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Galeristas de arte de Compostela y representantes de los creadores de toda Galicia relatan la situación que atraviesan: escasos compradores, bajo impulso al talento joven y sin unas instituciones públicas que satisfagan sus demandas TEXTO Andrea Oca

Arte en precario: sin ferias, pocas ayudas y escasa puesta en valor

Caminar por las calles de Compostela y pasar por delante de las galerías de arte es sinónimo de ver poco movimiento en ellas. Este sector, en precario desde hace muchos años, ha visto cómo la pandemia le ha dado un golpe similar al del resto de la población. Sin poder viajar a ferias internacionales, prácticamente inexistentes; y sin turistas u otros compradores que puedan permitirse la adquisición de las obras, la actividad ha mermado considerablemente. Las restricciones de movilidad también dificultan la celebración de exposiciones. Y a eso hay que sumar las “pocas ayudas” que se destinan a promover la nueva creación, especialmente, la del talento joven.

Onde caer. Así se llama la exposición de Pablo Barreiro que se puede disfrutar estas semanas en la compostelana Galería Nordés. La responsable de este espacio es Chus Villar, quien además preside la asociación de galeristas de arte contemporáneo de Galicia, Contemporánea. “Nos hemos visto obligados a suspender parte de la programación o mínimo a aplazarla, al igual que la asistencia a ferias, que también se han cancelado en su mayoría y que es donde se centra una parte importante de nuestro trabajo”. En este mismo sentido, el cofundador del grupo de creadores Galeoska, Sergio Ribeiro, apunta en la misma dirección: “Este ano as vendas sufriron unha baixada considerable debido á inseguridade laboral de moitas persoas, sumado a que non se puideron desenvolver moitas actividades do sector como feiras e exposicións”. Un parecer que comparten Asunta Rodríguez, de la Galería Trinta, y Javier Blanco, de la Metro, ambas en Santiago. “Sobre todo lo que afecta es el ralentí en el sector económico. Nos nutrimos del comprador que se puede permitir gastar en una obra. Nosotros solemos trabajar con el sector privado: coleccionistas, gente que le apetece tener una obra”, detalla Daniel Pérez, de la Galería José Lorenzo, en la praza do Toural.

Además, hay que añadir la otra cara de la moneda: las vías para que los artistas, sobre todo los nuevos creadores, tengan una oportunidad para acceder al sector. “Os artistas sempre temos as cousas difíciles e nestes intres tan críticos inda máis; o que nos leva unha vez máis a indicar que da arte exclusivamente non se pode vivir”, se lamentan desde Galeoska. “Para recibir unha axuda, como un profesional calquera, tes que estar asociado ou estar cotizando autónomos con taxas moi elevadas, as maiores de Europa! O que fai totalmente inviable emprender unha actividade económica. En Francia, por exemplo, os traballadores por conta propia non están obrigados a pagar a seguridade social durante o primeiro ano, despois dese tempo pagan unha porcentaxe en función da súa actividade e facturación. En Portugal non existe cota de autónomo e págase dependendo dos ingresos. Aos artistas hai que mimalos, protexelos, e facilitar a súa incorporación ao mundo laboral”, explica Sergio Ribeiro.

Ante la pregunta de si los programas puestos en marcha por la Xunta para favorecer la compra de arte, como el de ampliación de fondos para el CGAC basado en el Xacobeo, son efectivos, desde Contemporánea consideran que no es suficiente. “Lo ideal sería que estas ayudas y convocatorias -y otras como becas o residencias para artistas- tuviesen continuidad”, explica Chus Villar. En otras palabras, los nuevos proyectos son bienvenidos pero se necesita que se mantengan en el tiempo.

La presidenta de Contemporánea considera que desde la política se da poca importancia al arte contemporáneo por ser más minoritario. Y concluye con un factor que comparten otros de los entrevistados: el educativo y el del enriquecimiento personal. “El arte enriquece el mundo y nos hace mejores, o al menos, un poco más críticos y sensibles, lo cual no es poco”, finaliza Chus Villar. En el mismo sentido, Javier Blanco, de Galería Metro, indica que se nota que el arte ha quedado relegado a un segundo plano en la enseñanza así como en la educación que se da en casa a los niños. “El arte se mama en casa, se aprende, es un valor inmaterial... Lo que tenemos es una sociedad más inculta”.

Más allá del aspecto individual, en Galeoska inciden en el papel del arte para la transformación social.

“A arte é cultura, e a cultura é o que nos fai resolver os grandes problemas da humanidade. O artista non só é un creador senón tamén activista: non só reflexa a realidade que lle toca vivir, senón que trata de cambiar aspectos como as desigualdades sociais, aspectos políticos e ambientais”, describen desde Galeoska. Este es el reflejo que realizan los protagonistas del sector, un ámbito que todavía estaba intentando recuperarse de una crisis de 2008 que lo dejó fuera del podio de las prioridades.

13 dic 2020 / 00:00
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