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ENTREVISTA
Rosa María Fernández Doctora en Musicología

“El objetivo del curso es compartir la belleza de la ópera contemporánea”

La investigadora Rosa Mª Fernández aborda en el CGAC un curso en cuatro sesiones enfocado a la ópera contemporánea. Bajo el título Ceci n’est pas un opéra, comenzó ayer y tendrá continuidad hoy y los días 30 de noviembre y 1 de diciembre. Doctora en Musicología por la Universidad Autónoma de Barcelona y académica por Santiago de la Real Academia Catalana de Bellas Artes, ha realizado estancias de investigación en el IreMus de la Facultad de Musicología de la Sorbona y en la Universidad de Milán. Ha escrito numerosos artículos y libros sobre música contemporánea y comisariado varias exposiciones, como ARGOT Laberinto fluído en el CGAC, premiada por el Instituto Cervantes. Además, en el ámbito de la inteligencia y la seguridad, forma parte del Centro de Estudios para la Seguridad y la Defensa (Ceseg) de la USC y del Grupo Académico de Investigación de Crisis Internacionales del Cisde. Considera esta última faceta muy importante en su labor musicológica, ya que ha tratado de llevar los procedimientos propios del análisis de inteligencia a las nuevas categorías de la música contemporánea.

¿Cuál es el objetivo de este curso?

El planteamiento es iniciar el camino desde 0. El objetivo es acompañar a los asistentes a adentrarse en este fascinante mundo donde todas las artes se dan cita, ayudarles a encontrar algunas pautas de escucha, mostrarles el trabajo conjunto de escenógrafos y compositores. Porque esto no es una conferencia, no es un mensaje cerrado y hablado desde una visión científica de la ópera, en la que necesariamente habría que citar a Adorno, Baudrillard, Castro Flórez o Deleuze, entre otros, sino que se plantea como algo mucho más directo, como un diálogo abierto entre las dudas y los interrogantes que tenga un oyente nuevo que se confronta con un lenguaje tan distinto, y al mismo tiempo tan envolvente, directo y maravilloso como el operístico de los siglos XX y XXI.

Uno de los elementos se dedicará al análisis de los tipos de voz que se exige en la ópera contemporánea. ¿Quizás el origen podamos encontrarlo en Wagner o en la Segunda Escuela Vienesa?

Sí, por supuesto. Aunque a mi más que la palabra análisis, que me encanta, de hecho algunos de mis libros y mi tesis son en gran medida de análisis, preferiría decir que yo voy a hacer comentarios sobre esas vocalidades. En todo momento lo confrontaré con la referencia general que todos tenemos de la ópera –decimonónica, sobre todo– y esto lo pongo en relación también con el hecho de que si las personas inscritas en el curso además no conocen mucho de ópera en general, mi labor sería también dar esos puntos de referencia comparada, esas pautas de escucha de la ópera “convencional” para que aprecien el grado de evolución que aportan las creaciones contemporáneas al discurso vocal y escénico.

¿Los principios estéticos dentro de un período que se presenta más amplio de lo imaginable serán determinantes para situar a los participantes en el curso?

Este tema del marco estético es fascinante, o por lo menos, yo lo considero así. Pero un curso de iniciación no creo que deba pivotar enérgicamente sobre esto. Yo no me planteo el curso para exponer militantemente mi concepción del arte actual, porque lo que me planteo es otra cosa, es abrir las mágicas ventanas de Keats y que después cada uno las oriente y se oriente según sus propios criterios estéticos. Para esto, en el curso se concitarán obras de estéticas muy dispares, desde las que podríamos considerar siguiendo a Adorno como propias del arsenal burgués hasta las que no conceden respiro ni aliento, las que interpelan directamente a la polis.

Para facilitar esta actividad tan renovadora, contará con soportes de complemento audiovisual. ¿Cómo lo tiene planteado?

Por supuesto, habrá vídeos, porque la ópera, no es un recital en concierto y mucho menos una experiencia teórica, es dramaturgia, es movimiento, es voz, es iluminación... Para mí es una mezcla de lo que plantea Hegel para la filosofía, “el tiempo atrapado por el pensamiento”, y la poesía de Juan Ramón Jiménez cuando habla de Moguer, “la luz con el tiempo dentro”. La ópera no se concibe como tal sin las escenografías, la iluminación –los nuevos “tiranos” escénicos, como Bob Wilson, si se me permite la boutade–, los régisseurs, las voces, la orquesta... Así que habrá mucho vídeo.

También es importante la actitud coparticipativa de los alumnos.

La intención de partida es la misma que en mis clases diarias: abrir los oídos y la mente al placer del arte actual, al encuentro feliz con lo desconocido, a compartir con ellos la belleza de esta música, y ayudar a que se desvele ese aura de problematicidad, de asemanticidad que trae tristemente asociada consigo la idea de música contemporánea.

De las óperas elegidas, ¿dará prioridad a producciones y compositores concretos?

Está claro que poco tiene que ver el Moses und Aron de Schoenberg de la polémica dirección escénica de Romeo Castellucci, y para mi bellísima, con la escenificada por Barrie Kosky. Lo mismo podemos decir de El Gran Macabro de Ligeti, por el que transitaremos desde la icónica e irreverente versión de la Fura dels Baus y la compararemos con otras dos, o la surrealista y prodigiosa versión que William Kentridge hizo para la MET de Nueva York de La nariz de Shostakóvich.

24 nov 2020 / 00:00
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