saquear”.

    Pero ni el lamento de quien ostenta la Cátedra de San Pedro, ni su denuncia de la violencia, el tribalismo, la avaricia y el abandono de esta vasta región (desde el país que sufre la guerra más cruenta del mundo: la RDC; hasta el Estado más joven y dividido del planeta: Sudán del Sur), son suficientes para conmover a una Comunidad Internacional que hoy mira con recelo las acciones y dicciones del Obispo de Roma, tratando de vincular su pensamiento con tendencias ideológicas social-comunistas, peronistas y hasta bolivarianas; y criticando su acercamiento a los colectivos de homosexuales, transexuales, divorciados y prostitutas; o sus reflexiones sobre el aborto, el adulterio, los sacerdotes casados, las parejas del mismo sexo, o las mujeres en la curia. Demasiado “progre” lo consideran desde esa “resistencia” ultraconservadora que habla de “desobediencia”, “rebeldía”, e incluso de una posible “guerra civil religiosa”.

    Pero no es justo pretender que el Sumo Pontífice tenga que escorarse siempre a los postulados más conservadores. Incluso podríamos pensar que ese compromiso con planteamientos vitales, culturales, éticos y hasta morales propios de la izquierda global, podría ser entendido como una estrategia de apostolado, apertura e integración; e incluso como un modo de revitalizar el cristianismo en Occidente, y acercar la Iglesia a unos jóvenes cada vez ávidos de espiritualidad. O quizá sólo se trate de aplicar las tres actitudes con las que el papa suele definir a Dios: “cercanía, misericordia y ternura”.

    06 feb 2023 / 06:00
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