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Reseña Musical

Paul Gay (bajo-barítono)- Maciej Pikulski (piano): Del Lied a la mélodie

    Segundo concierto del “XXI Ciclo de Lied” que promueven Amigos da Ópera de Santiago, en el Teatro Principal- 20´30 h.-, con un programa que transita del lied a la mélodie, en interpretación del bajo-barítono Paul Gay, acompañado al piano por Maciej Pikulski, un cantante que cultivó importantes roles operísticos: “Golaud”, de ”Pelléas et Melisande”; “Don Fernando”, de “Fidelio”, además de otras óperas como “Der Zwerg”, “I Capuletti e I Montecchi”, “Achile”, de “Giulio Caesar”, “L´enfent et les sortiléges”; “Le Comte des Grieux”, “Haresta”, de “La pequeña zorra astuta””; ”Oedipo”, de G.Enescu” y repertorio actual en el que destacan “L´Ecole des Femmes”, de Rolf Liebermann o “Yvonne Princesse de Borgone”, de Philippe Boesman. Recibió un “Grammy” por ”L´enfent etles sortiléges”, dirigido por S.Ozawa, con la O.F. de Berlín. Pikulski, el pianista, pasó por la docencia de Dominique Merlet y Clive Britton, alumno de C.Arrau. Participó con primeras voces en los coliseos de más prestigio, y entre las mismas, destacan José van Dam; Renée Fleming, Thomas Hampson, Nathalie Dessay, Laurent Naouri, Dame Felicity Lott, María Bayo, Veronique Gens o Patricia Petibon. Grabó el “Concierto nº 2, de S.Rachmaninov y una colaboración especial con el chelista Raphael Chretien.

    F.Schubert en mayor atención, entremezclado con el tratamiento de F.Liszt, para piano solo, de “Standchen”. La poética de Mayhofer, aparece en “Auf der Donau D 553” entre meandros que nos arrastran por las aguas del río. El músico supo atenerse al espíritu de las piezas, con una colaboración ejemplar del teclado. Los lieder se aferran a una insinuante libertad de discurso. “Farht zum Hades D. 526”, (Descenso a los infiernos), es un ejemplo más, dentro de esa idea de cambios atmosféricos permanentes que dejarán sus préstamos en “Der zürmenden Diana D. 707” o en “Nachtstüch D. 672” (Pieza nocturna). También en este grupo, “Wie Ulfru fischt D. 525”, de mejor rendimiento para una voz como la de este bajo-barítono. Franz von Bruchmann, uno de su íntimos amigos y buen traductor de B.Spinoza, amante de las matemáticas y la filosofía , pondrá a su servicio cinco poemas, uno de ellos elegidos en la jornada, se trata de “Der zürnende Barde D. 785”, también una dedicatoria para el lucimiento de los recursos de una voz grave. Un bardo embravecido, que cuida su lira contra todos: Esa lira que le protegerá de todos, gracias al sortilegio de las divinidades. Poetas de aquí y de allá, fueron argumento sentido de sus debilidades, como otro de sus inseparables colegas, Schleschta, de las piezas nacidas a salto de mata, nos quedamos con “Totengräber Weise D.869”, con su tratamiento estrófico complejo.

    Pieza arquetípica y con excelente aceptación, descubrimos en “Heidenröslein D. 257”, una de esas delicadezas siempre presentes en la memoria de los aficionados al lied y uno de los mejor tratados musicalmente. Es difícil encontrar en donde reside el embrujo y la magia de esta encantadora canción. En las cercanías inmediatas, un ramillete en el que podríamos juntar “An de Mond D.259”, “An Mignon D. 161” o “Die Spinnering D. 247”. Goethe en su hermanamiento con el compositor, observa similar ardor juvenil del que no está ausente cierta ingenuidad. De los llamados “Goethe-Lieder”, un total de nueve, proceden del período de 1821, sacados del “Diwan” y otros dos del “Wihlelm Meister”. Uno de ellos es “Grenzen der Menschheit D.716”, en la línea de un poema meditativo y que se nos ofrece como el negativo de otro de los lieder, “Prometeus D. 674, típico modelo de genuino “Sturm und Drang”, contemporáneo de “Kronos” y de “Ganymed”, siguiendo el muestrario de la sensibilidad goethiana.

    Pedirá paso la mélodie y en el frontispicio, Henri Duparc, quien había recibido la influencia de César Franck y que pronto dio a conocer algunas de sus mélodies a la edad de20 años. Atento a la larga tradición francesa, conseguirá un apreciable dominio en la aproximación a una curiosa simbiosis con las confluencias alemanas, en parte por su admiración a Wagner. La intensidad del tratamiento de las líneas vocales, conseguirá un declamado que cuidará el sentido de la prosa. “La vie antérieure”, recurre a un testo de Charles Baudelaire, procedente de “Les fleurs du mal” (Spleen et Idéal), y que será orquestado hacia 1894. “Extase” (Lahor, “L´Ilusion”), que para Pierre de Bréville, peca de un reconocible wagnerismo dentro de la impronta del “Tristan”. “Le Manoir de Rosemonde” (Bonnières), marcado por las pretensiones simbolista del poeta y a la vez amigo. “Lamento”, recurre a T. Gautier, y es una dedicatoria entusiasta a Gabriel Fauré, al que ya había puesto en música H.Berlioz. “La vague et la cloche”, procede de “Le Reliquaire”, de Coppée, otra pieza fantástica para voz grave.

    De Maurice Ravel y para piano solo, “Ondine” , de “Gaspard de la nuit”, esa Ondina que roza con sus gotas de agua los rombos sonoros de tu ventana iluminada por los mortecinos rayos de la luna. Es el canto de la seductora de las aguas que ama el poeta. Canta tiernamente la Ondina con una indecisión tonal que ayuda a crear el hechizo, insistiendo en un “crecendo” vehemente y apasionado. Otro Ravel con “Don Quichotte à Dulcinée”: “Chanson Romanésque”, “Chanson épique” y “Chanson à boire”. Nacidas de un texto de Paul Morand y que habrían de servir como intermedio para el filme de G.W.Pabst, inspirado en Cervantes, en el que el principal actor sería Fédor Chaliapie, aunque el trabajo se lo quedará Jacques Ibert.

    22 sep 2020 / 00:00
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