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Un respeto a sanitarios y mayores

    CREÍAMOS que un acontecimiento tan trágico como esta pandemia iba a sacar lo mejor de la condición humana. En muchos casos así ha sido; pero no en todos. Cuando la sociedad debería estar más unida y volcada en superar la adversidad sanitaria, económica y social, hay quien opta por el enfrentamiento, la división, e incluso el desprecio o la falta de respeto hacia el prójimo. Lo vemos en quienes no miden sus palabras y expresiones, ni a título privado ni, lo que es peor, en contextos públicos.

    Hace poco Fernando Simón fue reprobado por las asociaciones de médicos. El colectivo de enfermería lo había amonestado también días atrás. Comprendemos el malestar de estos admirables gremios con el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad por su falta de sensibilidad, precisamente, hacia quienes estuvieron más desprotegidos desde el inicio de una pandemia que está llevando al límite la resiliencia de los sanitarios, así como evidenciando que sólo su vocación y profesionalidad los mantiene a flote.

    ¿Qué ha quedado de los aplausos y las lágrimas que les dedicábamos desde nuestros balcones? Porque ellos siguen donde estaban: cuidando a los enfermos y, sí, atendiendo a sus familias también. Criticar, aunque sea veladamente, el comportamiento de nuestros sanitarios fuera de su ámbito laboral semeja hasta cruel, como si no tuvieran familias, parejas o hijos que pudiesen contagiarlos al igual que al resto de los mortales. Una cosa es pedirles que aguanten, que sigan cuidando a los enfermos durante jornadas interminables, y con contratos y sueldos precarios. Pero criticar su actitud en la esfera privada resulta excesivo, y denota una pose paternalista hacia un colectivo al que deberíamos mostrar nuestro más profundo agradecimiento y respeto.

    Otro ejemplo de la necesidad de cuidar nuestras declaraciones lo ha proporcionado la portavoz del PSOE Adriana Lastra, quien, ante las críticas de algunos socialistas por los pactos de su Gobierno, se refirió a ellos como “mayores” a los que escucha, pero precisando que ahora le toca gobernar a una “nueva generación”. No entiendo su deseo de tildar de “mayores” a quienes en su partido no aceptan su proceder. Las críticas las han vertido socialistas de diferente edad y condición.

    Tampoco comprendo su discriminación por razón de edad. Nuevamente, si no aceptamos los acertados consejos de nuestros mayores, tratémoslos al menos con respeto. Adriana debería entender que no es inteligente que ahora sean los jóvenes quienes deban decidir. Siempre, pero quizá hoy más que nunca, la colaboración entre jóvenes y maduros es imprescindible para lograr un mundo más justo y eficaz. Es más; si queremos una sociedad verdaderamente sabia, la aportación de nuestros mayores resulta imprescindible.

    21 nov 2020 / 20:27
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