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Lampedusa en Cataluña

    LOS resultados de las elecciones catalanas revelan que en esa comunidad ha cambiado todo en relación con las fuerzas políticas que competían, pero que nada lo ha hecho con respecto a la solución del problema catalán, al menos antes de que quienes están llamados a formar el próximo Govern comiencen a negociar y a salvar las dificultades que se le van a plantear.

    Los cambios vienen porque el PSC ha sustituido a Ciudadanos como primera fuerza política en Cataluña y ha ganado las elecciones, porque ERC, por fin, ha superado al partido de Carles Puigdemont, porque la CUP ha conseguido el doble de los escaños con los que contaba con anterioridad, y por la irrupción de Vox en el Parlamento catalán tras el sorpasso a Ciudadanos y al PP.

    Sin embargo, todas esas alteraciones del mapa político catalán no solo no proyectan una perspectiva de cambio en la solución del conflicto catalán, si se tienen en cuenta las reacciones a los resultados realizadas por los candidatos independentistas, porque las urnas han dicho que la victoria de ERC sobre JxCAT ha sido muy corta, porque los escaños de la CUP vuelven a ser determinantes para la investidura de un presidente de la Generalitat con un mandato netamente independentista para que ponga en marcha el mandato de la independencia de forma inmediata, y porque el voto a este bloque ha superado por primera vez el 50 % en el global de los emitidos, de tal forma que el desafío al Gobierno y al Estado está servido, porque la amnistía y el referéndum de autodeterminación será la principal hoja de ruta de un nuevo Govern, al margen de la retórica de que será progresista.

    Ese será el intento de cuadrar el círculo de Pere Aragonés, un nuevo Gobierno catalán, sin sumisión a Waterloo, independentista y de izquierdas en el que se mezclen el agua y el aceite: por un lado las estrategias contrapuestas de ERC y JxCAT sobre la forma de afrontar el futuro político y por otro, juntar en la misma ecuación a JxCAT y los comunes y la CUP para resolver la crisis económica.

    Todo habrá cambiado para que
    todo siga igual si Aragonés no se distancia de Laura Borrás y si diseña un nuevo bipartito, que bajo la vigilancia de la CUP, vuelva a reproducir las tensiones que han marcado la legislatura finalizada, o que pida su disposición al diálogo sea para imponer un monólogo que se aparta del respeto a la ley.

    16 feb 2021 / 01:00
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