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Afganistán: vuelve la limpieza étnica

Tras la toma del poder por los talibanes, los medios de comunicación mundiales volvieron a centrar su atención en Afganistán. Los informes, comentarios y análisis sobre el país se dispararon. La mayoría de procedían de las principales ciudades, Kabul, Herat y Kandahar. En sus primeros días, los líderes talibanes intentaron tranquilizar a los afganos asegurándoles que habían cambiado desde su anterior y severo gobierno del país a fines de la década de 1990.

Poco a poco, como se preveía, los medios de comunicación se fueron olvidando de Afganistán y los talibanes continuaron haciendo lo que habían hecho en la década de los noventa. Recientemente, Amnistía Internacional informó que las fuerzas talibanes mataron a 13 personas de etnia hazara, la mayoría de los cuales eran soldados afganos que se habían rendido a los insurgentes en la provincia de Daikundi. De las víctimas, once eran miembros de las fuerzas de seguridad nacionales afganas y dos eran civiles, entre ellos una niña de 17 años. El asesinato de esas 13 personas es una pequeña parte de lo que están haciendo los talibanes en distritos y pueblos remotos, pero preparar el informe le supuso a Amnistía Internacional alrededor de tres semanas de trabajo.

Ahora que los medios de comunicación se han ido de Afganistán y el público de otros países se está olvidando de él, la pregunta es: ¿qué está sucediendo realmente en Afganistán? Por ahora, y muy importante, un colapso económico y una crisis humanitaria pronto afectarán a la mayoría de la población, en particular a aquellos en las áreas rurales cuyas propiedades y alimentos están siendo saqueados por los talibanes en un momento en que el grupo islamista tiene dificultades para mantener la economía en movimiento.

Organizaciones como las Organización Mundial de la Salud están enviando algo de ayuda al país, pero es como una gota en el océano en comparación con lo que se necesita. Se está produciendo un verdadero desastre que fácilmente podría provocar que el país y toda la región se desestabilizaran aún más. Además de esto, como los talibanes no tienen dinero y ni siquiera pueden pagar a su gente, saquean las propiedades de los campesinos hazara en la provincia de Daikundi y el distrito de Nawmish en la provincia de Helmand, por ejemplo, y los obligan a dejar sus casas, tierras y todo lo que poseen.

La pobreza y el hambre son los problemas comunes que afectan a la mayoría de la población del país independientemente de su origen étnico, pero para los hazaras las cosas son mucho más difíciles., porque, además de la pobreza generalizada y el duro invierno que se avecina, los talibanes y el ISIS los han estado atacando. Los talibanes los han desplazado por la fuerza de sus tierras, y el ISIS directamente los ha estado matando. Los últimos casos han sido los ataques a las mezquitas chiitas hazara en la provincia de Kunduz, donde murieron más de 120 personas, incluidos niños., y de Kandahar, el día 15 de octubre, la cifra real de cuyas víctimas se conocerá, como siempre, varios días después del atentado. Matar es la principal especialidad de los talibanes. En las últimas dos décadas y media, han matado a miles de miembros de las fuerzas nacionales e internacionales, han colocado bombas en las carreteras, han utilizado a cientos de terroristas suicidas y se han cobrado la vida de miles de civiles. Los combatientes talibanes están acostumbrados a luchar, destruir las edificaciones y saquear. En su mayor parte, han sido entrenados para hacer una yihad ininterrumpida, puesto que sin yihad y sin lucha, los combatientes islamistas pierden su sentido e incluso su identidad. Después de 20 años, los principales enemigos de los talibanes, las tropas estadounidenses y de la OTAN, se han ido, pero eso no significa que la sed de los talibanes por la yihad también se haya apagado. La pasión de los talibanes por matar en el camino de Alá siempre está ahí y el grupo no ha permanecido inactivo. La evidencia muestra que los talibanes se han centrado en un enemigo interno que, como ellos creen, ha estado ayudando a los estadounidenses y a la OTAN a difundir la democracia. Ese enemigo son los indefensos hazaras, un grupo étnico de origen mongol, idioma persa y fe chií, completamente diferentes de las raíces arias, el idioma pastún y la fe sunita de los talibanes.

La violencia de los talibanes contra los hazaras sigue un patrón similar a la forma en que el estado afgano persiguió a los judíos de Afganistán. En los años 40, los pastunes, el grupo étnico más poderoso, fueron influenciados por la Alemania nazi. Como los pastunes también dominaban el estado, metieron por la fuerza a los judíos en barrios marginales de Kabul y les prohibieron hacer cualquier trabajo fuera de sus guetos. Cientos perdieron la vida como resultado del empobrecimiento absoluto, pero algunos sobrevivieron y lograron llegar a Israel en los años 50. La persecución de los hazaras comenzó cuando los británicos llevaron al poder a Amir Abdul Rahman Khan, el rey pastún, en la década de 1890, cuando Amir consiguió fatwas de los mulás sunitas contra los hazaras chiitas, que querían mantener su independencia de facto en Hazarajat. El resultado de la campaña de Amir fue el genocidio, el desplazamiento masivo y la esclavitud de los hazaras en manos de los pastunes. Desde entonces, los hazaras siempre han sido deshumanizados y considerados subhumanos. Hasta 1920, la venta de hazaras como esclavos era legal.

En los últimos 20 años de presencia internacional en Afganistán, a pesar de la marginación y discriminación impuestas por el estado afgano, los hazaras intentaron construir un futuro a través de la educación y los medios pacíficos de participación en el poder político, pero ahora con la retirada de la comunidad internacional de Afganistán, se enfrentan a una seria amenaza para su supervivencia. Mientras los talibanes cometen atrocidades, la ONU, una de cuyas misiones es mantener la paz y prevenir crímenes como el genocidio, guarda silencio y es en parte cómplice de lo que les está sucediendo a los hazaras. Ninguna organización mejor que la ONU sabe que los hazaras corrían y todavía corren un gran riesgo, pero todo lo que ha hecho durante los últimos 20 años fue desarmar a los hazaras y luego dejarlos solos en manos de los terroristas. En los últimos 20 años, la mayoría de las provincias hazaras fueron excluidas de los programas de desarrollo financiados por la OTAN y Estados Unidos. De las 34 provincias en las que los Equipos de Reconstrucción Provincial han gastado millones, la única provincia hazara que se benefició del proyecto de desarrollo fue Bamiyán. Una de las razones fue que, basándose en la contrainsurgencia o la llamada “teoría COIN”, el objetivo principal de la operación internacional en Afganistán era limpiar las diferentes zonas de talibanes, instalar el nuevo gobierno y ganar legitimidad entre la población local a través de programas de desarrollo. Como no había talibanes en las zonas de mayoría hazara, no había conflicto ni tampoco proyectos de desarrollo.

Parte de la razón para excluir a las provincias de mayoría hazara de los programas de desarrollo fue la peligrosa imagen que los think tanks influenciados por los pastunes pintaban de los hazaras. Los hazaras fueron presentados exageradamente como pro-iraníes, un actor en la región cuya influencia nunca fue apreciada ni por Estados Unidos ni por la OTAN. Sea cual sea la razón, las provincias de mayoría hazara fueron económicamente marginadas y eso condujo a un mayor empobrecimiento de su población. El colapso del gobierno y el ejército afganos dio a los talibanes el acceso a enormes cantidades de equipo militar estadounidense, principalmente destinado al ejército afgano. Ahora los comandos talibanes utilizan ese equipo estadounidense para obligar a los hazaras a abandonar sus tierras.

La pregunta que surge es por qué se está atacando a los hazaras. Ellos mismos no saben por qué grupos islamistas como los talibanes y la mayoría de los gobiernos de Afganistán los han odiado tanto. No consiguen comprender que es lo que les pasa. Quizás el hecho de que se hayan extinguido las comunidades sij, hindú y judía, sea la razón de que los talibanes centren su odio en las mujeres y las niñas, y en ellos, considerado todos como chivos expiatorios. Se ha quitado la vida a miles de hazaras y se les han arrebatado sus tierras. No han desaparecido del todo porque son millones, pero si no se hace nada, morirán miles, ya sea directamente a manos de los talibanes y el ISIS o de hambre.

Hay algo muy importante pero que por lo general no se menciona, y es el hecho de que el genocidio hazara en la década de 1890 fue posible gracias al apoyo británico. Los historiadores británicos probablemente lo saben muy bien, pero lo ocultan en sus libros, por los demás muy bien documentados. Los británicos fueron cómplices del genocidio de los hazaras, pero como este grupo étnico no tiene una organización fuerte, ni ninguna capacidad para hacer presión en Occidente, y su historia suele ser contada por el grupo étnico más poderoso del país, los pastunes, a los británicos les resulta fácil dejar caer en el olvido su papel de encubridores, cómplices e instigadores del genocidio de los hazaras, otro de los pueblos condenados de la Tierra.

19 oct 2021 / 01:00
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