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Un nuevo curso

    EMPIEZA un nuevo curso. Un curso que se abre con las mismas esperanzas con las que se abrieron otros, pero también con los interrogantes del curso pasado. ¡Qué necesidad tenemos de poder disfrutar de un ciclo académico con la misma alegría y la normalidad de los de antaño! La tenemos nosotros, la tienen las profesoras y los profesores pero, sobre todo, y por encima de todo, la tienen las niñas y los niños. Ellos fueron los protagonistas con mayúsculas de los últimos nueve meses en las aulas; las superheroínas y los superhéroes de una guerra con la que no tenían nada que ver. Ahora, tres meses después, vuelven a la carga con la misma ilusión de siempre...

    Seguramente hemos sido muchos los que, por miedos, por respeto y, por qué no decirlo, por responsabilidad, el año pasado les sometimos a un estrés escesivo. Eso les privó de muchas cosas... Les privó de poder relacionarse como debían. Les privó de poder abrazar a quienes querían. Les privó de poder jugar con quien deseaban. Y, a un tiempo, les invitó a normalizar una serie de prácticas en las que nunca creímos que les educaríamos: mantener las distancias, dejar de compartir, exagerar la limpieza y cambiarse una y otra vez. Nunca pensamos vivir semejante pesadilla. Pero mucho menos creímos ser capaces de hacer protagonistas indirectos de la misma a quienes más queremos: a nuestros peques.

    Hoy vuelven a clase. Volverán a vestir mascarilla, a limpiarse con gel hidroalcohólico, a mantener más distancias de las normales. Es lo que toca. Pero, ¿saben qué? Nuestro trabajo, en gran medida, pasa por hacerles disfrutar todo lo que podamos desde la responsabilidad y la alegría. ¿Cómo? Para ilustrarlo a mí me encanta recordar aquella escena de Wido y de su hijo en el patio del campo de concentración en La vida es bella.

    No se trata de ignorar que hay una pandemia, como tampoco se trataba en la película de obviar la existencia de una guerra. No se trata de exponer a nadie al virus sin necesidad, como tampoco se trataba en la película de llevar a nadie ante los soldados y ponerles frente a los fusiles. Y es que tan mala es la ausencia de resiliencia como su incorrecta interpretación. Se trata de adaptarse desde el positivismo, pero sin dar la espalda a la realidad. Se trata de afrontar el nuevo curso con alegría, pero sin obviar la responsabilidad personal de cada persona. Y es que quizá esta sea nuestra gran oportunidad de educar a nuestras y nuestros peques en un montón de valores...

    Enseñémosles a ser valientes siendo responsables. Enseñémosles a respetar las normas, pero con sentido común.

    09 sep 2021 / 01:00
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