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Consecuencias de la retirada de la OTAN y los EE. UU. de Afganistán

Tras la retirada del ejército soviético de Afganistán en el año 1989, el Gobierno cayó en manos de los muyahidines y sobrevino una guerra civil que finalmente llevó a los talibanes a tomar el poder. Entre los años 1996 y 2001 llevaron a cabo numerosas masacres de los grupos étnicos y religiosos minoritarios, azotaron y lapidaron a cientos de mujeres a la vista de todos y castigaron a miles de personas por cosas tales como afeitarse la barba, llevar un corte de pelo occidental, poseer libros en lenguas extranjeras, escuchar cualquier clase de música o ver cualquier clase de películas; y todo ello se hizo en aplicación de la ley islámica. Desarrollaron una política exterior basada en los lazos estrechos con estados fundamentalistas, como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Pakistán, que fueron los únicos gobiernos que reconocieron a los talibanes como Gobierno legítimo, además de con algunos otros estados árabes.

Los talibanes dieron asilo y refugio a Al-Qaeda, el grupo terrorista más peligroso de esos momentos, autor de los atentados del 11-S, que causaron más de 5.000 muertos en los EE. UU. Y por esa razón y apelando al artículo 51 de la carta de la ONU, ese país, en el ejercicio de su derecho de autodefensa, decidió intervenir en Afganistán. Como además eran miembros de la OTAN, pidieron ayuda a la misma, apelando al artículo 5 del tratado que la creó, que establece que, si se diese el caso de que uno de sus miembros fuese objeto de un ataque, los restantes serán solidarios con él y tomarán las medidas necesarias para ayudar a su aliado. Así fue como comenzó la guerra contra el terrorismo en Afganistán. Primero se destruyeron los campamentos de Al-Qaeda y luego se derrotó a los talibanes y se les apartó del poder, como no podía ser de otra manera.

Tras esa derrota se dotó al país de una nueva constitución y de un régimen democrático, por lo menos en el papel, y lo que es más importante de todo: se creó un ejército nacional. Las universidades y las escuelas dieron acogida a los dos sexos, pero en muchas provincias las mujeres no llegaron realmente a entrar en las escuelas de modo significativo. A la lucha contra el terrorismo se unieron los proyectos de desarrollo económico y creación de infraestructuras en muchas regiones, consiguiendo evidentes logros, a pesar de la notoria corrupción del Gobierno afgano. Y todos esos proyectos fueron posibles gracias a las importantísimas inversiones de la comunidad internacional y al esfuerzo del pueblo afgano.

El presidente de los EE. UU. Joe Biden, anunció el día 14 de abril de 2021 la retirada total de las tropas de su país el día 11 de septiembre, jugando así con la fecha, y la OTAN le siguió inmediatamente en su decisión, antes de que se hubiesen cerrado las negociaciones con los talibanes iniciadas en febrero de 2020.

Desde entonces los talibanes no han dejado de violar el acuerdo de alto el fuego y reducción de la violencia, ni han mejorado su relación con el Gobierno; por el contrario continuaron con sus ataques, pero practicando sobre todo asesinatos selectivos. Se procedió a liberar a 5.000 terroristas, que habían sido ya juzgados y condenados por sus crímenes, los cuales se unieron inmediatamente a la lucha por la imposición de la sharía, o ley islámica exclusiva, en todos los territorios bajo su control. Ese proceso continuará y se intensificará, cuando se produzca la retirada total de las tropas ocupantes, y sus víctimas volverán a ser las mujeres y las minorías étnicas y religiosas.

El gobierno y los políticos pastunes no dejan de decir que “los talibanes se han reformado”, pero la verdad es que siguen igual que hace 20 años. Siguen apoyando a Al-Qaeda, porque comparten su misma visión del islam, y refuerzan sus lazos con sus militantes, por ejemplo, con matrimonios entre miembros de ambos grupos. El trato que dan a las mujeres tampoco ha cambiado en absoluto. Según la delegación del Gobierno de Herat, una mujer fue azotada en público en el distrito de Obe, bajo dominio talibán, y el vídeo del acontecimiento fue ampliamente difundido por las redes sociales, pudiéndose ver en él a la mujer rodeada por decenas de hombres. La mujer grita, mientras la azotan: “Perdón, perdón; por el amor de Dios, perdón”.

Según el estudio de la Universidad de Georgetown y el Instituto de Investigaciones por la Paz de Oslo Women, Peace and Security Index, 2019/2020, los dos países en los que la condición de la mujer es la peor son Yemen y Afganistán, los dos primeros en un listado de 167 países analizados. Esta es la situación cuando aún están presentes las tropas de ocupación, que apoyan al Ejército y al Gobierno nacionales. Tras su retirada todo será aun peor para las mujeres y las minorías. Coincidiendo con el inicio del mes de Ramadán el 14 de abril de nuestro año 2021, el presidente Ashraf Ghani pidió a los talibanes un alto el fuego durante ese mes sagrado.

Su respuesta fue la jihad tiene más sawab (recompensa en la otra vida) si se practica en el sagrado mes del Ramadán y por eso la continuaremos (Etilatroz, periódico de Kabul del 16 abril). Lo mismo habían dicho ya en el Ramadán del 2019: no aceptaremos un alto el fuego. La Jihad tiene una mayor recompensa en el mes de Ramadán (RFI Farsi, 4 de mayo, 2019).

El presidente Biden afirmó que su presencia en Afganistán no es rentable, pues es enormemente gravosa y además ya tampoco podrá asegurar la paz. La solución pasaría por negociar con los talibanes, que ya han decidido, a su vez, retirase de las negociaciones hasta que se cumpla la total retirada de las tropas, por lo que no acudirán a la conferencia de paz del 24 de abril organizada por Turquía, Qatar y la ONU.

En el último año ha comenzado un masivo exilio de las personas más influyentes en la sociedad civil: líderes políticos, periodistas, profesores universitarios e intelectuales y escritores opuestos a la ideología talibán, contra los que se practican asesinatos selectivos, ejecutados por los talibanes, a la vez que inmediatamente niegan su responsabilidad, atribuyéndolos a otros grupos terroristas. Los jóvenes simpatizantes de los talibanes hablan ya de la “gran venganza” que se avecina. Como señala un profesor de la universidad de Herat, que no puede revelar su identidad: “los talibanes ni respetarán el acuerdo firmado con los EE. UU. ni nada de lo que dicen ante las cámaras de los medios de comunicación internacionales. Solo quieren engañar a la comunidad internacional para ganar más tiempo. Tan pronto como se marchen los extranjeros, darán por roto el acuerdo e intentarán hacerse con el control del país”.

Tras la liberación de los terroristas talibanes el versículo más citado del Corán en su propaganda es aquel que se atribuye a Muhammad, cuando penetró en el templo de la Kaaba en el año 630, y en el momento en el que ya pudo imponer por la fuerza la creencia en Alá: Y dí: “Ha venido la Verdad y se ha disipado lo falso” ¡Lo falso tiene que disiparse! (Corán, 17:81). Para los occidentales, incluyendo a los servicios de inteligencia militar, este versículo parece no tener importancia, pero cualquiera que conozca los textos islámicos y sepa cómo es el terrorismo islamista sabe que “ la Verdad “ se refiere al islam y lo falso al “no islam”. Si ese mensaje aparece en un medio de comunicación yihadista debe interpretarse como un mensaje de victoria para sus seguidores. Es evidente que en este caso los talibanes son la Verdad/ islam y los EE. UU./OTAN y ejército afgano el no-islam, que deberá ser “disipado”. Los talibanes no quieren llegar a acuerdos en una negociación, porque creen en la fath, una palabra que significa a la vez conquista y victoria militar. Les da igual lo que signifique la palabra paz para la comunidad internacional, porque para ellos toda victoria ha de provenir de la jihad.

Varios altos oficiales del Pentágono que conocen bien Afganistán han advertido al Congreso de que una retirada de las tropas sin un acuerdo previo con los talibanes sería un “desastre”. Mientras tanto ellos continúan aumentando su poder en las ciudades, ya hasta en los alrededores de Kabul. Por eso la retirada total es un gran error. Los EE. UU. se retiraron de Irak, y cuando el ISIS comenzó a incrementar su poder y asesinar a los yazidíes y otras minorías tuvo que volver a intervenir. Pero en el caso de Afganistán una posible vuelta sería muchísimo más costosa, si no imposible, ante la nueva coyuntura internacional.

20 abr 2021 / 01:00
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