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    RESUENA en mi, estos días, la letra del famoso tango de Gardel, cuando estamos a punto de resetear nuestras vidas ante la rentrée de Septiembre que tanto nos caracteriza en el spanish way of life. Volvemos a mirar a la cara, frente a frente, a una realidad que nunca ha desaparecido, pero que nos han ayudado a obviar, con entretenimientos varios, durante este mes de agosto desde las más altas instancias de Moncloa.

    Dice el tango “tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida” y me pregunto si, en un ejercicio de recuperación de la consciencia, tras el letargo sobrevenido del solsticio de verano, somos quienes de asumir la dura situación que venimos de padecer y cuyas consecuencias nos esperan a la vuelta de la esquina, sin tregua, sin compasión.

    No seré yo quien esparza semillas de pesimismo entre las líneas de esta reflexión, nada más lejos de mi intención, pero me gustaría reivindicar el sano ejercicio de pensar que, a menudo, se subestima estratégicamente buscando cierta despersonalización colectiva o un adormecimiento del análisis crítico individual. Una de mis escritoras favoritas, compañera en mis lecturas estivales, Siri Hustvedt, parafraseando a psicoanalista británico Wilfred Bion, recoge la siguiente afirmación “Si surge un pensamiento sin pensador, puede ser un pensamiento perdido o bien un pensamiento que lleva escrito el nombre y la dirección del propietario o quizá sea un pensamiento salvaje. Cuando esto sucede el problema radica en saber qué hacer con él”.

    Pues bien, esto me lleva a buscar la luz al final del túnel hacia el que nos ha estado conduciendo el modus operandi de la política de un gobierno central que, cual guión de Hollywood, intenta que comamos palomitas mientras nos recreamos en una ficción desmedida sin ningún final. Una narrativa que entretiene a una audiencia obnubilada con los efectos especiales, sin buscar un hilo conductor con coherencia, sea éste más o menos ortodoxo, más o menos esperado o improvisado. Un agolpamiento de acontecimientos en tiempo record cuya relación tiempo-espacio, véase la velocidad, supera al ritmo ralentizado de actividad cognitiva al que nos están acomodando.

    Ante los últimos acontecimientos relacionados con la política internacional de este gobierno en vacaciones de un estado en vacaciones, recaigo en otra página soberbia de Hustvedt en la que describe elucubraciones de un personaje que explica el concepto de angustia, trabajado por el filósofo Kierkegaard, como el producto de su encuentro con la nada, aludiendo a que vivimos en un tiempo de actualización de la nada y afirmando que no sería descabellado aceptar la verdad de que la nada es el fundamento de este mundo.

    Y mientras adormecemos la capacidad que más define a la especie humana, res cogitans, y difuminamos nuestra responsabilidad tan demandada en el último año, con un mojito y una bolsa de pipas por debajo de la mascarilla, nos afanamos en el paradójico ejercicio de arreglar la nada con los vecinos de hamaca. Pero no debemos preocuparnos, desde el Ministerio de Educación, ya se encargan de oficializar esto de no pensar para que las generaciones venideras lo tengan más fácil, sin hablar de la cartera de Universidades y dándole el beneficio de la duda a la nueva titular que dirigirá los derroteros de la Ciencia, tan injustamente tratada durante los años prepandemia.

    Oteo el horizonte y sigo cantando “guardo escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón”.

    27 ago 2021 / 00:30
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