Santiago
+15° C
Actualizado
sábado, 23 enero 2021
18:15
h

Quien miente

    FUNDAMENTAR la vida familiar, una profesión, el ejercicio de la política o cualquier otra actividad sobre el pilar de la mentira, es deleznable y digno de desprecio.

    Entendida la mentira en su primera acepción –“expresión contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente”–, quien vive de ella o con ella se convierte en esclavo del compromiso íntimo de mantenerla oculta.

    Quien miente, desearía que los hechos se produjeran como él los concibe y no como son, conducta que, tal vez, pueda responder a una patología.

    Quien miente, suele hacerlo con “su verdad” por delante, porque no cree en la verdad, sin adjetivos; la verdad no es mía, tuya, suya, nuestra, vuestra o de ellos. La verdad es única y no tiene dueño.

    Quien miente, acostumbra hacerlo retorciendo la verdad, manipulándola y ocultando aspectos de ella. En suma, quien miente disfraza la verdad y por ello es un falsario.

    Quien miente, suele hacerlo en busca de beneficio propio –ya sea material, poder, imagen, o por mera maldad– con independencia del daño que cause a su alrededor. Quien miente, carece de empatía y actúa con frialdad.

    Quien miente, trata de eludir responsabilidades porque le falta la gallardía y la humildad necesarias para reconocer sus errores y limitaciones. Quien miente, es altanero.

    Quien miente por servilismo, adulación o agradecimiento es merecedor de reprobación; lo mismo que el beneficiario de su mentira, por consentirla y no reprobarla.

    Quien miente, desprecia a sus adversarios y actúa con soberbia y arrogancia porque los considera incapaces de conocer la verdad.

    Quien miente ocultando la verdad, carece del coraje y la decisión necesarios para revelarla, y con su silencio la corrompe y se corrompe él mismo.

    El mendaz, embustero y farsante es merecedor de aborrecimiento; el que yerra y se disculpa se hace acreedor del perdón y la excusa; la verdad, sencillamente, se acepta, porque, de no hacerlo, se impondrá con su propia fuerza, antes o después.

    Sabia reflexión la del filósofo Anaxágoras: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa. Si me engañas dos, es mía”.

    20 jun 2020 / 00:58
    Noticia marcada para leer más tarde en Tu Correo Gallego
    TEMAS
    Tema marcado como favorito
    Selecciona los que más te interesen y verás todas las noticias relacionadas con ellos en Mi Correo Gallego.