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Parques temáticos y turismofobia

    Hace algunos años un grupo municipal santiagués acuñó el concepto de “parque temático” para definir un estado de situación referido a los perjuicios que en aquel entonces causaban a la ciudadanía las irrupciones descontroladas de turismo. Para muchos ciudadanos en aquellos momentos la connotación peyorativa de tal concepto pudo parecerles excesiva, yo entre ellos. Hoy debo rectificar de la a a la z, porque creo que el concepto no sólo es justo y perfectamente aplicable a la situación actual, sino que merecería ser complementado con otro ya en uso en importantes ciudades españolas que sienten el agobio de esas invasiones. Es el de turismofobia.

    ¿Qué puede generar en una ciudadanía compuesta por pacíficios y sencillos ciudanos reacción ante oleadas de turistas? ¿Podrán ser simples expresiones de un conservadurismo exacerbado, de amor por lo propio, por su ciudad, por sus costumbres, que ven quebrantadas?. La respuestas podrían venir de ahí, pero aumentadas y razonadas. El elenco de causas para el repudio sería extenso, pero condensable en una única idea, la del respeto. Eso es, simplemente, a lo que aspiramoos los naturales. Y por respeto entendemos la no irrupción con ruidos intempestivos sin la mínima consideración, con gestos y actitudes de tierra conquistada. O el incivismo de organizar picnics o similares en plena plaza del Obradoiro. En este sentido es de alabar la iniciativa del Grupo Popular del Concello de imponer sanciones a los comitentes de este tipo de actuaciones,. Pero el catálogo continúa. Podrían ser esas expresiones de suma incultura como la de utilizar piezas escultóricas, por ejemplo la situada en la misma plaza, como asentamiento para plasmar a la familia en foto .Y ya sobre fotografías, esa servidumbre, forzada, de ir esquivándolas, con exigencias inclusive en algunos casos, de forma imperativa.

    O tal vez, esos grupos guiados que obstruyen soportales, plazas, dificultando el paso de humildes ciudadanos. O esa mendicidad nómada, importada al socaire del tirón turistico y compuesta por españoles e inclusive extranjeros, por si no fuese suficiente la dotación local de todo el año. Sin omitir una referencia a esas convocatorias masivas, hechas a veces con improvisación y sin suficiente andamiaje de infraestructura. En fin, y para cerrar, la suciedad, el abandono, el desprecio a espacios verdes ocupados de forma invasiva como alternativa a jornadas de playa. Añadiría alguna más, pero me limito a esto. Sé que habrá más de una voz que critique estás lineas apelando a eso tan común como la permisividad, o la caridad, cuando no a motivos más materiales alegando que se trata de nimiedades, de insignificancias. Cuando esas “nimiedades” generan repulsa de una buena porción de ciudadanos sensibles, dejan de serlo para convertirse en problema. Eso es lo que pretendo analizar.

    El año 2022 pasará a la historia local de Santiago como el de un auténtico “boom” turístico, Y como sucede siempre que se producen fenómenos inesperados cabe la duda de si el ámbito estructural es acorde con lo llegado. En definitiva, si hay infraestructura oficial suficiente. Por fortuna, hasta ahora no han trascendido sucedidos de gravedad que nos hicieran dudar de dotaciones suficientes en materia de seguridad o sanitaria.

    No creo que resulte ocioso un recordatorio sobre estas eventualidades. ¿Está suficientemente dotado el parque policial o asistencial para fenómenos invasivos como el que se está viviendo en Santiago? Los elementos de protección, junto con los disuasorios o de corrección resultan imprescindibles, en eso estaremos de acuerdo. Y es que una insuficiencia en ese sentido acrecentaría en el sufrido y paciente ciudadano ese sentimiento que se ha dado en llamar “turismofobia”.

    10 ago 2022 / 00:16
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