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“Orphelium Ensemble” y “Quinteto de viento de la OSG”

    Dos nuevas actividades por canal YouTube en las propuestas de la “OSG” desde el Teatro Colón-20´00 h.-, comenzando con la de hoy, que ofrecerá el “Orphelium Ensemble” para continuar mañana con el “Quinteto de solistas de viento” de la propia orquesta. El de esta jornada, como viene siendo habitual, está dedicado a los Bomberos, a Protección Civil y a los Voluntarios, destinando el de mañana a la Cocina Económica y a las ONGs de Coruña. El “Orphelium Ensemble”, es una formación integrada por Deborah y Berthold Hamburger, violín y chelo, respectivamente; el también viola Francisco Miguens Regozo, el contrabajista Todd Williamson, el fagotista Alex Salgueiro, el clarinetista Pere Anguera Camós y el trompa Nicolás Gómez Naval. En sus dominios, una obra que siempre ha gozado de gran aceptación, el “Septimino en Mi b M. Op. 20”, de L.v. Beethoven, para instrumentos de cuerda y viento, obra que pretende acaparar la atención por esa curiosa combinación que contribuye decisivamente a su atractivo. Una composición que completará hacia 1800 cuando era un joven de veinte años y que tendrá su edición gracias a la firma “Hoffmeister”, un par de años después, cuando su biografía comience a experimentar un cambio que será definitivo.

    Todavía y en el espacio de los cuartetos de cuerda, género que dejará testimonios artísticos fundamentales, estamos con la serie del “Op. 18”. No es ajeno el músico a las dependencias con su maestro Haydn y de Mozart y en este caso, resulta visible la necesidad de expresarse con una obra de entretenimiento para esa combinación, dejando al margen el piano y en su beneficio, la ventaja de encadenar seis movimientos sin solución de continuidad, comenzando por un “Adagio” que nos llevará hasta un “Andante con moto allla marcia, Presto”. Un ejercicio donde prima el sentido de la invención en su fluidez y un rebuscado equilibrio de los distintos pasajes que consiguen llevarnos de la mano de forma imperceptible. Carli Ballola fue consciente de las cualidades de esta entretenida propuesta: “Hoy, las gracias moduladas del ”Septimino”, su mozartismo provocador y su complacida y casi irritante amabilidad nos parecen algo devaluadas; con la relativa poca estima actual, este trabajo de elegante academia, está pagando ahora la perfecta actualidad que tuvo en su momento”. Una obra dedicada a la emperatriz María Teresa, fue interpretada por primera vez en familia en el transcurso de una velada en el palacio del príncipe Schwarzenberg, poco antes de su presentación ante el público en general en el National Hoftheater vienés, el 2 de abril de 1800, que dio entrada también a otro estreno, el de su “Primera Sinfonía Op. 21”. Se acepta en cuanto al “Septimino”, que viene a ser uno de sus ensayos divertidos que muestran el admirable dominio en una formación poco frecuente.

    El “Quinteto de solistas de viento”, está integrado por la flautista Claudia Walker, que repite tras la primera sesión; el oboísta Casey Hill; el clarinetista Juan A. Ferrer Cerveró; el fagotista Steve Harriswangler, de nuevo otra vez y el trompa David Bushnell, con cinco obras que nos reservan para mañana. Alexander con Zemlinski con una “Humoreske” (rondó), compositor del que la “Sinfonía lírica Op. 18”, se ha convertido en una de sus creaciones bandera, digno representante de la escuela vienesa condenada a la dispersión tras los años de oprobio, pero que vivió aquella experiencia que compartieron A. Schonberg, Anton Webern y Alban Berg. Fue durante un período director de la Ópera de Praga, a fin de cuentas, el entorno cultural vivía de influencias compartidas desde hacía varias generaciones. Será precisamente Berg quien le citará en su “Suite lírica”, tomando detalles de la “Sinfonía lírica”. De sus óperas, mantienen vigencia””König Kandaules”, “Der Zwerg” o “Der Kreiderkreis”. A este autor, seguirá A. Kushart con un “Quinteto”, antes de encontrarnos con el Shostakovich, de la “Suite de jazz”, en una de sus piezas. Shostakovich/D. Gofort, en un guiño a ese compositor que tuvo una consideración mayor a través de sus sinfonías en estas dos últimas temporadas.

    El Shostakovich de las dos suites de jazz, en las que se permitirá particulares licencias en las aproximaciones a músicas de menores urgencias, bastantes de ellas producto de los compromisos con el cine, trabajos de los años treinta y que tentarán a Kubrick en su filme “Eyes Wide Shut”. La segunda de las suites procedía de un compromiso con la “State Jazz Orchestra”, de Victor Krushevitsky, cuyo registro se perdió hasta que en el año 1999, lo recuperó el pianista Manashir Yakubov, materia que servirá para una nueva orquestación de Gerard McBurnen. Antonin Reicha, del que se tomará el “Quinteto Op. 82 nº 2”, el checo, tentado habitualmente por las obras didácticas, había nacido en un ambiente musical con los vientos a favor e incluso llegó a mantener una excelente relación con Beethoven, por la relación nacida en los años de estudios compartidos con Neefe. Adrien Barthe, completa con un “Pasacaille”, maestro que estudió con Aime Leborne, en el Conservatorio de París, y que destacará especialmente por obras como “Aubade”, estrenada por Paul Tafanel, o la ópera “Fiancée d´Abydos”, destinada al barítono Jean Vital Jammes, además de la serie de piezas para piano a cuatro manos “Pays Basque” y las cantatas “Judith” y “Don Carlos”.

    11 jun 2020 / 10:18
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