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Raxoi y convivencia política

    A diferencia del socialismo patrio, transmutado a Gobierno de la nación, el socialismo compostelano, metarfoseado también en Gobierno local, parece que ha evitado –se deduce de su web oficial– la perversión de utilizar el ámbito gubernativo para, desde él, hacer crítica soez, por mentirosa, y descalificadora de la oposición como se viene haciendo contra Ayuso y Feijóo desde La Moncloa tras cada Consejo de Ministros.

    Eso sí, en similar visceralidad, también desde el Gobierno santiagués se practicó el repetido actuar sanchista de responder a una crítica con el viejo refrán de que una pena –cierta o inventada– tapa otra pena –la que es objeto de crítica–, que en lenguaje político equivale al archirrepetido “y tú más”, en vano intento de eludir responsabilidades propias.

    Por eso la unánime crítica de la oposición sobre el deplorable estado del transporte público –expuesta con irrefutables argumentos en los debates de Onda Cero, más sustanciosos, por cierto, que las anodinas sesiones plenarias–, y que llevó al presidente del PP local, Borja Verea, a pedir la dimisión del concejal responsable, Gonzalo Muiños, fue respondida por éste con una sarta de improperios, a cada cual más descalificador, que, puestos como estamos en refranes, es clara evidencia de que “quien se pica...”.

    Sólo tres apuntes para situar en sus justos términos la sinrazón de dicha réplica. Primero, las responsabilidades del PP en el pasado fueron juzgadas en las urnas, principio democrático que es bueno conocer. Segundo, dedicación no es sinónimo de eficacia, como bien reflejan tantas actuaciones del Gobierno local. Tercero, decir que “los autobuses tienen la ITV en regla” es, al sentido común, lo mismo que jurar que el concejal no mató a Manolete.

    Pero más allá de esta puntual reacción a la legítima crítica del responsable del PP, lo que subyace, en fondo y forma, es el continuado intento descalificador y de ninguneo de quien optará por esa formación a la alcaldía y con la legitimidad otorgada por la militancia popular –como Formoso tiene la del PSdG– para erigirse en su portavoz.

    Cierto que lo inusual de ser candidato ajeno a la actual representatividad municipal ha llevado a Verea a demandar, en ingenuidad propia de usos parlamentarios, una atención de Raxoi que es graciable por parte del alcalde, según sea su talante democrático.

    Lo que sí se escapa de toda práctica de convivencia política es el persistente afán del equipo de Gobierno local por la descalificación del oponente. Hasta el punto de que su servicio de protocolo lleva –¿inducida?– esa minusvaloración a ámbitos ajenos a su cometido y en extremos que, respondidos con idéntica educación, dejarían en deplorable bochorno público a sus representados. Y como, se insiste, no es la primera vez que sucede, cabe preguntarse si en Raxoi algo huele a desnortado nerviosismo electoral.

    Pregunta por demás pertinente para el resto de la oposición ante la insólita negativa de debatir con el candidato popular fuera del ámbito municipal y a invitación de un colectivo ciudadano. Lo dicho, cuestión de talante democrático, además de error de manual.

    12 nov 2022 / 01:00
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