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Sablazos impositivos

    EL socialismo es una extravagancia que solo se pueden permitir los ricos, o los que atraviesan por cierto periodo de prosperidad. Sánchez no necesitaba una pandemia para arruinar España (el socialismo tiene suficientes recursos para hacerlo sin necesidad de un virus), pero no hay duda de que el COVID ha acelerado el desastre. Es probable que la cascada de despidos y quiebras que se anuncian, sea solo el comienzo de una larga pesadilla y a medida que arrecie el sufrimiento en tantos hogares, sonarán aún más indignantes las ocurrencias con que nos ha obsequiado el Gobierno los últimos meses.

    La economía es una ciencia compleja, pero con algunas pautas fáciles de entender: el dinero no crece de los árboles y cuanta más gente lo gane, mejor para todos. Las economías o crecen, respiran, viven, y circulan o mueren y el socialismo parece actuar siempre como inhibidor natural del crecimiento penalizando a quien crea riqueza y sostiene al país.

    Nuestro Gobierno es la única gran economía del euro que ha optado para salir de la crisis por subir impuestos frente a las rebajas fiscales de Grecia, Italia, Alemania o Francia. La política fiscal de Sánchez castiga sobre todos a las familias de clase media trabajadora, a las que prometió no subir impuestos, pero les ha cargado con la tasa Tobin, la tasa Google, el incremento del IVA en las bebidas azucaradas, el canon verde, el aumento de las primas de seguros, la subida en Sucesiones o en Transmisiones Patrimoniales. Incluso se ha llegado a anunciar, aunque finalmente parece que se aplaza la decisión, la eliminación de la tributación conjunta en el IRPF, de la que se benefician 4,2 millones de personas.

    Somos un país de clase media que es la que precisamente soporta la mayor parte de la recaudación del IRPF, IVA e impuestos especiales. Es la columna vertebral de la sociedad y sin haber tenido tiempo para recuperarse de las últimas crisis económicas globales, de nuevo es la más castigada por el COVID.

    Los impuestos han de servir para financiar los servicios públicos y para que el país sea competitivo, favoreciendo la atracción de inversión, talento y tecnología, pero son rechazados instintivamente porque no se percibe que ello se traduzca en mejores servicios. Por tanto, para recuperar la confianza del ciudadano hay que apostar por políticas económicas de reconstrucción y fortalecimiento basadas en la creación de empleo y la reducción fiscal. Es decir, justo lo contrario de lo que se pretende.

    Debería ser una prioridad ampliar y reforzar la clase media y dejar de asfixiar a las familias. Millones de personas ahorrando, invirtiendo en la educación de sus hijos, esforzándose en mejorar en su trabajo y pagando los impuestos justos es lo que hace avanzar a la economía. Nuestra clase media debe ser el centro del debate político y no la víctima de una política fiscal confiscatoria.

    04 may 2021 / 01:00
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