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Violencia y prensa controlada

    PARA no perderme en el bosque de informaciones que estos días acogen los medios, elegí para este comentario dos asuntos de actualidad sin que sepa decir en qué proporción asombran, preocupan o indignan a los ciudadanos.

    El primero es la ola de violencia y vandalismo solidario con un rapero condenado por la comisión de un abanico de delitos. La noticia no está solo en el saqueo de comercios y daños a bienes privados y al mobiliario urbano, sino en que los energúmenos están alentados por Podemos, partido que forma parte del Gobierno de España. “Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles”, tuiteó su portavoz. ¿Se imaginan una parte del Gobierno francés alentado a los chalecos amarillos?

    Por cierto, el presidente del Gobierno tardó tres días en desmarcarse de los disturbios callejeros y siete en salir en defensa de la calidad de la democracia española que cuestionó su vicepresidente. “La violencia es inadmisible en una democracia plena como es España”, dijo. Es una vaga declaración que suena a genérica defensa de valores democráticos, pero vale más tarde que nunca.

    Claro que, la condena de esta violencia sería más creíble si apartara del Gobierno al partido que la considera “un instrumento válido para la acción política”. ¿Cómo explicar tantos días de silencio? Quizá por la tardanza de la factoría Redondo en encontrar el argumentario o porque el presidente no sabe diferenciar libertad de expresión de cultura de violencia y fascismo de izquierdas.

    El segundo asunto es la respuesta del vicepresidente a un diputado en la que defiende el control público de los medios de comunicación privados. “Los dueños de los medios incluso tienen más poder que yo, que soy vicepresidente del Gobierno” (aunque nadie sabe qué funciones desempeña), son “un poder sin control democrático”. Quiere amordazar a la prensa y controlarla con la misma impunidad con que controlan los medios públicos. Esto sí es una anormalidad, una barbaridad impensable en cualquier país democrático.

    El presidente del Gobierno que estaba presente –la intervención fue en sede parlamentaria– ni se inmutó al escuchar semejante atrocidad democrática. ¿Pensará lo mismo que su vicepresidente? ¿Querrá implantar en los medios privados el modelo manipulador de los públicos?

    Decía Jefferson, tercer presidente de EE. UU., que prefería tener “prensa sin Gobierno que Gobierno sin prensa” porque los medios plurales y libres son esenciales a la democracia. Parafraseando a Kapuscinski, cuando el poder controla la información, la verdad deja de ser importante, tan solo existe la “verdad oficial”, el discurso único. Un horror.

    24 feb 2021 / 01:00
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