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El abandono del Pazo de los Irlandeses causa la caída del falso techo de Ámboa

Las filtraciones de agua son persistentes porque la cubierta del inmueble está sin arreglar // Sobre la propiedad hay abiertos varios expedientes y estaría próxima a entrar en el Registro de Solares

A pesar de la aparente buena voluntad para llevar a cabo un proyecto innovador y ambicioso en un edificio histórico de la zona vieja, el Pazo de los Irlandeses parece encaminarse al Registro de Solares del Concello de Santiago, o al menos así lo manifiesta la concejala de Urbanismo, Mercedes Rosón. Aunque los propietarios solicitan continuas licencias para obrar en el inmueble, ninguna de ellas llega a ejecutarse, ni tampoco presentan los planes técnicos para llevarlo a cabo. Por ello, ante el cansancio generalizado y el deterioro plausible, ya valoran la inclusión en esta lista negra, que puede llevar a su expropiación.

Esta declaración de intenciones por la parte municipal ya no resulta una amenaza, sino una posible realidad, puesto que la inacción está generando inconvenientes también a Ámboa, el establecimiento situado a su lado en la Rúa Nova. Así, fruto de las continuas filtraciones de agua, se produjo el desprendimiento del falso techo del comercio, obligando al cierre de la tienda.

“Ao non arranxarse a cuberta, esas filtracións baixan por todo o edificio ata afectar ao noso local. Lévanos tempo chovendo dentro, aínda que iamos solventándoo con plásticos. Porén, o outro día, da acumulación de auga caeunos o falso teito, polo que tivemos que cerrar”, explica Vicente, propietario del local.

En esta línea, apunta la edil, una de las primeras habilitaciones municipales concedidas a los dueños tenía como objetivo la reparación de la cubierta, la cual, en teoría, era la única que se había ejecutado, aunque todo apunta a que no se hizo correctamente, puesto que a la vista está que sigue entrando la lluvia.

A raíz de este último suceso, como confirma el comerciante, se abrió un informe de la Policía Local y otro del Concello que se suman a la sentencia firme que obliga a la ejecución inminente de las actuaciones, así como a los expedientes de sanción del departamento de obras y de disciplina urbanística.

Todo ello parte del objetivo de que no se deje deteriorar más esta joya arquitectónica del casco histórico compostelano, puesto que, remarca Rosón a EL CORREO GALLEGO, los titulares de la propiedad comenzaron a “solicitar as licenzas en 2017”, todavía con el gobierno anterior, “para reformar e rehabilitar o inmoble cun propósito ligado ao sector hostaleiro”, pero “non as executan”, lo que provoca el enfado institucional. “Teñen sen arranxar a cuberta, a fachada e o escudo, e falta tamén o proxecto técnico para facelo”, detalla.

Precisamente había sido la caída de la corona del edificio, hace justamente un año, el hecho que puso en alerta a todos por el estado de este inmueble. Desde entonces, se intensificó la presión sobre los responsables, pero ni por esas hubo cambio alguno. De hecho, en marzo de este 2022 pidieron una prórroga, concedida, para ejecutar los trabajos, puesto que la anterior autorización estaba próxima a caducar, pero pese a esa buena intención, no se realizó nada.

UN RESTAURANTE, EL PROYECTO PREVISTO. En este gran y desconocido edificio, que fue centro educativo de los Jesuitas en el siglo XVII, sede de la Cámara de Comercio y del Colegio de Doctores y Licenciados y hasta plató de la película Trece badaladas, existe un proyecto en marcha, desde principios de 2020, para la apertura de un restaurante, que aportaría vitalidad a la estructura, puesto que afectaba a la planta baja y el jardín.

A pesar de que tiene luz verde para su ejecución, puesto que se trataba de un proyecto de interés, con diferentes espacios y ambientes, para relanzar esta histórica construcción, siempre preservando sus elementos arquitectónicos, todo quedó parado, aparentemente, como se apuntó en su día en estas mismas páginas, por el cambio de parecer de uno de los herederos de la propiedad, que pertenece a la familia de los Harguindey, que en el pasado fueron los curtidores más importantes de la ciudad.

“Tengo mucho dinero y tiempo invertido y es un proyecto muy bonito para la ciudad, pero me encuentro con esta situación surrealista (en relación a la paralización de las obras), más aún cuando hay un contrato firmado y papeles de por medio”, expresaba, indignado, hace un año Ángel Asorey, reconocido hostelero pontevedrés encargado de la apertura del inmueble, en conversación con este periódico.

En todo caso, de no materializarse esta operación, y si no realizan las tareas de rehabilitación demandadas, antes o después, los dueños podrían quedarse sin su histórico edificio por inacción.

27 oct 2022 / 01:00
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