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Epidemia de Cólera en la ciudad de Santiago y Galicia en 1865-66

Introducción

Por una serie de documentos conservados en los “Archivos Municipal y Catedralicio”, de Santiago supimos de una epidemia de “Cólera Morbo Asiático” que, desde fines del año 1865 a principios de 1866, “atacó” la ciudad de Santiago y otras poblaciones del Reino.

Fue la tercera, de esa clase, que acaecía en el siglo XIX, pues la primera que conocemos data de 1831, de la que se conserva poca información: algunas circulares impresas por la “Junta Superior de Sanidad del Reino”, advirtiendo de la inminencia de la epidemia; “Bandos” , también impresos ilustrando sobre lo mismo, de la Junta de Policía Urbana; algunas “Rogativas “ a San Roque, “novenas” al Santísimo Sacramento, procesiones, etc. e instrucciones a las Boticas sobre que clases de medicamentos deben acopiarse para responder a las muchas necesidades de los contagiados, etc.

La segunda estalló entre 1853-55 propagándose desde la provincia de Pontevedra al resto de Galicia y que contagiaron, sucesivamente, dos barcos de guerra españoles anclados, haciendo “cuarentena”, en el “lazareto” de la isla de San Simón (Ría de Vigo). Consta que del primero de tales barcos, llamado “Isabel la Católica”, desembarcaron tres marineros enfermos de aquella dolencia y del segundo, una fragata, derivaron también contagios.

En los tres años que duró esta epidemia afectó a toda Galicia con intensidad variable que, en algunas zonas, se manifestó en tres oleadas una en otoño de 1854 y las otras dos en abril y agosto de 1855, alcanzando una mortalidad terrible en la ciudad de A Coruña, donde entre los meses de septiembre-octubre de 1854 fallecieron 1.215 personas

Episodio de 1865

El Subgobernador de Galicia informó a la Corporación Municipal de Santiago, “por noticias procedentes de la Corte, que en aquella capital y otras ciudades importantes del Reino se había desarrollado una epidemia de Cólera Morbo Asiático”, lo que notificaba para que dicho Municipio y el Cabildo de la Catedral, adoptaran las medidas necesarias a efecto de evitar la invasión tanto de la ciudad como de Galicia, lo que ambas instituciones ejecutaron de inmediato y conjuntamente, aprobando la adopción de las siguientes tres clases de medidas:

Que las “Juntas Municipales de Beneficencia y Sanidad” actuasen como una “Comisión Permanente de Salubridad Pública”, para conseguir así los mejores logros operativos en las medidas que hubieran de adoptarse.

Establecer, sin pérdida de tiempo, “hospitales” específicos para acoger a los afectados por la epidemia, con el número de camas necesario según las circunstancias. El primero de dichos hospitales sería el de “San Roque”, que venía funcionando desde 1577 como centro específico para el tratamiento de la sífilis.

Luego, a solicitud municipal, se recababa la colaboración del “estamento eclesiástico”, Sr. Cardenal-Arzobispo Dr. García Cuesta y Cabildo de la Santa Iglesia Apostólica de Santiago que aportarían tres edificios de su propiedad y competencia: la “Casa de la Compañía de Jesús” en ese momento desocupada por la expulsión de sus propietarios los sacerdotes jesuitas, decretada por el Rey Carlos III en 1767, sita en la Plaza de Mazarelos, en la que programaron instalar treinta camas; el “Seminario Conciliar”, entonces radicado en el edificio que fue del “Colegio Mayor” fundado, a principios del siglo XVII por el Arzobispo D. Juan de Sanclemente y, por último, el “Hospital de Carretas” que era un asilo para ancianos e inválidos.

En un documento del 30 de octubre el ya citado Cardenal García Cuesta ofreció al Ayuntamiento, por si fuese necesario instalar también camas en los salones del Palacio Arzobispal. Unos años antes, durante la “hambruna” que asoló Galicia en 1853 el mismo prelado, vendió su propio “coche de caballos” para socorrer a los miles de hambrientos que pedían limosna alimenticia por la ciudad.

Causas y síntomas

El cólera es una enfermedad infecciosa causada por el “bacilo vírgula”, pre-descubierto por el italiano Filippo Pacini a mediados del siglo XIX y re-descubierto por el microbiólogo alemán Robert Koch en 1883.

Infecta el cuerpo por la ingestión de agua y alimentos contaminados, fundamentalmente, por excrementos de enfermos o de portadores e incluso por el contacto de moscas. Tras un periodo de incubación de más/menos seis días produce un cuadro de “enteritis” sobre todo en el íleon, que se manifiesta con dolores abdominales, naúseas, vómitos y diarrea, esta última con heces muy líquidas, de color variable desde blanquecino (aspecto de “agua de arroz”) a pardo-grisáceo.

Tales manifestaciones causan grave deshidratación del cuerpo, reconocible en síntomas tales como piel seca, ojos y mejillas hundidos y micciones escasas. Sin el tratamiento adecuado un 50% de los afectados pueden morir por colapso circulatorio y uremia.

Tratamiento médico

En la epidemia de 1865, que analizamos, no conociéndose todavía el microorganismo causal, el tratamiento era meramente sintomático: asilamiento de los afectados en los hospitales y hospitalillos habilitados a tal efecto, administrándoles fármacos para reducir las diarreas y vómitos (opio, quinina, jarabe de marmelo, etc.) y haciéndoles beber mucha agua a la que añadían un poco de sal ya que entonces todavía no se usaba el “suero fisiológico”. Una cosa curiosa: los médicos de aquella época no consideraban necesario hervir el agua de bebida lo que no la desinfectaban, caso de que estuviera contaminada por el bacilo!!!.

Importa añadir que el Excmo. Ayuntamiento de Santiago acordó financiar, durante toda la epidemia, los costos de ropas y otros bastimentos utilizados en los centros de atención habilitados a ese efecto: San Roque, Compañía, Seminario y Carretas, sin duda muy usados y desgastados por la cantidad de residuos orgánicos que generaba la enfermedad y que había que limpiar continuamente.

Tal era así que en oficio del “Cabildo”, fechado el 20 de octubre de 1865, uno de sus miembros más importantes, el “Chantre”, advierte a la “Junta Municipal de Sanidad y Beneficencia” que era necesaria tal reposición en general pero muy particularmente en el “Hospital de San Roque” cuya función ordinaria era, como ya se dijo, el tratamiento de la “sífilis” para lo que se usaban pomadas de mercurio aplicadas a la mayor parte del cuerpo del enfermo, muy manchadizas, lo que obligaba a limpiezas continuas e intensas, tanto de las ropas, sábanas, mantas, etc. como de las instalaciones.

Rogativas

Por todo lo antedicho era necesario complementar ese tratamiento médico muy poco eficaz con el “religioso”, en varias de sus formas. Así en un documento del 16 de octubre de 1865 el Deán de la Catedral propuso a la consideración del Cabildo, quien la aprobó, la recomendación de hacer una “Novena al Santo Apóstol” pidiéndole que libre del referido mal a la ciudad y a toda la Península, texto que eleva la epidemia a un rango superior al puramente local o de Galicia. Además de dicha novena habría una “Procesión” que saldría de la Catedral el siguiente día 17 portando una “reliquia del Santo Apóstol” por las calles y el siguiente día 18, “después de nona, a las 10 horas, habrá en la Basílica misa solemne y las preces de costumbre, acto que estará presidido por el Arzobispo y Cabildo y contará con la presencia invitada de la autoridades civiles, militares y de los Padres Franciscanos que, durante los días de la novena, cantarán en el Altar Mayor de la Catedral, misas solemnes oficiadas en un altar portátil...·.

La “Cofradía del Rosario”, que tenía su sede en la capilla de ese nombre, sita en el Monasterio de Santo Domingo de Bonaval, ofreció también otra novena y procesión en los patios del referido monasterio.

fin de la epidemia

Sabemos que llegó a tener focos en numerosas zonas de la península ibérica, que no fue de una extrema virulencia y que se consideró extinguida en enero de 1866 a tenor de lo que indica un documento fechado el 29 de enero de 1866 en el cual S.E.R. el Cardenal-Arzobispo D. Miguel García Cuesta, mandó que se suspendieran las preces y oraciones “pro vitanda mortalitate” lo que indica que al menos en Santiago y Galicia se había acabado. Con este dato y teniendo en cuenta que comenzó el 18 de octubre del año anterior podemos afirmar, con certeza razonable que entre nosotros tuvo una duración de 104 días.

25 ene 2021 / 00:00
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